Fingir y aparentar

Uno está tan ocupado en mantener una imagen de sí mismo que resulte atractiva, simpática, modélica… por miedo a no decepcionar, no ser abandonado… uno pone tanta energía en ello que la mente se agota y al final de la jornada, cuando uno ya está sólo consigo mismo, viene el decaimiento y la frustración y el enfado y …

Recuerdo vino en busca de ayuda un hombre muy apuesto de unos treinta y pocos años. Era monitor de baile además de profesor de patinaje artístico. Me dice  que le afecta mucho el trato con la gente y que sigue estrategias para gustar a los demás. Guardo silencio y le observo más detenidamente; su imagen es perfecta.

-Me han dejado dos novias… las mujeres terminan dejándome porque soy demasiado blando y termino asfixiándolas. Necesito comprar el amor… soy sumiso.

El hombre va desgranando sus problemas sentimentales desde la desilusión y la desesperanza, se nota que tiene trabajada la introspección; se describe al detalle. En un momento que hace una pausa,  aprovecho para preguntarle por algo que ha dicho que me ha dejado llena de curiosidad “qué significa eso de que sigues estrategias para gustar?”

– Estoy siguiendo un curso donde nos enseñan cómo conquistar a una mujer, cómo gustar …

– ¿En serio?, me cuesta imaginarlo, ¿puedes darme algún ejemplo?

– Bueno, por ejemplo, voy con una mujer que me gusta andando por la calle y de forma casual me paro ante un escaparate de una agencia de viajes y le digo en tono distraído o medio indiferente que tengo una semana de vacaciones y tengo que elegir un lugar… ¿entiendes?, yo finjo,  tengo que fingir para gustar. Está todo planeado.

Nos miramos sin decirnos nada largamente. ¿Te estás escuchando lo que estás diciendo?, le pregunto despacio.

– Yo tuve una influencia muy negativa de mi madre, sólo le escuchaba decirme “eres nada”. Me castigaba con mucha crueldad. Mi padre era igual, muy desequilibrado. Con 15 años mi madre me dijo que me largase de casa.  Nunca me quiso.

Quizás ésta es una de las pocas veces que me implico emocionalmente con un paciente; cuando me cuenta cabizbajo sobre su sufrimiento,   la soledad tan temida y sus miedos al fracaso, el corazón se me encoge. No concuerda la imagen suya de hombre culto, distinguido y atractivo con las palabras que salen por su boca de niño desvalido.

Me parece terrorífico tener que fingir y escenificar una personalidad planeada para conseguir ser querido. Y mantenerlo debe ser desgastante; dónde queda guardado el ser quien eres.

Es muy triste; fingir y aparentar para que nos quieran.

 

 

 

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