Anécdotas del astral

montanas-preciosasEn mi mundo astral, mi casa es enteramente de cristal y madera clara. Bajo unos escalones para salir al exterior. Fuera hay un prado enorme de hierba fresca que cubre todas las lomas que hacen pendiente y se pierden en el horizonte. Hay vacas, ovejas y caballos pastando libremente.

Yo me dejo caer y rodar, disfrutando del contacto con la hierba. Y bajo y bajo hasta un pequeño pueblo encajado entre montañas muy apretadas a lo hondo. Por ahí pasa un río que cruzo y sin parar de caminar, empiezo entonces a subir por la ladera de la montaña, por un sendero estrecho al lado de un precipicio.

Subo apoyada en mi bastón,  (me veo a mi misma desde arriba) y cuando llego a la cima está allí mi maestro,como cada tarde,  esperándome bajo un árbol. Nos saludamos y le digo que deseo sentir la cercanía de la Presencia Divina. Y él me dice dos cosas importantes:

– Primero, cuando dejes de juzgar, sentirás compasión por todos. Es entonces cuando estarás preparada verdaderamente para alcanzar ese estado de pureza.  Estar al servicio de los demás es mucho más que un deseo. Irradiarás la Presencia Divina y ella te guiará

Me puso el ejemplo de cómo actuamos cuando nos cubre la niebla. Empezó en ese momento a cubrirnos una niebla espesa y me dijo:

– A la niebla no hay que hacerle caso; no se puede luchar contra ella. Sólo esperar y dejar que pase y cuando pasa,  podemos nuevamente ver con claridad; comprobamos que todo sigue igual que antes.

La niebla comenzó a disiparse y entonces continuó: El segundo consejo sería que sólo tienes que dejar que las cosas ocurran; serenamente, desde la confianza absoluta, sabiendo lo que hay, aunque en esos momentos no seas capaz de ver. Confía, en que todo lo que tenga que llegar a ti, el Universo lo pondrá a tu alcance… sólo tienes que estar despierta.

 

 

 

Muchas técnicas y poca práctica.

yoga-centro-ombligoLas personas que no tienen claridad y determinación sobre lo que quieren, malgastan su energía en probar diferentes técnicas y ninguna les satisface o les parece adecuada porque no profundizan en ninguna.

Cuando tomé la mano del maestro Swami Purohit para mostrarle mi lealtad, de esto hace ya muchos años, él me dijo algo que entonces no entendí “sigue sólo un sistema” y al yo mirarlo con sorpresa añadió “al menos no los mezcles”.

Yo era maestra de Reiki; impartía cursos y tenía también un consultorio. Para mí Reiki era muy importante  y tenía la certeza de que era una Puerta para alcanzar el equilibrio emocional, que es por donde se empieza a recuperar la salud.

Debido a mis experiencias a través del Reiki, yo podía entenderle cuando hablaba sobre el cuerpo energético y todo lo que se refiría a las distintas energías y cómo purificarlas… era algo familiar para mí. Pero, tal como él me había indicado, respeté sus enseñanzas sobre la ciencia del Yoga diferenciándola perfectamente del Reiki.

Gracias a su guía, hoy me beneficio de una práctica regular que me ha llevado a acrecentar mi espiritualidad y paz interior. Entendiendo que los diferentes sistemas  que tienen una misma finalidad, -como es el  desarrollo de la Conciencia-, llega un momento álgido, en el que se entrelazan para alcanzar la Verdad única.

Lo que me aconsejó mi maestro  es clave para lograr el éxito;   uno debe elegir un sólo camino para poder atenderlo con dedicación y enteramente. Porque los principios son duros en toda disciplina; la mente intentará sabotear cualquier iniciativa de cambios.

Tenemos que tener claro qué queremos, qué necesitamos para conseguirlo, elegir lo que más nos atraiga e ir con determinación a por ello.

Por experiencia sé que no es fácil entender y seguir a un maestro enteramente pues la mente pone mil trabas y resistencias antes de confiar ENTERAMENTE en lo que él representa: la excelencia, la sabiduría … y todos los valores de forma pura, sin tacha.

Reconocer nuestra ignorancia, aceptar nuestra necesidad de guía y humildemente ponernos en manos de un maestro es algo que en occidente cuesta mucho de hacer.

 

 

Tabla de equilibrio emocional

hombre namaste

Existen emociones que nos contaminan, enturbiando nuestra mente y corazón.

Pensamientos y sentimientos que no nos dejan pensar y actuar con claridad.

¿Cómo deshacernos de ellos?

1.- Relativiza la situación. Respira hondo y céntrate en lo que es importante. Enumera y siente la parte buena.

2.- Date tiempo a calmar los ánimos. Ve a dar un paseo. Bebe un vaso de agua lentamente.

3.- Sé el Observador de la situación de forma neutra. No dejes que el enfado de domine.

4.- Todo tiene solución, busca -no desde el orgullo herido- sino desde el corazón.

5.- Acepta lo que no puedes cambiar. Pon el Amor por delante.

6.- Crea un compromiso sincero contigo mismo para ser más paciente y mejorar tu parte.

7.- Mírate  en el otro como si fuese  tu espejo. Acéptalo como  tu maestro.

… recuerda, hemos venido a ser felices y a dar lo mejor de nosotros mismos.

 

Viaje astral

universo lucesEn las prácticas que hacíamos los estudiantes de Terapia Regresiva, un día me tocó hacer de paciente  con Montse la psicóloga. La primera imagen que me viene es que estoy en un túnel donde no veo luz al final, sólo vislumbro unos cables en el techo. En el túnel yo no piso el suelo, gravito, aunque siempre en posición vertical. Yo llevo una falda roja de un material brillante  plastificado y una blusa azul del mismo material.. Montse me dice que salga del túnel y yo me encuentro con sorpresa en un sitio muy extraño. Todo es de color beige. A mi izquierda dos túneles, construidos uno al lado del otro de un material parecido al barro. Yo estoy a la derecha en un espacio de piedras. Todo tiene el mismo color ocre. Más adelante hay dos chimeneas inmensas. Yo sencillamente estoy ahí parada observando en medio de ese escenario.  Montse me dice que vaya hacia adelante. Me doy cuenta de que me encuentro en otro planeta. Es de noche. La luz es fría, de una luna. Instalaciones  de una nave de hierro muy grande . Es una Base. Montse me pide camine hacia la nave (como de un polígono) y ahí me entra algo de aprensión pues intuyo de que es un sitio que “ha sido abandonado”. ¡Allí no hay nadie! En un momento he sentido SOLEDAD. Montse me dice que vaya a otro momento… Estoy viajando en el espacio a gran velocidad. El universo es maravilloso  e indescriptible,  lleno de luces y colores. Me pregunta si voy en una nave espacial. No. Es mi mente o mejor dicho, es mi Conciencia la que viaja. Otro momento: Veo delante de mí “una grieta”. Es algo inmenso negro y verde  brillante. Soy atraída hacia ella y me absorbe. En otro momento, una bola de energía viene hacia mí e igualmente me absorbe. En ninguno de esos dos momentos poseo un “yo”, simplemente soy absorbida sin sentir nada más que ser  parte de todo el universo. Sin sentir nada, ninguna emoción, nada. Cuando Montse me dice que vaya a otro momento, paso abruptamente a algo que primero veo verde pero que luego aprecio desde fuera como algo inmenso  amarillo y verde… ¿un tubo?… soy sustancia en él. Cuando Montse me pregunta qué mensaje he sacado de toda esta experiencia yo digo con un gran convencimiento en mí corazón: “yo soy del futuro”, “aquí estoy de paso”. He visto y viajado por el Universo. Formado parte de él. Transformándome. Visitando otros lugares intergalácticos… vacíos. .. Volví a casa ya de noche. Me acabo de despertar. Hasta la 1:30h no he podido dormir. Estaba excitada. No he hecho caso a las cosas que me venían a la mente pues la fantasía puede jugarte malas pasadas. Pedí con fervor tener un encuentro con mi Maestro y me vino la frase “el maestro eres tú”. Así que lo dejé pues temí que la fantasía me desbordase … Una cosa es segura: no puedo ser la misma después de esta experiencia

La práctica espiritual

hombre joven meditando¿Qué interés nos lleva a seguir a un maestro espiritual?
El conocimiento que imparte un maestro queda en la superficie -como información- a menos que se practique, se experimente, se asimile y se integre lo que él nos enseña. Al tener unas dimensiones mucho más profundas de lo que en principio podemos llegar a pensar, debemos dejar a un lado la mente que siempre se resistirá al cambio.
Se actúa  solo a nivel mental mientras se cuestiona y se juzga al maestro…

Encontrar el equilibrio entre la entrega  al maestro y el desapego, requiere del ejercicio de estar centrado en el corazón. Mientras desarrollamos nuestra Conciencia fortalecemos la seguridad en nosotros mismos, ganamos en intuición y desde nuestro corazón comienza a vislumbrarse la Verdad y la certeza de ser.

¿Desde qué parte de nuestro Ser buscamos el conocimiento?

La Mente calcula los beneficios que puede obtener. Inclusive se llena de ansiedad y se puede obsesionar o impacientarse  por no progresar en la meditación…  la Mente puede jugarnos malas pasadas y obstaculizar el proceso de transformación y auto-realización si estamos llenos de expectativas.

¿Es sólo interés superficial o real anhelo el que nos lleva a seguir unas prácticas espirituales?

El maestro nos enseñará a conectar Mente-Corazón. A través de la Respiración consciente aquietaremos los pensamientos y aprenderemos a controlar los sentidos. Se irán deshaciendo las resistencias. Despertará nuestro anhelo por el Saber que comienza a fluir en nosotros.

El SABER desarrolla el conocimiento interior de forma directa -la inteligencia intuitiva-. Nace ahora el Amor Puro; la Compasión. La inclinación espiritual y el recogimiento se convierten en actitudes  naturales.

La Conciencia posee muchos niveles hasta la infinitud: es Luz. Mientras avanzamos en el Saber -descubriendo todo nuestro potencial-, la Conciencia se hace más luminosa, más sutil y es ella la que nos impulsa y la que eleva nuestra condición de seres humanos y divinos.

Haciendo camino. Aitana

caminoTenía 34 años, me sentía llena de energía, en los mejores años de mi vida.  Estaba viviendo en un piso de un pueblecito de Valencia, trabajando bajo estrés como directora comercial, con la responsabilidad de criar y educar a mis hijos que eran la razón de vivir. Pero no estaba contenta. No conseguía entender  la vida y cómo debía vivirla para sentirme satisfecha y en paz.  Lo que tenía claro era que como lo estaba haciendo NO me satisfacía.

Un día me pidió una pareja amiga que les llevase en el coche a la Sierra de Aitana en Alicante, donde vivía una familia muy querida para ellos. Me contaron que esta familia, lo habían dejado todo; su buena posición económica y social, por seguir sus creencias espirituales. Y para allá que nos fuimos.

No sé cómo sucedió, ya que ni siquiera había introducido la idea previamente en mi cerebro para procesar la posibilidad, pero… el caso es que una vez allí,  después de un par de horas de estar charlando amigablemente y oírles decir que a ellos no les importaría compartir la casa -que era muy grande- con otra familia, les pedí que me aceptasen vivir con ellos.

Se quedaron de una pieza. Me miraron boquiabiertos. No podían articular palabra y así estuvieron un buen rato: mirándome sorprendidos. Después me dijeron que lo tenían que pensar detenidamente. Que, claro, ellos habían pensado en una pareja que pudiese colaborar en los trabajos de la casa y el campo. Una familia con no tantos hijos, pues ellos ya tenían cuatro. Pero que lo pensarían.

Y sí, unos días después me contestaron que por muy loca que era la propuesta, ellos aceptaban que fuese a vivir con mis hijos a su casa. El caserón estaba en lo alto de una montaña y desde allí, como si de un palco privilegiado se tratase, teníamos una vista inmensa hasta el horizonte.

Fue la época más feliz de mi vida. Formábamos una gran familia. No hubo nunca una discusión entre nosotros. Todo asunto que tuviese que ver con el dinero lo manejaban ellos, aunque se tratase de comprar la ropa que hiciese falta para mis hijos. Lo poco que yo tenía se lo entregaba a ellos. Y así era feliz. Nos repartíamos todos los trabajos de la casa y el campo. Hacíamos el pan, mermeladas, recolectábamos la manzana y la almendra, cuidábamos de la huerta… hacer todo eso me gustaba muchísimo, pero sobretodo, me llenaba el paisaje. Nunca me sentí sola y mis hijos también eran felices.

Julio y Elma seguían las enseñanzas de un maestro de Indonesia. Hacían un ejercicio muy sencillo varias veces por semana de “conexión” con las fuerzas celestiales o con el Ser Supremo, como cada uno quiera llamarlo. La cosa era muy libre y no requería hacer ningún juramento o comprometerse a nada así que cuando Julio me preguntó si me quería unir con ellos a hacer el Látija le dije que si,  por curiosidad más que nada.

No había un lugar preestablecido, a veces nos íbamos a la era, debajo de las estrellas o también en el mirador que estaba más recogido y había unos asientos de piedra o dentro de la casa si hacía mal tiempo y los niños ya estaban acostados, daba igual el lugar. No había ceremonias ni rituales ni nadie dirigía ninguna oración colectiva, simplemente  cada cual vaciaba su mente y pedía a Dios sentir Su presencia. A partir de ahí cada uno integraba en sí mismo su propia vivencia.

La experiencia más fuerte que yo tuve es muy difícil de ponerle palabras sin empobrecerla. En mi interior, desde cada célula de mi cuerpo, siempre vibraba un mensaje:  “ten confianza”  que se grababa en mi corazón.

Mi maestro Swamiji Purohit

DSC01715Este escrito es de finales de noviembre de 2012.  “Daba por hecho que ya lo había dicho todo y que nada más interesante por contar y compartir pasaría en mi vida. Pero para mi gran sorpresa no ha sido así. Doy gracias a Dios por el maravilloso regalo que ha puesto en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro y guía espiritual.

Creemos manejar enteramente nuestra vida, sin embargo, el Destino introduce de improviso personajes o situaciones totalmente inesperadas que hacen cambiar tu vida. Y así sucedió conmigo.

Justamente a finales de noviembre de 2007,  pensando que ya nada más destacado iba a suceder en mi vida, apareció casualmente quien es mi maestro espiritual desde entonces.

Visité en aquel tiempo a una amiga que me habló de él. Me dijo acababa  de llegar a Granada un maestro hindú y que iba a dar una charla esa tarde sobre yoga y meditación. Ella no podía ir pero me animó a que yo fuese, poniendo miel en mi boca al decirme que también leía las manos y ese es un tema que a mí me fascina. Así que fui.

Estábamos muy pocas personas en una sala pequeña de  yoga en el centro de Granada. Él,  pequeño de estatura y muy delgado, de mediana edad. Hablaba en inglés y tenía una traductora inglesa que yo ya conocía. Su charla  me pareció “normal”. Pero al final de ella dijo que nos iba a transmitir energía y haríamos una meditación.

Pronunció la palabra en sanscrito “diksha” que quiere decir “iniciación”. Sentí curiosidad pues yo, no hacía mucho, había participado en dos cursos de “Diksha”, donde había pagado bastante dinero por recibir una transmisión de energía que prometía llevarnos a dimensiones superiores (y así fue).

En esta transmisión de energía de Swamiji pude reconocerle como ser de Luz  y su energía me envolvió de manera muy especial. Al acabar, sin pensarlo, le pedí fuese mi maestro.

Desde esa fecha hasta hoy mismo sigo sus instrucciones en las prácticas espirituales que imparte en cursos de más de cien personas en distintas ciudades de España.

No ha sido una travesía fácil. He sido testigo de sus comienzos, de cómo tuvo que ir adaptando el lenguaje y las formas a nuestra mentalidad y también de su paciencia para con nosotros para bajar a nuestro nivel de comprensión y entendimiento en materias profundas como la espiritualidad, guiándonos continuamente y haciéndonos ver que la mayor lucha y desafío es con nuestro propio ego y mente.

Nos costó entenderle hasta que nos llevó a escucharlo desde el corazón y no desde la mente… sin cuestionarlo todo, siendo testigos de nuestras propias resistencias al cambio y aprendiendo a flexibilizar nuestros patrones y puntos de mira tan limitados.

Pronto se organizaron unos retiros espirituales de tres días donde venían entre treinta y cincuenta personas. Yo me ofrecí como cocinera. Todo un disfrute.

Más o menos a los dos años de estar con él y Sara viviendo en Barcelona, la avisé de que Swamiji daba un curso allí y le animé a que fuese a verle. Sabía le iba a gustar. Nada más verse se reconocieron… ahora, ella ya lleva dos años como su traductora y le acompaña a todos sitios; está totalmente dedicada a él. Y yo me alegro infinito porque es lo mejor que le haya podido pasar en la vida.

Todos estos años con él han sido maravillosos, haciendo un trabajo interior arduo pero que está dando frutos desde sus inicios. ¡Hay tanto por trabajarse a uno mismo!

Antes de conocerle, ya sabéis,  creía que ya tenía suficiente o que ya era suficientemente buena. Si miro hacia atrás me doy cuenta y soy enteramente consciente de todo lo que he tenido que deshacer y reconstruir y de todo lo que me falta todavía por lograr.

Una vez, esperando sorprender al maestro con un secreto mío, le dije “yo soy azul”. Él me miró a los ojos y para mi sorpresa, respondió “yo también”.  Mucho más tarde me enteré de que Krishna, por ejemplo, lo pintan azul…

Me siento agradecida.

Que haya armonía entre pensamiento y emoción, que haya sintonía entre las sensaciones y el cuerpo físico, que haya entendimiento entre el corazón y la mente, que haya sincronicidad entre la individualidad y el Todo, que haya un eterno Presente lleno de Amor Incondicional…