Las imágenes que adoramos

La VERDAD no tiene imágenes pero podemos sentirla en nuestro corazón sin lugar a dudas cuando nos deshacemos de nuestras creencias mentales.

Las imágenes pertenecen al campo mental. Muchos necesitan de las imágenes para conectar con su corazón desde la mente porque todavía no han desarrollado la percepción necesaria que les sumerja directamente en la VISIÓN de esa realidad trascendental que es la divinidad.

La PERCEPCIÓN INTUITIVA ocurre cuando desarrollamos la Conciencia y ésta se fusiona con la Conciencia Superior, llevándonos en esos momentos a un estado de dicha único e irrepetible, al sentir en uno mismo la energía superior del Amor Puro. La añoranza de ese sentimiento es lo que nos lleva a mirar el Cielo y a rezar.

Muchos veneran las imágenes de vírgenes, santos, representaciones de Dios, dioses, maestros, … Y desde esa mentalidad y creencias, todo queda ahí, en esa finitud, atrapados en ceremonias y rezos que no trascienden el plano material. Una nostalgia y vacío que no sabemos explicar y que nos crea la necesidad de recurrir a entidades superiores.

Las imágenes no tienen que ser forzosamente religiosas. Muchos adoran o tienen como referencia en sus vidas a estrellas del cine o de la música … inclusive a su madre o a su abuelo que ya no están en este mundo. Cuando nos apegamos emocionalmente a alguien que representa el amor que añoramos o el poder que les atribuimos y creemos que gracias a ellos estamos protegidos, estamos limitando nuestra propia fuerza y valentía.

Nuestros pensamientos crean nuestra verdad. Todo lo que hagamos es perfectamente aceptable mientras no creemos dependencias de ello. Porque las dependencias no nos dejan ver la Verdad única que está por encima de nuestras verdades particulares, que son limitadas.

Lo que quiero decir es que vivamos nuestra adoración a la divinidad desde el corazón no desde la mente. Es así como crearemos una conexión real reconocida; una vibración y sintonía de Amor desde el Alma, y sentiremos entonces su beneficio.

Anuncios

Seguir a un Maestro

DSC01715Siempre pedí fervorosamente a Dios poder sentir Su Presencia. He tenido que morir y renacer en esta vida para que Él me concediese esa Gracia.

De forma aparentemente fortuita el Maestro apareció en mi vida mucho después de que yo le estuviese buscando infructuosamente, inclusive en un viaje muy absurdo que hice yendo a Sudamérica, convencida que allí le encontraría.

Sin embargo, tiempo después, desde el primer momento en que le vi supe desde mi corazón que él era el maestro. Su energía de amor puro llegó a mi alma. Esto sucedió en noviembre de 2007. Mi relación con él ha sido siempre totalmente intuitiva. Más allá de los cinco sentidos mi corazón sintonizó con su energía espiritual.

Ya entonces yo era maestra de Reiki y trabajaba en la sanación energética. Mi experiencia en el campo de las energías me ayudó a entender de lo que él intentaba transmitirnos. Su discurso desde entonces se ha vuelto más accesible y él mismo nos ha llegado a confesar no hace mucho que cuando llegó a Occidente creía que en cuestión de tres a cinco años podría -por su conocimiento- llevarnos a un alto nivel de Conciencia pero al ir percatándose  de nuestra resistencia y rigidez mental, ahora nos habla de que necesitaremos por lo menos dieciocho años para conseguirlo si hacemos la práctica espiritual de forma regular.

Estoy hablando de Sri Swami Purohit, que ya es conocido por muchos en España. Gracias a él, mi camino se ha despejado y mi Conciencia se ha fortalecido. Swamiji es la imagen viva del padre amoroso y paciente que enseña desde el amor incondicional.

Todo lo que pertenece al mundo abstracto e invisible, él lo hace concreto y palpable. La energía cósmica que Swamiji transmite es totalmente real y benéfica al instante. Después de sus charlas, siempre aleccionadoras, él nos conecta con nuestro corazón.

Ha sabido adaptar sus tradiciones hindús y su mentalidad india a nuestra naturaleza occidental, introduciéndonos en el Yoga y la Meditación de forma magistral.  Escucharle recitar Mantras arrulla y aquieta nuestros sentidos y es un bálsamo para nuestra alma.

Seguir las enseñanzas de un Maestro acelera el despertar de la Conciencia. España y particularmente Granada, nos sentimos privilegiados de tenerle con nosotros.

 

 

 

 

La Cuarta Dimensión

ser completo1Si la Tercera Dimensión es la dimensión del Tiempo, Espacio y Materia que distinguimos con los cinco sentidos externos, la Cuarta Dimensión es la dimensión espiritual que percibimos con nuestros sentidos internos, sobretodo con el Tercer Ojo que al desarrollarlo  clarifica la Intuición y la clarividencia.

Al ser una dimensión mayor que el plano tridimensional en el que vivimos, podríamos decir que el Plano Espiritual contiene las tres dimensiones de la realidad física.

LA INTUICIÓN, cuando llega clara y sin interferencia de la Mente,  es el conocimiento directo de la Verdad y la Realidad. La PERCEPCIÓN INTUITIVA es penetrante  y prodigiosa al percibir la conciencia propia y también  la de los demás.

Es en la Cuarta Dimensión en donde se encuentra la poderosa y sagrada energía cósmica  que llaman  Espíritu Santo, “vehículo del perfecto reflejo universal de Dios o Conciencia Crística” , según palabras de Paramahansa Yogananda recogidas en su libro “La segunda venida de Cristo”.

A través de la facultad intuitiva del Alma, se puede conocer la naturaleza de una persona, sin que la apariencia, su imagen  o su conducta externa interfieran al percibirlo internamente.

Esta capacidad intuitiva espiritual se va desarrollando a medida que se nutre  la Conciencia del Alma. Y en este proceso es que se avanza y se adentra uno en la CUARTA DIMENSIÓN ligada totalmente a nuestro cuerpo espiritual.

Permitamos que el Aliento de lo Sagrado se conecte a la Humanidad dentro de la Madre Tierra, a través del Portal abierto de nuestros corazones.

Haciendo camino. Aitana

caminoTenía 34 años, me sentía llena de energía, en los mejores años de mi vida.  Estaba viviendo en un piso de un pueblecito de Valencia, trabajando bajo estrés como directora comercial, con la responsabilidad de criar y educar a mis hijos que eran la razón de vivir. Pero no estaba contenta. No conseguía entender  la vida y cómo debía vivirla para sentirme satisfecha y en paz.  Lo que tenía claro era que como lo estaba haciendo NO me satisfacía.

Un día me pidió una pareja amiga que les llevase en el coche a la Sierra de Aitana en Alicante, donde vivía una familia muy querida para ellos. Me contaron que esta familia, lo habían dejado todo; su buena posición económica y social, por seguir sus creencias espirituales. Y para allá que nos fuimos.

No sé cómo sucedió, ya que ni siquiera había introducido la idea previamente en mi cerebro para procesar la posibilidad, pero… el caso es que una vez allí,  después de un par de horas de estar charlando amigablemente y oírles decir que a ellos no les importaría compartir la casa -que era muy grande- con otra familia, les pedí que me aceptasen vivir con ellos.

Se quedaron de una pieza. Me miraron boquiabiertos. No podían articular palabra y así estuvieron un buen rato: mirándome sorprendidos. Después me dijeron que lo tenían que pensar detenidamente. Que, claro, ellos habían pensado en una pareja que pudiese colaborar en los trabajos de la casa y el campo. Una familia con no tantos hijos, pues ellos ya tenían cuatro. Pero que lo pensarían.

Y sí, unos días después me contestaron que por muy loca que era la propuesta, ellos aceptaban que fuese a vivir con mis hijos a su casa. El caserón estaba en lo alto de una montaña y desde allí, como si de un palco privilegiado se tratase, teníamos una vista inmensa hasta el horizonte.

Fue la época más feliz de mi vida. Formábamos una gran familia. No hubo nunca una discusión entre nosotros. Todo asunto que tuviese que ver con el dinero lo manejaban ellos, aunque se tratase de comprar la ropa que hiciese falta para mis hijos. Lo poco que yo tenía se lo entregaba a ellos. Y así era feliz. Nos repartíamos todos los trabajos de la casa y el campo. Hacíamos el pan, mermeladas, recolectábamos la manzana y la almendra, cuidábamos de la huerta… hacer todo eso me gustaba muchísimo, pero sobretodo, me llenaba el paisaje. Nunca me sentí sola y mis hijos también eran felices.

Julio y Elma seguían las enseñanzas de un maestro de Indonesia. Hacían un ejercicio muy sencillo varias veces por semana de “conexión” con las fuerzas celestiales o con el Ser Supremo, como cada uno quiera llamarlo. La cosa era muy libre y no requería hacer ningún juramento o comprometerse a nada así que cuando Julio me preguntó si me quería unir con ellos a hacer el Látija le dije que si,  por curiosidad más que nada.

No había un lugar preestablecido, a veces nos íbamos a la era, debajo de las estrellas o también en el mirador que estaba más recogido y había unos asientos de piedra o dentro de la casa si hacía mal tiempo y los niños ya estaban acostados, daba igual el lugar. No había ceremonias ni rituales ni nadie dirigía ninguna oración colectiva, simplemente  cada cual vaciaba su mente y pedía a Dios sentir Su presencia. A partir de ahí cada uno integraba en sí mismo su propia vivencia.

La experiencia más fuerte que yo tuve es muy difícil de ponerle palabras sin empobrecerla. En mi interior, desde cada célula de mi cuerpo, siempre vibraba un mensaje:  “ten confianza”  que se grababa en mi corazón.

Calidad de único

arbol dorado y raicesLa claridad mental y emocional nos ayuda a conectar con la Realidad dentro de nosotros. Sentir la Presencia de la divinidad -del Universo- dentro de nosotros nos da una dimensión superior e ilimitada de ser; nos abre la puerta a otros Planos y dimensiones de nosotros mismos. Nos ayuda a entender nuestra calidad de inmortalidad y nuestro potencial como seres de luz.

Para ello tenemos que librar una primera batalla con nuestra mente-ego y trascenderla. No se trata de tener más información ni de hacer afirmaciones positivas, no se trata de tener un mayor control mental y ni siquiera de dominar la imposición de estar sentados y en quietud largo tiempo. La realización espiritual  nace en el corazón y para ello hay que lanzarse a experimentar, ser creativos, espontáneos, fusionarse y fluir con las energías de la Naturaleza …

Esta percepción nos hace estar atentos y receptivos a la VIDA, en su UNICIDAD: El Creador y lo creado es indivisible. Forman un solo cuerpo.

Es el misterio sagrado que todavía no estamos preparados para entender. Pero sí aceptar, como acto de FE, … y permitir que la vida nos muestre los pequeños milagros que suceden continuamente.

Nada debe ser un acto obligatorio. El Silencio y la quietud existen. El Amor existe como energía suprema y ya está dentro de todo lo que tiene vida.

En la meditación contemplativa  y después de la oración espontanea,  escucha a tu corazón, conecta con el Corazón Universal. Entra en el recuerdo de lo Innombrable.

 

Anécdotas

swyyo india'12Mi maestro espiritual Swami Purohit, que también es astrólogo, me leyó mi carta astral al principio de conocerle hace ya ocho años. Lo primero que hizo después de mirarla por largo rato fue felicitarme. Levantó la mirada, me miró a los ojos, y dijo escuetamente “felicidades”.

Era lo que menos esperaba que me dijese y puse cara de asombro (como la conversación era en inglés procuré ser más expresiva con los gestos a falta de vocabulario). El caso es que yo consideraba que mi vida había sido de gran esfuerzo y sufrimiento en los últimos veinte años.

Me explicó entonces que en mi vida pasada había sido un monje y que había muerto recordando a Dios. Y que en esta vida, aunque hubiese estado casada dos veces y el hecho de haber tenido seis hijos, igualmente seguía siendo un ‘monje’… Por esa razón me felicitaba (por mi energía espiritual acumulada).

Le pregunté entonces por qué tanto sufrimiento y lucha. Era verdad que de niña y de jovencita yo había sido muy espiritual pero dentro de una familia en la que curiosamente no se practicaba ni se hablaba de religión o se mencionaba a Dios pues mis padres tenían creencias diferentes y decidieron no influenciar en nosotros ni educarnos dentro de ninguna religión.

Para mí particularmente, siendo tan sensible,  eso fue nefasto pues necesitaba de guía y alimento espiritual y crecí en este sentido, sintiéndome confundida y con sentimientos muy contradictorios.

Ahora, ya en  la tercera etapa de mi camino, después de tanta búsqueda y de haber llamado a tantas puertas,  finalmente he encausado mi vida de forma intuitiva y con la ayuda de Dios, preparándome para un trabajo de servicio a los demás.

Dios me ha dado muchos regalos y uno de ellos es el REIKI. Con él -hace ya diez años- pude realmente entender y percibir que somos energía y tenemos la capacidad de alimentarnos de la energía cósmica. Nuestra energía vital, podemos potenciarla, almacenarla, dirigirla allá donde haga falta, podemos hacer que se materialicen nuestros deseos, podemos sentir nuestra divinidad… Sentir que somos parte de un Todo.

Al incorporar REIKI en mi vida, física y emocionalmente me siento más equilibrada. Siento paz interior. El haber conectado con mi ser esencial me da la fuerza para hacer lo que tengo que hacer. No hay más miedo, inseguridad o impaciencia. Sé que cada cosa viene en su momento y tiene un sentido de ser.

Me siento también muy agradecida el que Dios haya puesto en mi camino un gran maestro con el que sigo aprendiendo.

Conocerse a uno mismo es lo que da sentido a la vida. Aceptar lo que no puedes cambiar te da paz. Reconciliarte con tu pasado te aligera el corazón. Crear tu Presente con una actitud positiva anula el miedo. Todo ello es lo que garantiza una vida feliz. Y todos tenemos esta posibilidad.

Descubrirnos a través de Reiki

chakras 16REIKI no es en absoluto ni pretende ser una doctrina espiritual, sin embargo, forzosamente tiene que hablar de la energía suprema, de la Conciencia Primigenia y por ello nos acerca a Dios  y nos lleva a encontrarnos con nuestro cuerpo espiritual.

REIKI no es una terapia, no es una simple técnica sanadora, al contrario.  Se trata de una revelación sobre algo que ya está en todo ser vivo y lo que hace es reconectarnos  con esta Esencia. Con la finalidad de que descubramos en nosotros la Fuente de Salud y Abundancia y nuestra capacidad para equilibrar nuestras energías.

REIKI nos invita a entrar en un proceso de unión de las energías cósmicas con nuestra  energía vital , con el fin de reactivarla e impulsarla, en una dirección más sutil y elevada del ser.

Dedicarle atención a los chakras -nuestros centros energéticos- es primordial para mantenerlos alineados y equilibrados. Ello significa,  dedicarle tiempo a nuestra salud integral y por ello a nuestra felicidad y paz interior.