Por la edad que tengo, por haber metido la nariz en tantos lugares e historias, por querer experimentar la vida por mi misma arriesgándome siempre a tropezar con mis límites, es por lo que hoy en día no me siento con el deseo de convencer a nadie de nada. Solo comparto …
Centrada en el corazón, ahora sé que podemos actuar sin seguir creencias y sin esperar nada a cambio. Desde la sobriedad, asumo mi responsabilidad. No tengo nada que defender.
Confío al cien por cien en las «fuerzas superiores» y en mis ángeles que me protegen y guían. Y esta certeza de que existe un Yo Superior, un Dios y toda una jerarquía divina -definámoslo como mejor nos sintamos- me la ha dado la experiencia de sentirlos, de vivirlos en mi, por la cantidad de veces que se han asomado a mi vida para protegerme, guiarme y hacer que coincidiese con alguien o algo que me iba a impulsar un poco más hacia mi destino. No existen las casualidades. Podemos tratar directamente con la divinidad.
Doy gracias a tantos años de disciplina férrea dentro del islam y el sufismo por fortalecer mi voluntad. Doy las gracias al REIKI que me ha ayudado a desarrollar la percepción y manejo de la energía cósmica y haberme proporcionado el conocimiento intuitivo. Doy gracias a las prácticas espirituales y transmisión de energía en la iniciación al yoga, meditación y mantra, que me ha proporcionado mi maestro Purohit. Doy gracias a la Madre Cósmica y a la Madre Tierra por abrazarme. Doy gracias a tantas personas que han pasado por mi vida para darme una lección de vida, por ser pacientes conmigo. Doy gracias a mis seis hijos por todo lo que me han aportado y por ser mis maestros en mi Camino.
No tenemos todo el tiempo del mundo… seamos agradecidos. Valoremos lo que tenemos y lo que somos…
Donde creemos que termina el horizonte, os aseguro que existe más vida.

En mi mundo astral, mi casa es enteramente de cristal y madera clara. Bajo unos escalones para salir al exterior. Fuera hay un prado enorme de hierba fresca que cubre todas las lomas que hacen pendiente y se pierden en el horizonte. Hay vacas, ovejas y caballos pastando libremente.
Doy gracias a Dios por el regalo que puso en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro espiritual.
Como terapeuta en Regresiones había aprendido una práctica que se llama «El Jardín Interior». Lo practiqué conmigo misma, de esto hace ya muchos años, durante bastantes meses. Me resultaba fácil entrar en una profunda relajación y adentrarme en mi subconsciente. Fueron vivencias increíbles. Llevaba un diario:
Me reúno con mi Ser. Me permite adentrarme en él como quien se adentra en un bosque.
Estaba pensando que cuando la mente no es campo fértil, los pensamientos quedan divagando en la superficie y no producen provecho alguno.


