¿Qué es la espiritualidad?

Jesucristo atraía a miles de personas, le seguían aunque lo más probable es que no entendiesen sus palabras. Pero él irradiaba una Luz irresistible que beneficiaba a quienes le rodeaban; llegaba paz  a sus espíritus. Les transformaba. ¿Qué más hay que entender? Así ha sido y es con mucha gente santa e iluminada; desprenden una energía amorosa que produce atracción y reconocimiento de quienes vibran «en su misma onda«.

Nuestro espíritu vibra y se regozija cuando la Luz le envuelve. La espiritualidad es parte intrínseca de nuestra naturaleza; es el anhelo más íntimo de nuestro ser esencial por mantener viva la fusión con la divinidad.

Elevar nuestra frecuencia de vibración. Percibir y sintonizarnos con las energías sutiles que nos ayudan a trascender este plano material. Purificar nuestro corazón y llenarlo de amor y compasión. Cuando nos invade un sentimiento de inquietud e insatisfacción con nosotros mismos,  es nuestro cuerpo espiritual que nos está pidiendo que le alimentemos.

¿Cómo? Yendo al encuentro de nuestro ser. Anhelando ese encuentro. Yendo hacia adentro, donde está nuestro Templo y allí nuestro Maestro-Guía (Angel Guardián). Respirar profundo y guardar silencio, en perfecta calma. Y en esa quietud y paz, podemos hablarLe desde el corazón para luego -lo más importante- escucharLe.

Las religiones y las instituciones religiosas son y nos enseñan otra cosa muy distinta. Aquí estamos hablando de espiritualidad. Somos seres espirituales y no necesariamente «religiosos».

Sé lo que digo. He sido religiosa durante 20 años. He sido creyente practicante y cumplía diariamente con todas las obligaciones religiosas (por miedo a que Dios me abandonase, me castigase, … también por agradarLe, por ser buena creyente…). Pero el calor devocional de mi corazón se fue apagando; las obligaciones asfixiaban la espontaneidad y el anhelo del espíritu se difuminó y cayó en el hábito. La oración se convirtió en rutina …

La espiritualidad y la comunión con Dios es algo totalmente personal. Ni se puede imponer ni se puede convencer con palabras de su existencia. No se puede inculcar la fe, hay que experimentarla. No se puede obligar a rezar, hay que sentir esa necesidad. No se puede conocer a Dios si no existe primero ese anhelo ardiente por fundirte en Él.

Mi historia dentro de la sanación

Fue ya con 45 años, y después de haber dado muchas vueltas por el mundo, cuando por circunstancias muy especiales y viviendo en Irán, comencé a ayudar a los demás, sin tener yo misma ni idea de nada. Fue allí -ahora lo entiendo así- que Dios comenzó a guiarme en este sentido; hacia el servicio a los demás. Algunas  personas venían a pedirme ayuda y Dios actuaba a través de mí.

Un ejemplo clarísimo para mí fue cuando un día estaba yo rezando porque me sentía algo abrumada por la situación y le pedía a Dios en mi rezo que si realmente Él quería que yo me dedicase a ayudar a los demás debía darme los medios. Justo en ese mismo momento entró en la habitación mi hijo mayor llevando una bolsa en las manos “me han dado esto para tí, un señor filipino que se vuelve a su país y ha pensado que mejor te lo daba a tí; son medicinas”.

Yo nunca antes había oído hablar sobre la homeopatía y allí habían más de una veintena de frascos diferentes. Cuando venía alguien diciéndome que su hijo tenía algún dolor o fiebre, yo metía la mano en la bolsa mientras rezaba, sacaba un frasco y le daba unos cuantos gránulos. Jamás dudé era la mano divina quien elegía por mí. Y siempre, gracias a Dios, dio resultado.

De vuelta a España me olvidé del asunto hasta que yo misma me puse enferma, con un gran dolor en el pecho y los médicos me daban ahora este jarabe luego otro diferente y ninguno me quitaba el dolor. Una amiga me habló de las Flores de Bach y me hizo una fórmula. Inmediatamente me hicieron efecto. Maravillada comencé a estudiarlas, luego a tomarlas yo misma para conocer sus efectos y más tarde darlas a la gente a mi alrededor hasta que  después abrí un consultorio de medicinas naturales.

Por aquel entonces, finales el año 2000, que para mí ese año significó un renacer por una serie de acontecimientos personales, fui a Barcelona a un curso de Terapia Regresiva, sin tener ni idea de lo que me iba a encontrar. Entre los alumnos hacíamos prácticas y todos tenían vivencias de vidas pasadas. Conmigo fue distinto; yo aparecía en otro planeta o en medio del Cielo, postrada, ante un Rayo de Luz… y cosas así.

En otra ocasión y atendiendo un curso de Respiración Holotrópica donde a través de un tipo de respiración se consigue un desdoblamiento de conciencia que te ayuda a hacer viajes astrales, yo salí disparada como una flecha de mi cuerpo y una vez «arriba» una voz decía directamente a mi corazón «eres dadora de luz».

Me hice maestra de Reiki, como un regalo del Cielo y para mí es sagrada la práctica de conectarme, a través de los chakras, con mi cuerpo-mente y con mi maestro interior. Mucho tiempo después entendí el mensaje pues dando Reiki das Luz sanadora.

Y en eso sigo, dejándome guiar por mi maestro interior, dando gracias por ser tan afortunada de estar al servicio del Altísimo.

 

Creciendo en la prisa y muriendo en la tardanza

Hemos reducido a normas, creencias  y conceptos nuestra vida. Y todo ello enmarcado por  sentimientos de codicia, egoísmo, obligación, culpa,  miedos…  Si a esto -que llamamos nuestra vida- le añadimos la prisa que nos mantiene robotizados y esclavizados, el resultado es lo que todos sabemos y padecemos: infelicidad, insatisfacción con nosotros mismos.

Las nuevas generaciones crecen y como pueden se adaptan a la prisa de los padres y la sociedad. La comida rápida se ha tenido que idear para facilitar la marcha y el ritmo de todos. Y la aceptamos aún sabiendo lo poco que nos aporta; sólo llena los estómagos.  Y así todo; cubriendo de forma superficial y rápida las carencias. La deshumanización nos lleva cuesta abajo a toda prisa, a unos por el ciego desarrollo materialista y a  otros por la pobreza cruel que ciega y embrutece.

Pero estas exigencias que nos demanda este estilo de vida tan estresante, en el afán de tener más comodidades y abarcar más posesiones tiene un precio muy alto. Estamos padeciendo en alto grado, niños, adultos y ancianos,  todas esas enfermedades silenciosas del alma; soledad, tristeza, incomprensión, vacío, angustia, ansiedad, miedos, abandono… falta de amor

Recapitulación. Es tiempo de recuperar y atender nuestro espíritu, haciendo un camino evolutivo positivo. Desde la toma de Conciencia. Viviendo el Presente. Prestando atención y valorando al ser que somos, a la familia, a la Naturaleza, etc.

Siempre posponemos los cambios diciendo que es muy difícil cambiar. Pero ha llegado la hora  en que debemos sintonizarnos con el ritmo acompasado de las energías cósmicas para que nos lleven a la quietud y a la paz interior.

Lo que crece despacio y con amor se hace fuerte y bello. La ancianidad debería ser signo de sabiduría y serenidad.

 

La vida no es una competición

Si dentro de nuestro deseo de crecer espiritualmente comenzamos a perseguir resultados, ya nos estamos desviando del objetivo.

Si dentro de nuestros buenos propósitos de avanzar y ser mejores comenzamos a medirnos con los demás y a calcular -inconscientemente- cuánto nos falta para iluminarnos, ya nos estamos desviando del verdadero camino.

Y digo desviando, porque vamos a conseguir más de lo mismo aunque ahora lo pintemos de rosa; ansiedad, frustración, decepción…

La vida no es una competición; quién es más bueno, más creyente, más … quién más… Nos medimos por la cantidad. ¿Cuánto tienes tú? ¡yo más!…. Nos comparamos y nuestro ideal es siempre aquel otro que aparenta tener más de algo….

¡Qué difícil es dominar la mente y ponerla al servicio del corazón! Cuántos beatos se habrán ido al mismísimo infierno en su afán de ganarse el cielo en una carrera competitiva despiadada.

Hay que moderar los excesos y no perder de vista que el viaje es hacia la unión desde la compasión. Todo y todos estamos entrelazados formando un uno con El Que Da Forma.

 

¿Cuán infeliz eres?

No nos engañemos más a nosotros mismos… teniendo el deseo de ayudar a los demás como primer objetivo, sin ser capaces de ver lo necesitados que estamos nosotros mismos de atención, amor y perdón. Ese es el primer trabajo, ineludible. Si no te amas no puedes amar.

No nos descuidemos de nuestra responsabilidad primera; nuestra salud, nuestra felicidad. Esto parece ir en contra de las enseñanzas -malinterpretadas- cristianas que recibimos. Pero Jesús dijo «Ama a tu prójimo como a tí mismo».

¿Y qué  entendimos?  Desde este plano lineal lo entendemos como puro egoísmo si pienso primero en mí. Estoy mirando por mis intereses, egoístamente.

Pero Jesús hablaba al corazón. Y ahora, tú mismo, léelo desde tu corazón… ¿te amas. Cuánto te amas? ¿Cuán infeliz o insatisfecho contigo mismo eres?… y la raíz de la infelicidad está/somos nosotros mismos

Hay que salir de la mente-ego. Cambiar hábitos y creencias.

Mucha gente está en contra de las instituciones religiosas. No quieren ni oír hablar de ellas. Ni siquiera les gusta la palabra «dios». Y meten en un mismo saco toda idea que se relacione con un ser superior y divino.

No importa. Hay muchos que se dicen ateos y son creyentes a su manera. Lo único importante es no descuidar nuestro cuerpo espiritual que es lo que nos mantiene seres auténticos.

Ser consciente de mí

Primero comenzamos el trabajo de ser observadores de nosotros mismos con el objetivo de conocernos, de ver quién actúa a través del yo.

Nos damos cuenta entonces que son varios los que están ahí; por un lado la mente que procura dominar y dirigir al yo, luego está el corazón que desde las emociones quiere convencer para hacerlo de otra manera… y está quien observa a esos dos que es la Conciencia del Ser.

El conflicto y el sufrimiento en nosotros se crea cuando esas partes no están de acuerdo y en situaciones donde se requeriría la unión y la armonía, se desata la lucha.

En la medida en que la Conciencia esté presente en cada acto de nuestra vida cotidiana, estamos viviendo con todos los sentidos externos e internos; desde nuestro Ser.

Cuando consigamos esa fusión entre todas nuestras partes; cuerpo, mente, corazón y espíritu, entonces, desde ese equilibrio perfecto, viviremos con la certeza de que somos Luz, de que somos un Ser de Luz eterno, y de que nuestro propósito de vida es simplemente vivir la vida, como criaturas divinas que somos, desde la alabanza y el Amor universal.

Ya somos

Algo nuevo experimenté en la India este verano y ahora lo entiendo. Fue después de un tiempo, que capté mi estado -que ya era- de paz y calma mental. Cuando no hay conexión entre alma y mente, la mente en su inconsciencia de su ser total no se beneficia ni capta la armonía en que vive su alma.

De igual manera al revés;  la enfermedad o molestias  que las energías negativas de miedo, rabia, tensiones, etc. han pasado por el cuerpo etérico, mental y emocional bloqueándolos,  finalmente se manifiestan en el cuerpo físico.  Así mismo, al procesar las energías positivas causan un efecto al pasar por esas capas de adentro hacia afuera, expresándose como sentimientos de felicidad y contentamiento.

Mi yo no se hizo consciente, hasta algún tiempo después, de que ya mi ser -en mis capas más internas- estaba viviendo en un estado de gozo …  físicamente se hizo evidente más tarde …
Igualmente, ahora mismo, que estamos todos en un proceso de cambios  a todos los niveles -y creemos que no pasa nada o que estamos peor- estos cambios se harán visibles físicamente cuando en los demás planos más sutiles la tarea -de purificación- se haya terminado.

Los velos que nos separan de nuestro ser.

Existen setenta mil velos que nos separan de la Realidad. Es así y así lo experimentamos cuando de pronto se descorre un velo y nos deja ver con más claridad una situación que no sabiamos cómo resolver o cuando estábamos sumidos en la oscuridad y la confusión y de pronto aparece la solución o el entendimiento.

Estar fuera de la Realidad es pretender entender un escrito analizando la tinta con que se ha escrito. Un absurdo.

Estar fuera de la Realidad es vivir en la soberbia de creernos únicos habitantes del universo y que nos bastamos a nosotros mismos.

La inseguridad y confusión generalizada de hoy en día, que nos llevan a sufrir  enfermedades mentales,  degenerativas o autoagresivas, son la consecuencia de haber perdido esa conexión con la Realidad; de saber quiénes somos, cuál es el sentido y propósito de estar aquí…

Vayamos en busca de la Realidad. Retomemos y recuperemos  nuestra naturaleza. Retomar, redescubrir, reconstruir-nos … es lo que toca ahora.

La infelicidad no la ha creado algo externo, no nos engañemos. La infelicidad se manifiesta desde nuestro interior hacia afuera; es la insatisfacción con nosotros mismos. Es nuestra alma en pena por estar desatendida, no alimentada.

El desasosiego de nuestro corazón, que intentamos callar con fármacos, está indicándonos que el rumbo de nuestra vida está equivocado.

El vacío, la angustia, la ansiedad, qué pensais a qué es debido. Descorred los velos que os separan de vuestro ser esencial.

Si de verdad quieres, de una vez por todas, ir al encuentro de tí mismo, párate. Detén el tiempo por un momento y ve hacia adentro de tí. Recupera tu esencia.

 

Y si no mentimos, qué pasará?

Sabemos, pero a veces no queremos ver  lo correcto. No  interesa a una parte de nosotros y nos mentimos y mentimos a los demás.

Para algunos,  su vida está hecha de tantas mentiras que ya no saben distinguirlas de las verdades. Se quejan de agotamiento físico y mental, lo achacan a esto y aquello y prueban un montón de remedios, pero nada sirve. Porque la raíz de su agotamiento, en estos casos, es la energía que se gasta en  ocultar hechos o formas que tememos se sepan de nosotros.

Mentir  puede ser por diferentes causas: La persona  con mala fe, que es quien daña al otro mintiéndole para aprovecharse de él y no siente culpa por ello. Es el niño que culpa a otro mintiendo  abiertamente y sin remordimiento de sus fechorías.

Mentir por hábito y de forma compulsiva. Empezó de niño tal vez a mentir por pequeñas cosas o a exagerar,  y al ver que no pasaba nada, siguió mintiendo. Puede ser por miedo a ser castigado, a no ser querido, para ser admirado. Pero si no se corrige este mal hábito, siempre queda dentro esa insatisfacción consigo mismo.

Mentir por guardar una imagen. Camuflarse en la fantasía.  O por el qué dirán. En algunos casos, más que mentir es callar. Callar y no salir en defensa de la verdad. Los secretos familiares que ya se inculca al niño a no hablar fuera de casa. Esos secretos de familia que los niños heredan y no entienden pero les resulta terroríficos. Crean desconfianza hacia el entorno. Nadie debe enterarse de las vergüenzas de la familia.

Y si no mentimos, qué pasará?… Haced la prueba. Estad una semana sin decir ni una pequeña mentira.

El corazón os lo agradecerá.

Tres cosas que no nos dejan avanzar

Tres sentimientos son los que abren camino hacia la negatividad e infelicidad: El Miedo. La Duda. La Ansiedad.

Estas  energías negativas se van  entrelazando entre sí; unas atraen a las otras y se arremolinan cogiendo fuerza y espacio, formando una maraña. El espacio de posibilidades y opciones se estrecha, y ante la confusión, se va postergando el tomar decisiones y se va afianzando un estado de inmovilidad que primeramente consentimos y  que finalmente consideramos como normal y tomamos una actitud de resignación, apatía e infelicidad…. que luego ya no recordamos qué fue lo que nos llevó a ese estado.

En Terapia Regresiva hay un test muy sencillo que identifica claramente los sentimientos más profundos de nuestro subconsciente. Se lleva a la persona a que se visualice frente a un bosque.  Va preparada y con la intención de dar un paseo adentrándose en él. ¿Cómo es el bosque? ¿Hay camino? ¿Entra luz? ¿cómo se siente la persona al andar por él?

El bosque representa cómo ve y vive la vida esa persona. Hay quien entra en el bosque muy bien equipado o con una cestita en la mano y otros llevan un hacha. Unos tienen ante sí un hermoso camino muy iluminado y otras personas dudan de entrar, tienen miedo, y el bosque resulta oscuro y la alta malesa ha borrado el camino. Unos entran disfrutando del canto de los pájaros y otros están asustados temiendo aparezca un animal salvaje.

El Miedo, si está metido dentro de nosotros, nos llevará a la Duda;  ¿Sigo este camino o mejor el otro? ¿Y si me equivoco y era el otro el verdadero? Y ahí comienza la Ansiedad; ya nuestra mente se ha disparado y los pensamientos negativos se convierten en un bombardeo desmoralizante que desgasta toda nuestra energía. «no quiero continuar, me siento paralizada»…

Reconocer cuál es nuestra actitud ante la vida es el primer paso para comenzar a deshacernos de todo lo que nos inmoviliza y nos hace desdichados.

Tomar Conciencia de nosotros mismos  y descubrir nuestros miedos. Qué trampas utiliza nuestra mente para mantenernos inmovilizados.

Dedicarnos tiempo -cada día- a nosotros mismos y no dar por normal ninguna molestia física, ningún malestar emocional sino solucionarlos; mientras son pequeños es fácil hacerlo. Y lo que no tiene solución; elegir asumirlo y aceptarlo.