Experiencias de otra dimensión

Durante más de un año, en los momentos más difíciles de mi vida, todos los días,  recibí ayuda de mi guía interior que a través de un ejercicio de desdoblamiento de la Conciencia, me permitía llegar a él y pasar a otra dimensión. Es un ejercicio que se hace dentro de la Terapia Regresiva. Siempre iba primeramente a mi “jardín interior” y de ahí pasaba al “otro lado”, aquí os copio uno de esos momentos vividos.

Ayer bajé a mi jardín y me sorprendió enormemente.   Había allí un templo bajo tierra y conseguí llegar allí bajando por una cuerda. El templo era alargado, unos 500 metros. Su altura sería de unos seis metros. Habían siete grandes ventanales, con vidrieras multicolores, inmensos, y aunque estaban bajo tierra, había una extraña luz azulada que permitía ver en la oscuridad.

Después de echar lentamente un vistazo por toda la sala, sobrecogida por los tonos de luz que inteligentemente magnificaban el templo, reconocí la salida que siempre utilizaba para ir “al otro lado”. Empecé a subir las escaleras, situadas justo enfrente por donde había entrado en el templo pero a mitad de camino me paré y miré hacia atrás. En mi interior una voz me decía “más despacio. No hay prisa. Deja que las cosas sucedan. Éste es el ‘Centro del Silencio’. Quédate un rato más”.  Así que me senté en un escalón y me quedé allí un buen rato, sobrecogida por  el silencio y la quietud.

De pronto, presté atención pues llegaba a mi oído una melodía, tan alegre y con tanto ritmo, que no quise reprimir mis deseos de bailar ¡el lugar era tan ideal, tan espacioso y con una luz tan sugestiva!

Volví a bajar con ligereza los escalones que me separaban del suelo y sin pensarlo dos veces levanté los brazos, eché la cabeza hacia atrás y empecé a girar y a girar, esparciendo la más amplia sonrisa que daba de sí mi boca, mis ojos y mi cara toda, para que la recogiese la luz que, con tenues destellos azules, rojos y amarillos de las vidrieras me tenían embelesada, al parecerme que enfocaban directamente mi espontánea actuación. Sentía la brisa fresca acariciar mi rostro mientras movía el brazo derecho, haciendo círculos en el aire, electrizada, produciéndome un placer enorme. No pensaba en nada, sólo disfrutaba, dejándome llevar por el alma que estaba pletórica.

En un momento, dejé de ser yo misma para convertirme en la música que se dejaba oír. No sólo era la música en su globalidad; era cada uno de los instrumentos que la componían. Seguidamente pasé a escucharla desde “dentro” del sonido. Yo misma era el compás, el ritmo, cada vibración que la completaba. Era, además, el espacio donde se dejaba oír y por donde se esparcían las ondas. Y me sentí viva en la inmensidad de esos instantes, sin importarme el cómo, dónde, cuánto…  Entonces, sencillamente, fui también esa cálida luz.

Era un momento único, lo comprendí así después y por ello, al terminar, suspiré y volví a subir los escalones para dejar el templo, todavía el yo anonadado como para preguntar preocupado  “¿habrá más?”.

Seguidamente fui “Al otro lado”. Allí  hay más luz especial y el clima es muy húmedo. Me conozco muy bien el camino, lo he recorrido muchas veces. Es un estrecho sendero que bordea un precipicio bastante impresionante por su altura que lleva a las cataratas. Cada vez que llego a las cataratas lo primero que hago es refrescarme en el agua que cae como una lluvia fina sobre un pequeño lago rodeado de vegetación frondosa. Allí me espera mi Maestro.

Mi Maestro me había explicado que el agua de la catarata simboliza la Fuerza y el agua del lago simboliza la Serenidad; es la misma agua en dos fases diferentes. Cada vez me enseña algo nuevo y lo espero con gran curiosidad y alegría. Esta vez me lleva a una explanada  donde están dibujadas en el suelo “Las Tablas del Destino”. Son doce cuadrados con diferentes símbolos en cada uno de ellos y, según me explicó mi Maestro, correspondían a las diferentes etapas de la vida partiendo de los primeros siete años de vida,  sumando el número 7 hasta llegar al número 84… ¿será el año de mi muerte?…

Le pregunto a mi Maestro cuál es mi misión en esta vida y él me dice “cada persona debe ser un puntal de energía en el Universo. Un punto de Amor en el Universo, como una estrella. Si haces eso ya has cumplido. No hay más misión que esa para cada uno de los seres creados; difundir el amor siendo amorosos con los que nos rodean. Así de sencillo. No caigas en ilusiones; el viaje es el viaje del alma para la autotransformación”.

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