«La salida es hacia adentro», escribió Jacobo Grinberg. Cuando nos movemos a nuestro interior, instintivamente nos vamos deshaciendo de viejas emociones enquistadas, rencores, resentimientos, rabia acumulada… limpieza necesaria para poder ver nuestra esencia y para poder reconocernos y sentir el AMOR que emana de nuestro corazón.
Este acto de introspección y purificación hacia nosotros mismos es sumamente auto-compasivo que nos permite recuperar nuestra dignidad, valor y autoestima.
El Amor no se puede exigir, no se puede imponer o controlar, no se debe manipular, no es posible crearlo según el deseo de otro o bajo presión . El verdadero Amor no es posesivo ni tiene intereses personales. El Amor verdadero sólo pretende complacer, DAR, compartir. Y el verdadero AMOR comienza por uno mismo.
El Amor se construye desde el respeto. El Amor es fructífero cuando tiene espacio para crecer. El Amor siempre es positivo y hace elevar los valores en uno mismo y en los demás. El Amor tiene la más alta vibración y frecuencia, creando LUZ propia.
Confundimos la esencia natural de nuestro Ser, que es el Amor puro, con el sentimiento del cuerpo físico y mental, que es terrenal y que busca ser atendido, correspondido, complacido, entendido y valorado, desde el cálculo del debe/haber, que moviliza el Yo-Ego… y estos sentimientos son el reflejo de quien no se ama a sí mismo… si llamas amor a lo que te crea infelicidad y sufrimiento, que sepas que eso no es AMOR.
Abrázate. Ve a tu interior y reconócete como un Ser digno y valeroso. Y ahora sí puedes salir y atraer al AMOR de verdad.
