La vida no es una competición

Si dentro de nuestro deseo de crecer espiritualmente comenzamos a perseguir resultados, ya nos estamos desviando del objetivo.

Si dentro de nuestros buenos propósitos de avanzar y ser mejores comenzamos a medirnos con los demás y a calcular -inconscientemente- cuánto nos falta para iluminarnos, ya nos estamos desviando del verdadero camino.

Y digo desviando, porque vamos a conseguir más de lo mismo aunque ahora lo pintemos de rosa; ansiedad, frustración, decepción…

La vida no es una competición; quién es más bueno, más creyente, más … quién más… Nos medimos por la cantidad. ¿Cuánto tienes tú? ¡yo más!…. Nos comparamos y nuestro ideal es siempre aquel otro que aparenta tener más de algo….

¡Qué difícil es dominar la mente y ponerla al servicio del corazón! Cuántos beatos se habrán ido al mismísimo infierno en su afán de ganarse el cielo en una carrera competitiva despiadada.

Hay que moderar los excesos y no perder de vista que el viaje es hacia la unión desde la compasión. Todo y todos estamos entrelazados formando un uno con El Que Da Forma.

 

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