Mi identidad; lo que soy.

Cuando estamos atentos aparecen las señales.

Nada puede ser forzado ni tampoco sirven las experiencias prestadas.

Yo soy lo que soy, esa es mi identidad. Me reconozco desde el silencio.

La relación que mantengo conmigo misma es mi entidad. Unidad del Ser..

Enormemente sola y enormemente libre. Des-identificada del personaje.

En paz con la existencia. Me acepto. Mi Conciencia es mi guía y luz.

Enraizada en la tierra, unida al sol del día y a las estrellas de la noche.

Soy la luna en todas sus fases. Con ella brillo o me escondo (recojo).

“¿Cómo sentirme serena en situaciones inciertas?”, me pregunté.

Y apareció el mensaje cuando ya me había rendido y dejé de pedir:

Apareció de la nada una garza sobrevolando muy bajo mi casa. La miré muy sorprendida y mi corazón se llenó de certeza “sigue adelante, atenta a las oportunidades para aprovecharlas rápidamente. Tu espíritu te guía”.

Cada acción que emprendo es un paso más para desplegar mi propósito. Me siento agradecida.

Conviértete en el dueño de tu existencia y tu vida será guiada fácilmente por tu Ser.

La libertad de ser.

Anhelo por saber. Curiosidad por conocer. Incansable búsqueda.

Me hice católica a los 16 años. Me hice musulmana con 34 años. Entretanto me interesé por el budismo Zen. A los 45 años me aceptaron en la Tarika sufi de los Yerraji en Estambul. Y con 56 años me desembaracé de todas las formas y dogmas y me quedé con la esencia de cada una de ellas.

Me siento, igualmente, de todas partes -hija de la Madre Tierra- pues el haber viajado por el norte y por el sur, vivido tanto en oriente como en occidente, me han dado la certeza de que no hay un sitio mejor o peor, ni la buena gente está concentrada sólo en un lugar. Las cosas son según el color con que las vemos.

Todo depende de cómo respiramos. Desde qué nivel de Conciencia actuamos.

La libertad de ser, de corregir el rumbo, de equivocarme y volver a empezar, de no sumar fallos sino experiencias, de dejar el pasado atrás y vivir el presente sin miedos.

Hasta que llega el momento de que te das cuenta que no hay que salir fuera para encontrar lo siempre vivo. Se termina la etapa de “buscadora” y entras en el estado pleno de saberte completa; en paz contigo misma.

Parar el mundo

Vive con seguridad en ti mismo aunque no haya garantías de éxito.

Sintiendo satisfacción por tu esfuerzo aunque no haya reconocimiento ajeno.

Con alegría por ganarle a la voluntad que a veces flojea.

Con responsabilidad por la dignidad que te sostiene y la felicidad que te forjas.

Todo ocurre en el Presente y en la Presencia de tu Conciencia -si tu quieres que así sea- que está lista para ayudarte cuando te hayas deshecho de los condicionamientos del pasado y las expectativas del futuro.

Si quieres paz, sé la paz que deseas. Si quieres amor, sé el amor que necesitas.

“Parar el mundo” se hace necesario de vez en cuando para poder recomponer la idea que tenemos de él y de nosotros mismos; deshacernos de toda creencia obsoleta y cuestionar nuestra realidad.

Somos soberanos de nuestro propio dominio.

Cerca y lejos del tiempo

Físicamente sí. Pero en otra dimensión superior no existe el tiempo ni las distancias.

¿Qué perdemos cuando el tiempo se para y dejamos de existir para el otro?

¿Acaso se esfuman en el aire los sentimientos no expresados?

No quiero que exista el tiempo entre tu y yo, mientras estamos alejados uno del otro … mientras sanamos nuestras heridas.

Habrá sido un pestañear y ni eso, cuando llenemos el espacio vacío con un largo abrazo.

Porque no se trata de recuperar el tiempo … es como el viento … ¿a dónde se va el viento cuando deja de soplar cerca nuestro? ¿Acaso se agota, se pierde, muere y nace una y otra vez, siendo siempre el mismo?

No quiero pensar que existe el tiempo y se puede malgastar o perder. No.

Para sabernos vivos y sentirnos amados, aunque alejados físicamente, mejor dejemos deslizar los sentimientos, como el viento suave, para que el trayecto se resuma en un suspiro.

No existen las distancias. Sé que las estrellas me contemplan mientras yo las observo maravillada.

De igual manera, sé que te tengo, que estás en mi, como yo en ti, por siempre.

La vida

La vida misma es mi amiga y compañera. Así lo siento. Para definir la vida hay que sentirla.

Todo tiene vida y está interrelacionado. Todo cobra vida cuando estamos atentos. Todo el espacio que respiramos está cargado de vida.

Entonces, si soy consciente de ello y mi Conciencia está despierta, percibiendo la vida en cada suceso, en cada parpadeo y respiración, me siento vibrante y en sintonía con mi alrededor.

La vida me muestra y me recuerda muchas veces de que estoy viva; me facilita lo que yo necesito para crecer. Ya no me resisto a vivir lo que ella me brinda. Me fue dada mi “porción” de vida y la hice mía en principio, la metí en un molde y la programé, la discipliné y la sometí; ese fue el error.

Ahora, una vez entendí que ella es mi maestra porque ella es muchísimo más que mi inteligencia finita y muchísimo más que mi capacidad de comprensión y sólo ella me puede enseñar la sabiduría de la vida, la he liberado y al mismo tiempo fluyo en ella, desde la confianza absoluta.

La vida en sí es impersonal en su pureza. Es cuando la domesticamos que la constreñimos a un espacio cuadriculado sin horizonte, llamado YO.

Cuando nos apropiamos de la vida, se apaga el sol interior, deja de manar la Fuente, desaparecen nuestras alas y perdemos la capacidad de admirar la belleza de la Madre Tierra.

La vida, si le permitimos hacer, nos deja ver los milagros como algo cotidiano.

La vida, cuando nos sonríe, expande nuestros cinco sentidos y nos sentimos plenos, sólo por el hecho de estar vivos.

No tiene que ver con nuestra condición o situación externa. La vida se lleva dentro y se siente a flor de piel y en el corazón. La vida es infinita, va más allá del espacio-tiempo.

Lo demás es subsistir.

Un mar de indiferencia

Tenía ante mí un mar sin sol debido a la indolencia de la raza humana. Las olas, cansadas, iban y venían reflejando la apatía y dejadez del mundo.

En lo alto del acantilado había una plataforma de cemento donde la gente se paraba a mirar la inmensidad de su indiferencia. Pero, desde su estado de inconsciencia, sólo veían lo que querían ver.

De vez en cuando surgían olas de Luz y unos pocos las reconocían y se maravillaban de ellas, haciéndoles recordar y reavivar su condición humana y divina.

Otros, más audaces, bajaban a las rocas para refrescarse en el agua. Y otros, muy pocos, se quedaban meditando buscando conectarse con el espíritu del océano.

Resolver sin miedo.

Dejamos atrás las viejas ideas y creencias sobre nosotros mismos y nos vamos a explorar lo nuevo que se discierne y nutre a la Conciencia.

Respiramos conscientemente y nos alimentamos también de forma responsable. Cuidamos nuestro cuerpo físico, mental, emocional y espiritual. Purificamos la energía vital haciendo ejercicio. Nos renovamos en cuerpo y alma… y el Universo responde a nuestra vida y la hace fluida.

Ya nos lo dijo Nicolás Tesla “Nada se pierde, todo se transforma”.

Ahora toca RESOLVER. Comenzamos a tomar decisiones correctas, desde la claridad mental y emocional. Desde nuestra intención de priorizar nuestra propia felicidad interna. Modificamos nuestra actitud sin miedo a enfrentarnos a nuestro pasado para saldar cuentas pendientes.

Nos damos cuenta que mantener problemas sin resolver, resentimientos y frustraciones no hace más que formar una costra alrededor del alma que frena la libertad de ser quien somos.

Las experiencias del pasado han forjado patrones a nuestro modo de actuar en el presente. Ahora debemos tener una perspectiva más amplia, más comprensiva y más compasiva de nosotros mismos y de nuestra gente cercana.

Tener una actitud de servicio es muy importante; nos abre el corazón a la generosidad y al amor desinteresado.

Prestar atención también a nuestro cuerpo energético, mantenerlo equilibrado y en armonía; escuchemos nuestra voz interior que nos irá marcando cómo y qué hacer.

Nuestros talentos se expresan desde el alma. Profundicemos en nuestros valores y experimentaremos la plenitud del Ser.

Todo ello nos va enriqueciendo en dignidad e integridad como seres humanos.

La Maga

El atributo de Maga lo tiene quien no se exige a si misma perfección sino aceptación, lucidez y disposición a hacer cambios.

La Maga ha aceptado a ser el recipiente alquímico de la vida para que se haga en ella la voluntad del Creador Supremo y del Universo.

Se arriesga. Sabe que tiene la fuerza para enfrentar cualquier desafío. Ha asimilado la información, ha incorporado en sí la Luz en forma de fuerza creadora. Su acción está en manifestar y compartir. Su movimiento es suave; ha venido como Facilitadora.

La Maga conoce el Amor que abarca toda forma de energía. Para ella, todo tiene Conciencia y honra la misión de vida, sabiendo de que pertenece a la Madre Tierra y está al servicio de la voluntad de la Madre Divina..

La Maga siente somos energía. No toma decisiones basadas en opiniones. Sabe del poder de la Intuición, de las energías superiores que nos inspiran y nos guían, en las que podemos dejarnos fluir.

Ser Maga o Mago, entraña determinación y amor por uno mismo y la necesidad de libertad del Ser esencial.

Me he visto en el campo astral como la Maga. Me he reconocido en ella y mi corazón ha palpitado emocionado. Este reconocimiento requiere de responsabilidad, compromiso y entrega.

La apertura manifiesta

Mientras el peregrino espiritual esté detrás del velo de la dualidad y del Ego, él mismo inconscientemente, mantendrá cerradas las puertas del despertar a la Esencia divina.

El corazón va cogiendo herrumbre con cada falsedad, mentira o autoengaño; lo podéis comprobar si sois observadores de vuestro personaje. Ese óxido, sin daros cuenta, os va endureciendo, os vuelve rígidos y limitados emocionalmente, con poca claridad mental.

Al desvelar nuestra esencia, al reencontrarnos con la naturaleza de nuestra humanidad individual además de nuestras cualidades y atributos, anhelamos sentir la Compasión del Amor Puro, y esto llega con la purificación a través del Perdón.

Teniendo una sincera intención, de vaciarnos completamente de toda energía emocional densa, ello nos acercará a abrazar nuestra Alma. Esa es la apertura más próxima. Significa dejar atrás el pasado y los estadios del yo inferior. El daño que nos hicieron, por muy injusto y cruel que haya sido, debemos finalmente aceptar esa realidad que pasó; perdonar y perdonarnos, y en ese acto nos liberaremos del sufrimiento y creceremos en comprensión y sabiduría de vida.

Recibir asistencia de nuestra Alma y Espíritu es lo que nos concede la Gracia de experimentar la espiritualidad del Ser. Experimentar la fuente de Amor que emana en nosotros.

Vivamos presente desde la espiritualidad, desde la sagrada esencia, y así es como la paz interior y el sosiego del corazón, nos envolverá, sin importar qué ocurra en el mundo exterior.

¿Cómo hacerse sabio?

Si quieres dejar de sufrir, hazte sabio. Y sabio es quien tiene una conducta prudente.

Siendo un simple Observador. sin que te afecte el entorno. Al no necesitar reconocimiento ni aprobación, la opinión de los demás no te sacará de tu estado de calma y paz contigo mismo.

No es necesario entrar en discusiones, tienes claro quien eres y aceptas las distintas creencias sin que te alteren ni te saquen de tu centro.

No te importe ser condescendiente; nada es más importante que tu paz interior y ser amable con los demás.

El silencio es parte importante de tu actitud contemplativa y serena. El silencio te lleva, hacia adentro, a reconocer tu Ser esencial, y poder beber de la Fuente de Amor Puro dentro de tu corazón.

No hay tensión ni represión; te comunicas y expresas desde el Amor, teniendo entendimiento hacia los demás, sabiendo que cada uno vive desde su nivel de comprensión y Conciencia. Aceptamos.

Sólo deja fluir el espíritu que es Luz y es Conciencia unida a lo Superior.

Esta es la sabiduría que, alcanzándola, nos hace sentirnos plenos.