Mirar y ver

Cuando miras conscientemente entonces ves.

La mayoría de las veces solo miramos. Dirigimos la mirada en una acción física. Nuestros ojos captan sólo lo concreto.

Pero si al mirar además nos damos cuenta de lo que estamos viendo, ahí añadimos una percepción mayor que envuelve los cinco sentidos.

VER implica hacerte consciente de lo que miras.

Al ver me adentro en lo que miro. Soy parte de ello. Soy, me incluyo.

Miro las montañas pero para admirar su belleza y sentirlas tengo que verlas, desde mi corazón. Al verlas las siento vivas. Percibo su grandiosidad, su majestuosidad.

Al VER, mi Conciencia está activa.

Al mirar, mi vista se fija en algo concreto. Normalmente pasamos por alto lo que vemos porque se ha hecho tan evidente y habitual que ya no le prestamos atención…. dejamos de ver.

El VER nos permite descubrir, distinguir, Ver es el sentido de la vista desarrollado que nos llevará a vislumbrar e intuir lo que hay más allá de lo aparente.

Abramos los ojos del corazón.

Valorar la experiencia

La visión de la vida que pueda tener una persona de 35 años es natural que sea muy diferente a la de una persona con 40 años más vividos.

La perspectiva en el fondo difiere mucho, porque la experiencia acumulada ha disuelto en el mayor los condicionamientos que todavía limitan al joven.

Uno se agita en la competitividad mientras el otro sonríe desde la complacencia.

Cuando joven yo no tenía miedo a arriesgar y era impulsiva. Hoy me siento libre desde la observancia y la aceptación de ser quien soy.

Finalmente somos quienes estábamos esperando ser. Cuando nos hemos construido a nosotros mismos, nos convertimos en quien somos en espíritu.

Nos hicieron creer que había que competir. No, decididamente no.

No hay rival ni contrario. El sufrimiento surge de buscar el perfeccionismo que nunca llega … nunca nos satisface enteramente lo que hacemos “podría haberlo hecho mejor”…

Cuando a mi madre le decíamos lo rica que estaba la comida siempre respondió “podría haberme quedado mejor”. Esta es la educación falsa sobre la humildad.

Antiguamente los Clanes eran dirigidos por un grupo de ancianos. Es inteligente que el joven reconozca le falta mucho por aprender desde la experiencia, algo a lo que se tendrá que volver; escuchar a los mayores.

Medir las fuerzas

Viviendo en la Naturaleza la vida tienen otro ritmo y sabor, inclusive otras perspectivas e ideales. Vivíamos en comunidad cinco familias en la Sierra Aitana, en Alicante, en una Reserva de animales. Más que nada teníamos a nuestro cuidado unos 60 monos que vivían en libertad formando varios clanes. De ellos aprendimos muchas cosas, -a base de cometer errores- desde nuestra ignorancia y sentimiento de superioridad.

Una de las mujeres con la que compartía esta extraordinaria vivencia territorial era Elma. Era una mujer de 45 años con una personalidad muy fuerte. Ella dominaba el clan que habíamos formado. Me gustaba de ella su originalidad y espontaneidad. Pero chocamos alguna vez, de forma muy educada, al no dejarme manipular por ella. Nuestros desacuerdos estaban todavía por hablar y resolver.

Me acuerdo de una tarde, que estábamos las dos limpiando el restaurante. Habíamos retirado las mesas y las sillas para limpiar mejor. No sé cómo pero empezamos a jugar en el gran espacio que había quedado libre y sin premeditarlo nos transformamos en monos. No los imitábamos, no, hicimos una transformación perfecta y medimos nuestras fuerzas en un simulacro de lucha que, al igual que hacen ellos, es más bien de gritos y gestos amenazantes sin llegar a más pero en el que se esclarece quien es más poderoso. Resoplábamos, nos mirábamos a los ojos desafiantes, pegábamos saltos, hacíamos gestos provocativos de alarde de nuestra fuerza, sacamos fuera toda nuestra frustración lanzando unos gritos al aire muy elocuentes. Eran momentos al principio de gran tensión que fueron cediendo al puro divertimento.

Al final, cuando terminó la parodia, sudorosas y jadeando, nos dimos un abrazo muertas de risa.

La libertad de ser.

Anhelo por saber. Curiosidad por conocer. Incansable búsqueda.

Me hice católica a los 16 años. Me hice musulmana con 34 años. Entretanto me interesé por el budismo Zen. A los 45 años me aceptaron en la Tarika sufi de los Yerraji en Estambul. Y con 56 años me desembaracé de todas las formas y dogmas y me quedé con la esencia de cada una de ellas.

Me siento, igualmente, de todas partes -hija de la Madre Tierra- pues el haber viajado por el norte y por el sur, vivido tanto en oriente como en occidente, me han dado la certeza de que no hay un sitio mejor o peor, ni la buena gente está concentrada sólo en un lugar. Las cosas son según el color con que las vemos.

Todo depende de cómo respiramos. Desde qué nivel de Conciencia actuamos.

La libertad de ser, de corregir el rumbo, de equivocarme y volver a empezar, de no sumar fallos sino experiencias, de dejar el pasado atrás y vivir el presente sin miedos.

Hasta que llega el momento de que te das cuenta que no hay que salir fuera para encontrar lo siempre vivo. Se termina la etapa de “buscadora” y entras en el estado pleno de saberte completa; en paz contigo misma.

Parar el mundo

Vive con seguridad en ti mismo aunque no haya garantías de éxito.

Sintiendo satisfacción por tu esfuerzo aunque no haya reconocimiento ajeno.

Con alegría por ganarle a la voluntad que a veces flojea.

Con responsabilidad por la dignidad que te sostiene y la felicidad que te forjas.

Todo ocurre en el Presente y en la Presencia de tu Conciencia -si tu quieres que así sea- que está lista para ayudarte cuando te hayas deshecho de los condicionamientos del pasado y las expectativas del futuro.

Si quieres paz, sé la paz que deseas. Si quieres amor, sé el amor que necesitas.

“Parar el mundo” se hace necesario de vez en cuando para poder recomponer la idea que tenemos de él y de nosotros mismos; deshacernos de toda creencia obsoleta y cuestionar nuestra realidad.

Somos soberanos de nuestro propio dominio.

Cerca y lejos del tiempo

Físicamente sí. Pero en otra dimensión superior no existe el tiempo ni las distancias.

¿Qué perdemos cuando el tiempo se para y dejamos de existir para el otro?

¿Acaso se esfuman en el aire los sentimientos no expresados?

No quiero que exista el tiempo entre tu y yo, mientras estamos alejados uno del otro … mientras sanamos nuestras heridas.

Habrá sido un pestañear y ni eso, cuando llenemos el espacio vacío con un largo abrazo.

Porque no se trata de recuperar el tiempo … es como el viento … ¿a dónde se va el viento cuando deja de soplar cerca nuestro? ¿Acaso se agota, se pierde, muere y nace una y otra vez, siendo siempre el mismo?

No quiero pensar que existe el tiempo y se puede malgastar o perder. No.

Para sabernos vivos y sentirnos amados, aunque alejados físicamente, mejor dejemos deslizar los sentimientos, como el viento suave, para que el trayecto se resuma en un suspiro.

No existen las distancias. Sé que las estrellas me contemplan mientras yo las observo maravillada.

De igual manera, sé que te tengo, que estás en mi, como yo en ti, por siempre.