Andando en la periferia de tu propia vida

Acumulamos tanto estrés en nuestro cuerpo y nuestra mente se altera con tanta facilidad que si no nos paramos, cada día, a relajar nuestra mente y destensar nuestro cuerpo, llegará un momento en que no seremos dueños de nosotros mismos y enfermaremos.

A esta desgracia le podemos añadir otra; la gente de nuestro alrededor -nuestros hijos sobre todo, de los que somos ejemplo de actuación- que respiran esta forma de ser y estar;  alterada y sin armonía.

En un tratamiento de Reiki se puede percibir cuando la persona está  viviendo en la periferia de su vida. Está descentrado. Anda por los bordes, de forma superficial, por miedo e inseguridad. ¿Qué consecuencias puede tener  esa actitud ante la vida?  Para empezar, la infelicidad, la insatisfacción consigo mismo, porque la persona sabe en el fondo de su ser que no está dando lo mejor de sí misma. No es feliz.

Son el  cúmulo de todas esas energías negativas;  sentimientos, emociones y pensamientos, que nos bloquean para fluir libremente hacia el Centro de nuestro ser, las que tenemos que localizar primero y luego deshacernos de ellas, si realmente queremos  lograr cambios en nuestra vida que nos encaminen hacia la felicidad en nosotros mismos.

Así que, permite que todo tu cuerpo se relaje. Crea el hábito de dedicarte quince minutos a media hora para tí mismo, cada día. Y ve entonces a tu interior para liberar toda la tensión del día y conseguir que la mente entre en el Silencio reparador por unos instantes.

La mejor forma de conseguir relajarte es a través de la respiración consciente. En los primeros minutos, sentado cómodamente pero con la columna vertebral recta, focalízate en la respiración rítmica: tomas aire suave y profundamente, retienes unos segundos para que todo el prana se expanda por todo el cuerpo, expulsas el aire con la intensión de sacar fuera todas las tensiones y preocupaciones y te quedas en el vacío unos segundos más concentrada en tu Centro Hara donde el ombligo. Y vuelves a empezar. Después de varias veces de esta respiración consciente ya te abandonas y simplemente permaneces volcada en tu interior, conectada a tu Centro. Haciendo esto, tu mente pasará a un segundo plano y será aquietando.

Y ahora,  déjate llevar. Sé sólo un testigo de tu mente -tú no eres tu mente. Tienes una mente- y de tu cuerpo -tú no eres tu cuerpo. Tienes un cuerpo-.  Obsérvalos desde tu Centro con desapego.

 

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