Mi historia dentro de la sanación

Fue ya con 45 años, y después de haber dado muchas vueltas por el mundo, cuando por circunstancias muy especiales y viviendo en Irán, comencé a ayudar a los demás, sin tener yo misma ni idea de nada. Fue allí -ahora lo entiendo así- que Dios comenzó a guiarme en este sentido; hacia el servicio a los demás. Algunas  personas venían a pedirme ayuda y Dios actuaba a través de mí.

Un ejemplo clarísimo para mí fue cuando un día estaba yo rezando porque me sentía algo abrumada por la situación y le pedía a Dios en mi rezo que si realmente Él quería que yo me dedicase a ayudar a los demás debía darme los medios. Justo en ese mismo momento entró en la habitación mi hijo mayor llevando una bolsa en las manos “me han dado esto para tí, un señor filipino que se vuelve a su país y ha pensado que mejor te lo daba a tí; son medicinas”.

Yo nunca antes había oído hablar sobre la homeopatía y allí habían más de una veintena de frascos diferentes. Cuando venía alguien diciéndome que su hijo tenía algún dolor o fiebre, yo metía la mano en la bolsa mientras rezaba, sacaba un frasco y le daba unos cuantos gránulos. Jamás dudé era la mano divina quien elegía por mí. Y siempre, gracias a Dios, dio resultado.

De vuelta a España me olvidé del asunto hasta que yo misma me puse enferma, con un gran dolor en el pecho y los médicos me daban ahora este jarabe luego otro diferente y ninguno me quitaba el dolor. Una amiga me habló de las Flores de Bach y me hizo una fórmula. Inmediatamente me hicieron efecto. Maravillada comencé a estudiarlas, luego a tomarlas yo misma para conocer sus efectos y más tarde darlas a la gente a mi alrededor hasta que  después abrí un consultorio de medicinas naturales.

Por aquel entonces, finales el año 2000, que para mí ese año significó un renacer por una serie de acontecimientos personales, fui a Barcelona a un curso de Terapia Regresiva, sin tener ni idea de lo que me iba a encontrar. Entre los alumnos hacíamos prácticas y todos tenían vivencias de vidas pasadas. Conmigo fue distinto; yo aparecía en otro planeta o en medio del Cielo, postrada, ante un Rayo de Luz… y cosas así.

En otra ocasión y atendiendo un curso de Respiración Holotrópica donde a través de un tipo de respiración se consigue un desdoblamiento de conciencia que te ayuda a hacer viajes astrales, yo salí disparada como una flecha de mi cuerpo y una vez “arriba” una voz decía directamente a mi corazón “eres dadora de luz”.

Me hice maestra de Reiki, como un regalo del Cielo y para mí es sagrada la práctica de conectarme, a través de los chakras, con mi cuerpo-mente y con mi maestro interior. Mucho tiempo después entendí el mensaje pues dando Reiki das Luz sanadora.

Y en eso sigo, dejándome guiar por mi maestro interior, dando gracias por ser tan afortunada de estar al servicio del Altísimo.

 

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