¿Quién eres tú?

No te olvides de ti mismo.

Te pregunto. Porque andas indagando allá afuera, siempre pensando en la próxima pregunta, pero esa necesidad de preguntar que tienes nunca se llega a satisfacer porque ni siquiera sabes quién eres tu mismo así que, todas las respuestas que te llegan sobre esto y aquello caen en saco roto.

¿Queda tu hambre satisfecha con sólo ver comer a los demás o con sólo leer el menú…?

Haz que tu mente vaya al interior. Céntrate en ti mismo desde la respiración consciente. No sirve de nada que la mente vague errante y no consigas pararte sobre ti mismo para preguntarte quién eres, qué quieres hacer contigo … si ya tienes o qué te falta para sentirte bien contigo mismo.

Enfoca la curiosidad de saber en ti mismo.

“Para un Alma eterna cada piedra sirve para construir un altar”

Perdonar

El puente que nos lleva de la Mente al Corazón es el Perdón.

Nos aferramos a emociones no resueltas, que nos hicieron daño. Muchas veces esas situaciones pasadas crean sentimientos de culpa, odio, deseos de venganza o rabia y cargamos con ello toda la vida, limitando nuestra capacidad de ser felices.

Perpetuar el daño, al no sentirse uno capaz de perdonar, nos ata al infractor. Y ese dolor que debía disolverse con el tiempo lo mantenemos vivo y cargamos con él, teniendo consecuencias limitadoras en nuestro presente.

¿El perdón se resuelve desde la toma de una decisión? ¿Se lleva a cabo el perdón desde la voluntad de perdonar?

La intención de perdonar es una acción pensada en primer lugar, por lo tanto resulta incompleta si no se hace también desde el corazón. La mente te engañará una y otra vez, mientras escondes el agravio y el dolor causado.

Muchas veces queremos perdonar, quisiéramos perdonar, pero la rabia o el resentimiento es mucho más fuerte. Queremos convencernos de que hemos perdonado pero el corazón sigue sufriendo en silencio, dolido.

No es fácil perdonar, para eso hay que sanar primero el corazón.

Un discípulo le preguntó a Jesús: “Maestro, cuántas veces tenemos que perdonar“, y él respondió: “70 veces 7“. Perdonar significa liberar a la otras persona y sanar el daño causado.

Entender nuestro dolor desde una perspectiva mayor nos ayudará a reconocer también al otro. Sin juzgar ni condenar, entender las circunstancias del otro se hace necesario. Y es la compasión la que puede convertir el dolor sufrido en piedad, que surge por si sola cuando somos capaces de comprender las imperfecciones y los defectos nuestros y de los demás.

No recurramos a la dureza que supone mantenerse a la defensiva o a la ofensiva. Primero perdonarnos a nosotros mismos para poder liberarnos de toda la carga emocional de dolor y rabia.

Vivir plenamente en el momento presente, ir dejando atrás los sentimientos de culpa. Porque el acto de perdonar no ocurre enteramente, por muy sincero que parezca, sino se hace desde un corazón que ha sanado la herida.

Desdoblamiento de la Conciencia.

Perseveramos en el entrenamiento para la Nueva Conciencia.

Cuando somos capaces de ver nuestro propio cuerpo físico como un simple observador externo, se amplía por si sola nuestra visión sobre quiénes somos realmente y se abre la perspectiva sobre todo lo demás.

El desdoblamiento de la Conciencia nos permite experimentar que tenemos una parte física y otra que es la Conciencia que es la que nos permite vivenciar nuestra realidad multidimensional.

Para todas las personas que ya llevan conmigo tiempo con estas prácticas quisiera hacer una pequeña reflexión en agradecimiento a esta oportunidad de compartir lo que ha sido dictado por el Universo y que nos permite así estar preparadas para dejarnos fluir en la Red de Luz de Amor Incondicional que envuelve la Madre Tierra y a todos los seres vivos. Y así avanzar en nuestro propósito de evolución personal y colectiva.

En este proceso que llevamos tiempo transitando, hemos sido observadoras de nuestras cualidades a desarrollar más allá de lo que creíamos éramos capaces de hacer. Hemos aprendido a permanecer centradas en nuestro corazón espiritual, haciéndonos conscientes cada vez más, de nuestra esencia y espíritu.

Ahora tenemos la experiencia y la certeza de que, la única Fuente de plenitud y Verdad, reside en nuestro interior y a ella nos dirigimos para saciar nuestras necesidades y deshacernos de todo lo que nos condiciona y limita.

El Perdón, la Compasión, el sentimiento de solidaridad, son partículas de nuestra esencia que es el Amor Puro.

Gracias al Universo, a la Gracia divina que nos asiste y a tod@s los que me acompañan …

Me pasó una vez

Me pasó una vez, haciendo poco que había llegado a España como “emigrante retornada”, recién cumplidos 14 años y con un fuerte acento cubano, cuando me fui a una entrevista de trabajo, en Barcelona.

Era para ocupar el puesto de telefonista en el periódico El Correo Catalán. Yo nunca había hablado catalán, pero me era familiar porque mi madre, siendo catalana, muchas veces nos hablaba y nos cantaba canciones catalanas.

Total que me entrevista el director, hablándome en catalán, y yo me atreví a contestarle en su idioma. De pronto su comportamiento me pareció muy extraño porque le veo agacharse como buscando algo en un cajón del escritorio. Me daba la impresión de que metía literalmente la cabeza dentro del cajón, haciendo unos ruidos muy raros.

Como cada vez que yo le hablaba -en catalán con mi acento cubano- él metía la cabeza en el cajón, yo estaba muy curiosa de saber qué le pasaba.

Sus ojos estaban llorosos y parecía que le costaba hablar. Finalmente me confesó que hacía mucho tiempo que no se reía tanto y tan a gusto. Me contrató, … algo vería en mi. Osadía dijo.

Mirar y ver

Cuando miras conscientemente entonces ves.

La mayoría de las veces solo miramos. Dirigimos la mirada en una acción física. Nuestros ojos captan sólo lo concreto.

Pero si al mirar además nos damos cuenta de lo que estamos viendo, ahí añadimos una percepción mayor que envuelve los cinco sentidos.

VER implica hacerte consciente de lo que miras.

Al ver me adentro en lo que miro. Soy parte de ello. Soy, me incluyo.

Miro las montañas pero para admirar su belleza y sentirlas tengo que verlas, desde mi corazón. Al verlas las siento vivas. Percibo su grandiosidad, su majestuosidad.

Al VER, mi Conciencia está activa.

Al mirar, mi vista se fija en algo concreto. Normalmente pasamos por alto lo que vemos porque se ha hecho tan evidente y habitual que ya no le prestamos atención…. dejamos de ver.

El VER nos permite descubrir, distinguir, Ver es el sentido de la vista desarrollado que nos llevará a vislumbrar e intuir lo que hay más allá de lo aparente.

Abramos los ojos del corazón.

Valorar la experiencia

La visión de la vida que pueda tener una persona de 35 años es natural que sea muy diferente a la de una persona con 40 años más vividos.

La perspectiva en el fondo difiere mucho, porque la experiencia acumulada ha disuelto en el mayor los condicionamientos que todavía limitan al joven.

Uno se agita en la competitividad mientras el otro sonríe desde la complacencia.

Cuando joven yo no tenía miedo a arriesgar y era impulsiva. Hoy me siento libre desde la observancia y la aceptación de ser quien soy.

Finalmente somos quienes estábamos esperando ser. Cuando nos hemos construido a nosotros mismos, nos convertimos en quien somos en espíritu.

Nos hicieron creer que había que competir. No, decididamente no.

No hay rival ni contrario. El sufrimiento surge de buscar el perfeccionismo que nunca llega … nunca nos satisface enteramente lo que hacemos “podría haberlo hecho mejor”…

Cuando a mi madre le decíamos lo rica que estaba la comida siempre respondió “podría haberme quedado mejor”. Esta es la educación falsa sobre la humildad.

Antiguamente los Clanes eran dirigidos por un grupo de ancianos. Es inteligente que el joven reconozca le falta mucho por aprender desde la experiencia, algo a lo que se tendrá que volver; escuchar a los mayores.

Medir las fuerzas

Viviendo en la Naturaleza la vida tienen otro ritmo y sabor, inclusive otras perspectivas e ideales. Vivíamos en comunidad cinco familias en la Sierra Aitana, en Alicante, en una Reserva de animales. Más que nada teníamos a nuestro cuidado unos 60 monos que vivían en libertad formando varios clanes. De ellos aprendimos muchas cosas, -a base de cometer errores- desde nuestra ignorancia y sentimiento de superioridad.

Una de las mujeres con la que compartía esta extraordinaria vivencia territorial era Elma. Era una mujer de 45 años con una personalidad muy fuerte. Ella dominaba el clan que habíamos formado. Me gustaba de ella su originalidad y espontaneidad. Pero chocamos alguna vez, de forma muy educada, al no dejarme manipular por ella. Nuestros desacuerdos estaban todavía por hablar y resolver.

Me acuerdo de una tarde, que estábamos las dos limpiando el restaurante. Habíamos retirado las mesas y las sillas para limpiar mejor. No sé cómo pero empezamos a jugar en el gran espacio que había quedado libre y sin premeditarlo nos transformamos en monos. No los imitábamos, no, hicimos una transformación perfecta y medimos nuestras fuerzas en un simulacro de lucha que, al igual que hacen ellos, es más bien de gritos y gestos amenazantes sin llegar a más pero en el que se esclarece quien es más poderoso. Resoplábamos, nos mirábamos a los ojos desafiantes, pegábamos saltos, hacíamos gestos provocativos de alarde de nuestra fuerza, sacamos fuera toda nuestra frustración lanzando unos gritos al aire muy elocuentes. Eran momentos al principio de gran tensión que fueron cediendo al puro divertimento.

Al final, cuando terminó la parodia, sudorosas y jadeando, nos dimos un abrazo muertas de risa.

La libertad de ser.

Anhelo por saber. Curiosidad por conocer. Incansable búsqueda.

Me hice católica a los 16 años. Me hice musulmana con 34 años. Entretanto me interesé por el budismo Zen. A los 45 años me aceptaron en la Tarika sufi de los Yerraji en Estambul. Y con 56 años me desembaracé de todas las formas y dogmas y me quedé con la esencia de cada una de ellas.

Me siento, igualmente, de todas partes -hija de la Madre Tierra- pues el haber viajado por el norte y por el sur, vivido tanto en oriente como en occidente, me han dado la certeza de que no hay un sitio mejor o peor, ni la buena gente está concentrada sólo en un lugar. Las cosas son según el color con que las vemos.

Todo depende de cómo respiramos. Desde qué nivel de Conciencia actuamos.

La libertad de ser, de corregir el rumbo, de equivocarme y volver a empezar, de no sumar fallos sino experiencias, de dejar el pasado atrás y vivir el presente sin miedos.

Hasta que llega el momento de que te das cuenta que no hay que salir fuera para encontrar lo siempre vivo. Se termina la etapa de “buscadora” y entras en el estado pleno de saberte completa; en paz contigo misma.

Parar el mundo

Vive con seguridad en ti mismo aunque no haya garantías de éxito.

Sintiendo satisfacción por tu esfuerzo aunque no haya reconocimiento ajeno.

Con alegría por ganarle a la voluntad que a veces flojea.

Con responsabilidad por la dignidad que te sostiene y la felicidad que te forjas.

Todo ocurre en el Presente y en la Presencia de tu Conciencia -si tu quieres que así sea- que está lista para ayudarte cuando te hayas deshecho de los condicionamientos del pasado y las expectativas del futuro.

Si quieres paz, sé la paz que deseas. Si quieres amor, sé el amor que necesitas.

“Parar el mundo” se hace necesario de vez en cuando para poder recomponer la idea que tenemos de él y de nosotros mismos; deshacernos de toda creencia obsoleta y cuestionar nuestra realidad.

Somos soberanos de nuestro propio dominio.

Cerca y lejos del tiempo

Físicamente sí. Pero en otra dimensión superior no existe el tiempo ni las distancias.

¿Qué perdemos cuando el tiempo se para y dejamos de existir para el otro?

¿Acaso se esfuman en el aire los sentimientos no expresados?

No quiero que exista el tiempo entre tu y yo, mientras estamos alejados uno del otro … mientras sanamos nuestras heridas.

Habrá sido un pestañear y ni eso, cuando llenemos el espacio vacío con un largo abrazo.

Porque no se trata de recuperar el tiempo … es como el viento … ¿a dónde se va el viento cuando deja de soplar cerca nuestro? ¿Acaso se agota, se pierde, muere y nace una y otra vez, siendo siempre el mismo?

No quiero pensar que existe el tiempo y se puede malgastar o perder. No.

Para sabernos vivos y sentirnos amados, aunque alejados físicamente, mejor dejemos deslizar los sentimientos, como el viento suave, para que el trayecto se resuma en un suspiro.

No existen las distancias. Sé que las estrellas me contemplan mientras yo las observo maravillada.

De igual manera, sé que te tengo, que estás en mi, como yo en ti, por siempre.