Nos hicimos amigas después de que comenzó a venir a mi curso de «Entrenamiento para la Nueva Conciencia» , de esto hace ya algunos años. Al terminar la primera clase se me acercó para decirme le había gustado mucho pero que debía despedirse. La miré, algo extrañada, esperando continuase la explicación. Entonces me dijo sin pizca de dramatismo que padecía un cáncer terminal y según los doctores no llegaría a la semana siguiente pero que, bueno, le había gustado mucho la clase y que le hubiese gustado mucho continuar…
Por unos momento me quedé sin saber que decir, Pero finalmente le dije en el mismo tono que ella había empleado, más o menos así: «Bueno, te guardo la plaza por si hay un error de cálculo, vale?» y riéndonos nos dimos un largo abrazo.
A la semana siguiente que reanudamos las clases volvió; guapísima por la luz que desprendía. Dijo de forma muy bromista que los médicos nuevamente le habían dicho que no llegaría a las navidades y no podría comer turrones.
Cada semana, durante un año completo, esta mujer que tendría unos 45 años, vino a la clase por su gran fuerza de voluntad y al terminar se despedía con toda naturalidad por si no podía volver. Todo ello con una sonrisa y un agradecimiento de corazón inmenso.
Quiero vivir, me decía, pero quiero vivir disfrutando lo que me quede de vida. Estoy preparada.
Fue la que más provecho sacó de las clases pues se entregaba al cien por cien. Todas aprendimos de ella. Y abandonó su cuerpo con mucha paz, dejando una estela de Luz detrás de ella.
Me quedé con la duda de si tiene algún beneficio el que los médicos especulen con el tiempo de vida que le queda al paciente. Pienso que la mayoría de las veces ese pronóstico médico es el vaticinio y causa de la muerte, porque el enfermo entonces se abandona, se rinde.

Hace unos años durante la meditación sentí que Swamiji me decía «tienes que desear que venga». Mi maestro estaba en la India intentando venir a España desde hacía un mes pero tenía problemas con el visado. Me di cuenta en ese momento que realmente mis deseos de que él viniese no eran muy fuertes, al menos, no tenían la intensidad suficiente para intervenir en el curso de los acontecimientos para favorecer su llegada a España.
Vivimos desde una mente llena de pensamientos pero no sabemos pensar. Muchos nos hemos propuesto mejorar nuestra vida y también ser más felices pero no sabemos cómo hacerlo. ¿Qué necesitamos para comenzar el cambio en nosotros?
Somos Seres de Luz en potencia. Creemos que es por nuestro esfuerzo mental y disciplina física que estamos consiguiendo un crecimiento espiritual . Uno cree que es uno mismo quien decide, hace y consigue desde la idea del «yo» y desde la mente.
Pronto no quedará ni rastro de las últimas generaciones que hemos conocido el sabor real de un tomate … Recuerdo que en el año 1972 cuando me fui a vivir a las islas Bermudas que era como un apéndice de EE.UU., en los supermercados podías encontrar todo tipo de comidas precocinadas y congeladas. Para mí fue un shock y pensé entonces que los americanos estaban mal de la cabeza.
Por la edad que tengo, por haber metido la nariz en tantos lugares e historias, por querer experimentar la vida por mi misma arriesgándome siempre a tropezar con mis límites, es por lo que hoy en día no me siento con el deseo de convencer a nadie de nada. Solo comparto …
Antes de aspirar a iluminarnos tenemos que desarrollarnos como personas. Tenemos que recuperar cualidades nuestras que han quedado atrás, como la inocencia y otros muchos más valores.
Estamos hechos un lío. Demasiada información sin procesar en una mente sin gran capacidad para pensar y dilucidar. Mientras no vaciemos nuestro sistema nervioso de todos los conceptos -ya caducos- que nos han ido introduciendo en nuestro cerebro y que nos mantienen en un mundo ilusorio, no tenemos capacidad real para llegar a ser en esencia quien somos.
Tomamos posición en la vida, como las fichas en el tablero de ajedrez, … y ese posicionarse brinda ventaja o desventaja. brinda poder o derrota … Yo decido. Yo me posiciono. Yo tomo conciencia de mis talentos. Yo me hago valer poniéndome en mi sitio, en el sitio que me corresponde; yo lo elijo. Y en eso radica mi libertad.
En mi mundo astral, mi casa es enteramente de cristal y madera clara. Bajo unos escalones para salir al exterior. Fuera hay un prado enorme de hierba fresca que cubre todas las lomas que hacen pendiente y se pierden en el horizonte. Hay vacas, ovejas y caballos pastando libremente.