La vida no puede convertirse en una fórmula para conseguir la felicidad o la iluminación, la vida es mucho más extraordinaria y es más salvaje… y por salvaje quiero decir el aceptar la vida en su estado natural y libre. Teniendo la capacidad de lidiar con lo impredecible, más allá de las creencias.
Es conveniente que despertemos ya a nuestro espíritu, que le demos protagonismo. Porque esto no tiene nada que ver con seguir una religión sino entrar en contacto con esa parte nuestra que es energía pura y divina. Nuestro espíritu es la parte de nosotros que, cuando dejemos el cuerpo físico, va a continuar el viaje… el espíritu sostiene en esencia a nuestro Ser impecable. Esta conexión y entendimiento es lo que nos hace ser personas espirituales.
La persona espiritual no le pone resistencia a la vida. La ve venir de frente y confía en que todo lo que ocurre tiene un sentido superior, por ello no la cuestiona; la acepta y valora desde la gratitud. Pero es porque esta persona se conoce a sí misma y se valora. No necesita del reconocimiento de nadie y no depende de que alguien le diga que lo está haciendo bien o mal. Para eso tiene su CONCIENCIA que le dicta lo que es correcto, para poder dormir tranquilo y sentirse seguro de sí mismo.
La persona espiritual se observa y está atenta a corregirse cuando asoma la necesidad de tener razón. Es coherente y tiene la capacidad de atravesar las dificultades sin quedarse atrapada en el drama.
Podemos verificar que somos espirituales si nos estamos trabajando para alcanzar la Paz interior. Cuando vivimos el dolor pero sin sufrimiento. Cuando ante la pérdida no sentimos amargura sino aceptación. Cuando ante el conflicto nuestro corazón sigue imperturbable…
… todo lo demás son distracciones del Ego y su vanidad.
