Experiencia desde la Terapia Regresiva

Este es un caso realmente sorprendente que me apetece compartir por lo ilustrativo y aleccionador. Una mujer de mediana edad, soltera, y que se define como solitaria y “modosita”, quiere hacer una regresión; no sabe cuál es su camino y cada vez se aparta más de los demás.

Retrocedemos a varias etapas de su vida y desde su niñez ella se sabe con gente a su alrededor pero no consigue ver sus rostros. Ni siquiera el día que cumple 8 años y su madre la viste como a una princesa, ella no logra ver la cara de sus amiguitos a pesar de sentirse feliz.

En toda situación que revive ella siente que “tengo que estar haciendo mi papel, como en una obra de teatro, pero lo único que deseo es disolverme…”

Le digo entonces “si tú no eres esa. ¡Se quien eres!”. Quedamos en silencio un buen rato y entonces le pregunto “¿Quién eres?

– Soy aire. Todo se ha disuelto. Estoy arriba en el aire. Simplemente soy… Soy árbol y soy roca… y siento como siente cada cosa…. Intento entrar en el agua enbravecida y sucia, quiero experimentarlo… es algo pasajero. Es sólo una experiencia. Al final todo se calma…

-quedamos en silencio-

De pronto me sorprende enormemente diciendo: Quiero entrar en el cuerpo de un depredador. Su tomo de voz ha cambiado; es firme, resuelta.

– ¿Qué depredador? -le pregunto.

-Un tiburón…  está programado para matar. Hace lo que tiene que hacer…

– ¿Y tú? -se me ocurre preguntarle algo desconcertada.

– Es sólo una experiencia… -largo silencio- Quiero entrar en el cuerpo de la víctima -me avisa de forma rotunda y me informa: se asusta, es mecánico… tampoco sufre, está programada para sentir miedo y deja que el papel (su rol) llegue a su fin.

Yo estoy callada. Siento que ella maneja la situación perfectamente y me va informando:

– Yo soy observadora. Soy el observado, la víctima. Soy todo al mismo tiempo.  Estoy en el océano buscando experiencias… Veo una pequeña isla con una palmera, voy hacia allí y me meto dentro de la palmera… me gusta ser palmera, el sol me acaricia; la palmera siente… estoy muy a gusto en la palmera.

Le digo:  Ve donde la niña que has sido, que está con su padre y su madre. Observalos ¿necesitas sanar algo?.

– La niña está ajena al mundo. Y ellos están cada uno en lo suyo. -responde- La niña necesita abrir la puerta de la Conciencia.

Aprovecho sus palabras para que hagan de puente y le ordeno: Tienes la puerta delante. Abrela.

– Estoy asomada en la puerta; entra el sol. Me atrae el sol, me eleva, me chupa, me dejo llevar, siento paz, calidez… Soy una parte de él… esté donde esté y haga lo que haga…. Necesito recargarme…

Después de un largo silencio, tiempo  que ella ha necesitado para absorber la energía cósmica, le digo: vuelve.

Nos hemos dado un gran abrazo muy emotivo; sus ojos estaban llenos de Luz.

 

 

 

 

 

 

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