Ni mio ni tuyo

mujer ante el solNada siento como mio. El candor del Alma siente y agradece la belleza en toda manifestación del Creador.

Sólo tengo que estar atenta, llevar mis cinco sentidos al interior y escuchar. Entonces la visión y la percepción se magnifican. Sentir se transforma en un inmenso placer cuando las energías se activan y forman ondas expansivas … soy parte del Todo.

Nada es mio. Observo y soy testigo del personaje en mi que actúa desde la ilusión de creerse el “hacedor” …

Nada es mio y ese “yo” que clama -reclamando- se le reconozca, se le recompense, se le gratifique, se le tenga en cuenta y se le quiera … cada vez es más débil. Prácticamente es ya insignificante. Se trata del “yo víctima”, del “yo sufriente”.

Ahora que ese yo ególatra perdió su espacio y privilegio, ha emergido y tomado su lugar el Ser esencial; quien  yo soy. Y ese “Yo Soy” es el Alma.

Actúo desde la Conciencia y me presto a que sea la Intuición quien me guíe. Mi corazón espiritual me indica lo que me conviene y por Conciencia debo hacer o no.

Nada es mio y por eso me mantengo en un estado de agradecimiento por todo lo que se me brinda y regala. Por todo presente. Vivir en estado de agradecimiento te hace humilde y te mantiene en los valores de la inocencia; sin malicia, viviendo desde el candor del Alma …

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El brillo del Alma

mujer india riendoVivir conscientes del  Ser para que las energías externas no nos atropellen y nos lancen hacia la vanidad y la presunción. Vivir atentos, conectando mente-corazón, para sentirnos en la Presencia de lo que ES, que nos proporciona la verdadera felicidad interior.

En esa firmeza, con esta intención, en esa acción, en ese no-hacer haciendo,  mantenernos, para que la Voluntad Divina actúe y podamos vivir -libres de condicionamientos- desde  nuestro ser esencial.

Para dejarnos fluir, abandonando el ego y el yo inferior y unirnos –diluirnos- y desaparecer en la Conciencia Absoluta. Vivir desde la comprensión y el entendimiento, situados en un nivel superior en donde es el alma quien ve y siente. Para no dejarnos devorar –manipular- por las energías que alimentan al yo inferior y las pasiones del ego.

Las pruebas y las tentaciones –las trampas- son cada vez más sutiles. El compromiso es cada vez mayor; porque se ensancha el entendimiento, de la misma manera que se ensanchan los huesos de las caderas de la mujer preñada y se dilatan sus órganos para dejar paso al nuevo ser, en ese alumbramiento, único cada vez, doloroso y al mismo tiempo de placer intenso, cuando se vive la experiencia desde la entrega, aceptando el dolor como un desafío.

Aceptamos el destino; el lugar y entorno donde hemos nacido. Pero tenemos que crecer en Conciencia para hacernos dueños de nuestra vida y desarrollarla al máximo de nuestras capacidades. No sólo a nivel externo y material. Sino desenvolviendo y desplegando nuestro espíritu.

Entonces es cuando aparece en los ojos  el brillo y belleza del alma.

Vivir integrada en la Naturaleza

animales monosViví durante un año con mis hijos en una reserva natural de animales; el Parque Natural Aitana.  Además de unos sesenta monos habían un par de camellos, elefantes,  avestruces, venados, ponys,  jirafas y algunos otros que ahora no recuerdo.

La extensión del Parque era grandiosa. Yo a veces cogía el coche para ir a ducharme a las instalaciones que se habían adecuado dentro del recinto de animales, por donde acostumbraban pacer los yaks, pues en mi casa prefabricada de madera  -en medio de una montaña- tenía muy poca agua. Todo estaba acondicionado para que viniese la gente a acampar y lo de las duchas y retretes las habíamos puesto por exigirlo la Ley pero el sitio en realidad era totalmente salvaje.

Eramos cinco familias de procedencia urbana, románticas e idealistas, con muchas ganas de vivir en la Naturaleza. No había ni sueldos ni horarios de trabajo. Todo funcionaba tal como habíamos planeado, en principio, lo único  que nos llevaba más de cabeza eran los monos. Ya bastante tarde entendimos que como no se los alimente adecuadamente y con puntualidad pueden hacer grandes destrozos y comienzan  a cambiar su comportamiento. Y eso fue lo que tuvimos que sufrir; ellos y nosotros.

No recuerdo por qué el encargado de alimentarlos se relajó en sus obligaciones y los monos empezaron a molestarnos seriamente. Yo tuve que pedir prestada una escopeta de perdigones para poderlos mantener a raya cuando se les ocurría –en plan ataque indio- subir muy cautelosamente,  agazapándose entre el follaje de los árboles, para destruirme el techo de mi casa. Eran unos momentos llenos de tensión pero me gustaba el juego que se creaba de ver quién sorprendía a quién.

Conocían perfectamente lo que era una escopeta y solo que te la pusieses en posición de disparar era suficiente para que se marchasen.  Recuerdo un día que habían subido hasta mi casa, me escondí y me acerqué lentamente al que parecía el jefe, sin hacer ruido, atenta de no ser descubierta. Él estaba de espaldas y al girar la vista y mirarnos a los ojos, él perfectamente aceptó que le había pillado y se largó.

Un día nos vinieron a avisar que todos los monos se habían marchado al pueblo más cercano, a varios kilómetros de allí. Nos dijeron estaban haciendo destrozos en el cementerio y en los patios de las casas. La gente estaba indignada y despotricando contra nosotros.

Consultando aquí y allá qué se podía hacer para traerlos de vuelta nos aconsejaron fuéramos a buscar a tal hembra del zoológico de Elche o Alicante, no me acuerdo, que sería la única que con seguridad atraería al jefe de los monos y detrás de él le seguirían los demás, Así se hizo, lo que llevó varias horas de tensión pero al traerlos de vuelta hubo tal batalla campal entre ellos por asunto de territorios y hembras que cuando finalmente se reagruparon y marcaron nuevamente sus territorios vimos con gran dolor, habían heridos graves y el terror estaba reflejado en los viejos, las madres y los más pequeños.

Eran escenas escalofriantes. Su comportamiento exactamente igual como si fuesen seres humanos; sufrían, tenían miedo, se consolaban y protegían.  Convivir y tratar con estos animales, al menos para mí, supuso una enseñanza muy valiosa.

Teníamos que aprender a vivir en la Naturaleza, integrarnos en ella desde la humildad, sentirla viva y respetar el territorio de cada especie.

Agradecida por cada amanecer y puesta de sol que nos regalaba la Naturaleza. Sintiendo como sagrada la tierra que pisábamos, la lluvia, el viento … no existía el sentimiento de soledad o hastío.  Aprendíamos a ver y a escuchar más allá de nosotros mismos.

Femenino y Masculino

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Desde el equilibrio entre lo Femenino y Masculino nace el entendimiento y la sabiduría.

Desde el equilibrio entre las energías femeninas de la justicia y las energías masculinas de la autoridad, nace el Amor.

Desde el equilibrio entre las energías femeninas de la belleza y las energías masculinas del coraje, nace la victoria.

La Mujer recupera su naturaleza y valores. Ha estado demasiado tiempo sometida, esclavizada y denigrada. Hemos estrenado el milenio donde la energía femenina reaparece en primer plano para reactivar todo lo vivo con su creatividad,  sabiduría y su sensibilidad.

Lentamente, la Mujer recobra su protagonismo. Aprendió a ser paciente, a guardar silencio, a mantenerse en un segundo plano sin perder su equilibrio ni su dignidad interior. Aprendió a esperar tiempos mejores. Aprendió a guardar secretos.

La oración las ha mantenido alertas y fuertes desde su aparente pasividad. Desde su inteligencia emocional madura, ahora les toca instruir a las más jóvenes.

mujer mayor digna

Que las jóvenes escuchen  lo que las mayores tienen por enseñar  y aprenderán sobre las trampas de ser ingenuas. Aprenderán de los peligros que conlleva el no valorarse y el no respetarse.

La mujer mayor aprendió de la vida  desde el silencio, concentrando su energía como paciente testigo. Tejieron sus emociones en hilos de entendimiento que empoderaron  su espíritu.

La mujer mayor hizo su aprendizaje desde dentro. Su sabiduría vino de la paciencia y de un conocimiento intuitivo superior.

Su percepción se expandió junto con su conciencia desde su generosidad y fe. Y su triunfo mudo se lo dio su espiritualidad y comunión con la divinidad.

 

 

El Mundo Imaginal

ser y universpEn el sufismo se le conoce como el Mundo Imaginal.  Entras en él al trascender la mente y te deja ver y sentir todo como si mirases a través de una lupa poderosa y como si tu piel y todos tus sentidos se potenciasen por mil.

Al oír música, la escuchas, te agrada, te alegra el ánimo. Cantas, bailas, te entretienes con ella y ya está. Pero en el Mundo Imaginal, además, tú mismo te conviertes en música. Eres los instrumentos. La escuchas desde “dentro” del sonido. Tu mismo eres el compás, el ritmo y la cadencia, eres la vibración de que se compone. Eres el espacio donde se deja oír la melodía y donde se esparcen las ondas. Eres tú, la armonía de sus notas. Y esa experiencia te hace sentir vivo. Te sabes VIVO en la inmensidad del instante en que se produce. Dure lo que dure. Eso no tiene importancia porque no existe el tiempo en el Mundo Imaginal. Sólo disfrutas el momento en el que está sucediendo: eres ese presente.

En el Mundo Imaginal sólo se experimenta, no existe el pensamiento. Es el “yo mental” el que se encarga de analizar, observar, tomar apuntes, juzgar, guardar información. Pero tu  Esencia; vive la experiencia en sí misma, conoce a través de experimentar, vi-ven-ciar.

Es el “yo” el que se preocupa ¿habrá más? ¿Qué pasará cuando termine? ¿Será esto producto de mi imaginación? Tu Esencia, vive el momento como algo único, nace y muere en cada acto que experimenta para volver a renacer más fuerte. Es el “yo” el que tiene miedo y programa para asegurarse que después, más tarde, -agarrándose al ilusorio tiempo- haya más cosas por hacer que le aseguren está viviendo.

Pero tu Esencia –tu espíritu-, simplemente deja que las cosas sucedan. Se aquieta y fluye, entonces los sentidos se abren y se adentra en el Mundo Imaginal donde no tiene cabida el Miedo ni lo Emocional. La Intuición llega y te desvela las alas que siempre has tenido pero que no sabías que estaban ¡Y es un disfrute moverlas! La Intuición te enseña a usarlas y te das cuenta que es fácil. Porque en el Mundo Imaginal todo es sencillo, maravilloso.

Aquí no hace falta cuidar de la imagen. No sé por qué pero ésta no tiene la menor importancia. Como no hay de qué presumir ni interesa engañar o impactar a nadie…, será por eso.

Aquí solo quieres abrirte y abandonarte al máximo;  FLUIR, dejar el yo para percibir el ser. Cuanto más te abandonas más percibes, más afloran tus capacidades… Cuanto menos MIEDO a perder el control tenga el yo, más se adentra uno en el Mundo Imaginal.  Más se diluye uno y deja el cuerpo físico atrás… y sobre todo, la mente.

La mente deja de ser la protagonista; ya no piensas quién quieres ser, simplemente ERES. Y ni eso. No hay palabras. Aquí las palabras no sirven para nada.

¡Dios mío! ¡Qué insignificante y qué minúsculo queda el mundo material! Desde el Mundo Imaginal todo lo físico y las cosas que pertenecen al yo, y todo lo material, dejan de tener la más mínima importancia. Ni siquiera el amor. Porque en el Mundo Imaginal eres ya parte de un Todo. Eres parte del Amor Incondicional que conforma el Universo. No existes individualmente, no existen los sentimientos, las emociones. Sólo el gozo de la Plenitud.

 

Mi maestro Swamiji Purohit

DSC01715Este escrito es de finales de noviembre de 2012.  “Daba por hecho que ya lo había dicho todo y que nada más interesante por contar y compartir pasaría en mi vida. Pero para mi gran sorpresa no ha sido así. Doy gracias a Dios por el maravilloso regalo que ha puesto en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro y guía espiritual.

Creemos manejar enteramente nuestra vida, sin embargo, el Destino introduce de improviso personajes o situaciones totalmente inesperadas que hacen cambiar tu vida. Y así sucedió conmigo.

Justamente a finales de noviembre de 2007,  pensando que ya nada más destacado iba a suceder en mi vida, apareció casualmente quien es mi maestro espiritual desde entonces.

Visité en aquel tiempo a una amiga que me habló de él. Me dijo acababa  de llegar a Granada un maestro hindú y que iba a dar una charla esa tarde sobre yoga y meditación. Ella no podía ir pero me animó a que yo fuese, poniendo miel en mi boca al decirme que también leía las manos y ese es un tema que a mí me fascina. Así que fui.

Estábamos muy pocas personas en una sala pequeña de  yoga en el centro de Granada. Él,  pequeño de estatura y muy delgado, de mediana edad. Hablaba en inglés y tenía una traductora inglesa que yo ya conocía. Su charla  me pareció “normal”. Pero al final de ella dijo que nos iba a transmitir energía y haríamos una meditación.

Pronunció la palabra en sanscrito “diksha” que quiere decir “iniciación”. Sentí curiosidad pues yo, no hacía mucho, había participado en dos cursos de “Diksha”, donde había pagado bastante dinero por recibir una transmisión de energía que prometía llevarnos a dimensiones superiores (y así fue).

En esta transmisión de energía de Swamiji pude reconocerle como ser de Luz  y su energía me envolvió de manera muy especial. Al acabar, sin pensarlo, le pedí fuese mi maestro.

Desde esa fecha hasta hoy mismo sigo sus instrucciones en las prácticas espirituales que imparte en cursos de más de cien personas en distintas ciudades de España.

No ha sido una travesía fácil. He sido testigo de sus comienzos, de cómo tuvo que ir adaptando el lenguaje y las formas a nuestra mentalidad y también de su paciencia para con nosotros para bajar a nuestro nivel de comprensión y entendimiento en materias profundas como la espiritualidad, guiándonos continuamente y haciéndonos ver que la mayor lucha y desafío es con nuestro propio ego y mente.

Nos costó entenderle hasta que nos llevó a escucharlo desde el corazón y no desde la mente… sin cuestionarlo todo, siendo testigos de nuestras propias resistencias al cambio y aprendiendo a flexibilizar nuestros patrones y puntos de mira tan limitados.

Pronto se organizaron unos retiros espirituales de tres días donde venían entre treinta y cincuenta personas. Yo me ofrecí como cocinera. Todo un disfrute.

Más o menos a los dos años de estar con él y Sara viviendo en Barcelona, la avisé de que Swamiji daba un curso allí y le animé a que fuese a verle. Sabía le iba a gustar. Nada más verse se reconocieron… ahora, ella ya lleva dos años como su traductora y le acompaña a todos sitios; está totalmente dedicada a él. Y yo me alegro infinito porque es lo mejor que le haya podido pasar en la vida.

Todos estos años con él han sido maravillosos, haciendo un trabajo interior arduo pero que está dando frutos desde sus inicios. ¡Hay tanto por trabajarse a uno mismo!

Antes de conocerle, ya sabéis,  creía que ya tenía suficiente o que ya era suficientemente buena. Si miro hacia atrás me doy cuenta y soy enteramente consciente de todo lo que he tenido que deshacer y reconstruir y de todo lo que me falta todavía por lograr.

Una vez, esperando sorprender al maestro con un secreto mío, le dije “yo soy azul”. Él me miró a los ojos y para mi sorpresa, respondió “yo también”.  Mucho más tarde me enteré de que Krishna, por ejemplo, lo pintan azul…

Me siento agradecida.

Que haya armonía entre pensamiento y emoción, que haya sintonía entre las sensaciones y el cuerpo físico, que haya entendimiento entre el corazón y la mente, que haya sincronicidad entre la individualidad y el Todo, que haya un eterno Presente lleno de Amor Incondicional…

 

El vínculo con el padre y la madre.

mujer madre 1Existe un orden jerárquico en todo el universo; desde lo más grande a lo más pequeño y reconocer ese orden, respetarlo,  aceptarlo y ajustarse a él, hace la  vida más simple y sin esfuerzos .

Dentro de ese Orden y Leyes universales está el “honrar al padre y a la madre”. 

Ser madre o padre no es un oficio, es un estado,  que comienza a “gestarse” con el nacimiento del hijo y va tomando forma y realidad cada día, a la par que el hijo crece y se desarrolla.

El reconocimiento y respeto por las personas que nos han dado la vida, sin entrar en enjuiciarlos, nos hace cabales como individuos, nos proporciona la cualidad de completitud. Pero esto recién lo comenzamos a entender cuando nosotros mismos nos convertimos en padres y madres y entramos en el proceso, muchas veces doloroso, de deducir su verdadero significado,  en toda su extensión y profundidad.

La mujer gesta y alumbra al recién nacido, -el bien supremo-, y se convierte entonces en madre. Es esa cualidad y atributo lo que los hijos deben respetar y agradecer, independientemente de si ha sido “buena o mala” madre o padre.

 

Para que en una persona haya un desarrollo completo debe integrar interiormente a ambos progenitores. Desde ese registro consciente, como eslabón de un parentesco de sangre, uno debe asumir su identidad y reconciliarse de forma total  consigo mismo y con los que fueron dadores de su vida -haya sido consciente o inconsciente de ello-. Este es un proceso curativo para limpiar y liberar patrones emocionales que benefician inclusive a las próximas generaciones.

No le corresponde a los hijos juzgar a los padres. Porque las relaciones pueden romperse, podemos darle la espalda, pero el vínculo es permanente, perpetuo. El respeto hacia nuestros progenitores  es fundamental para sentir paz en el propio corazón. El reconocimiento y agradecimiento es esencial para que la llama del Amor permanezca viva y se extienda.