La auto-exigencia,como exceso, fácilmente deriva en enfermedad si no detenemos a tiempo esas auto-imposiciones desmedidas y ese ritmo feroz que nos obligamos seguir.
Además de crear insatisfacción e infelicidad, finalmente puede crear crisis de ansiedad y otros trastornos mentales como miedos, obsesiones, depresión y fobias. ¡Y hasta los niños ya comienzan a padecerlas!
De ahí la importancia de conocerse a uno mismo. La importancia de ser Observadores del personaje en nosotros que, en este caso, exige más y más, pero no encuentra el límite para sentirse satisfecho consigo mismo y disfrutar de la vida.
Son patrones quizá heredados o característica del propio carácter y naturaleza, que pasan a un primer plano de forma inconsciente y exagerada. Querer destacar, necesitar reconocimiento, sentirse valorado … puede ser un aliciente y nos ayuda a avanzar, pero cuando ya se convierte en un desafío más allá de nuestras limitaciones y una sobre-exigencia y sobre-esfuerzo, termina por repercutir desfavorablemente en nuestra salud física, mental y emocional.
El sistema educativo de competitividad no favorece en nada. El que los padres hagan comparaciones entre los hermanos o exijan a sus hijos más allá de sus capacidades, son el caldo de cultivo para tener adultos infelices.
Conócete a ti mismo. Acepta tus limitaciones y disfruta de tus talentos. Desarróllate al ritmo que tú te marques, de manera que te permita disfrutar de la vida.
Valora las pequeñas cosas de la vida. Respira hondo.


Como hoy termina un año parece inevitable que la mente se ponga voluntariosa a rememorar y contabilizar beneficios y pérdidas. Dependiendo de la edad que uno tenga, la mente y el corazón valorarán y priorizarán las cosas vividas de diferente manera y es natural que así sea.
Se despiertan las memorias y brotan emociones olvidadas o escondidas. Poco queremos saber de nosotros mismos. Da miedo enfrentarnos a nuestras debilidades … tenemos secretos que hemos decidido llevarnos a la tumba y cargamos con ellos, aunque ocupen un espacio que sería precioso para llenarlo de alegría … o tranquilidad.
Todos tenemos miedos porque los miedos razonables son necesarios: Nos previenen de los peligros y de extralimitarnos. Los miedos ajustan nuestras ansias de riesgo y fantasía.
La negación de nuestra parte divina surge del alejamiento y olvido de nuestro ser esencial. Y este hecho, con el paso del tiempo, ha creado una realidad exclusivamente material, donde no hacemos uso, por ejemplo, del conocimiento intuitivo.
Creemos que facilitándole la vida a los hijos van a ser más felices. Sin embargo ya están a la vista los primeros resultados de ser padres indolentes : niños perezosos que no quieren esforzarse para conseguir algo. Niños sin fuerza de voluntad. Niños egoístas, superficiales, con falta de concentración y sin inquietud por aprender. Jóvenes pendientes exclusivamente de su imagen.
Dicen que el temple era la religión de los templarios; los vigilantes de los caminos que conducían a los lugares sagrados.
¿Dónde estoy bloqueado? Aparece la necesidad de saber sólo con el despertar de la Conciencia. Surge al abrir los ojos del alma y darnos cuenta de nuestra situación insana de apatía y resignación. Surge cuando nuestro corazón apela a la verdad -ya sin miedo- y se siente capaz de sanarse, escuchándose a sí mismo.
La estafa emocional existe. El fraude emocional existe. Son delitos. Sólo el que no se ama a sí mismo cae en las trampas del que actúa por mala fe; para su propia conveniencia.