Me explico

yo-fran2015Por la edad que tengo,  por haber metido la nariz en tantos lugares e historias, por querer experimentar la vida por mi misma arriesgándome siempre a tropezar con mis límites,  es por lo que hoy en día no me siento con el deseo de convencer a nadie de nada. Solo comparto …

Centrada en el corazón, ahora sé que podemos actuar sin seguir creencias y sin esperar nada a cambio. Desde la sobriedad, asumo mi responsabilidad. No tengo nada que defender.

Confío al cien por cien en las «fuerzas superiores» y en mis ángeles que me protegen y guían. Y esta certeza de que existe un Yo Superior, un Dios y toda una jerarquía divina -definámoslo como mejor nos sintamos- me la ha dado la experiencia de sentirlos, de vivirlos en mi, por  la cantidad de veces que se han asomado a mi vida para protegerme, guiarme y hacer que coincidiese con alguien o algo que me iba a impulsar un poco más hacia mi destino. No existen las casualidades. Podemos tratar directamente con la divinidad.

Doy gracias a tantos años de disciplina férrea dentro del islam y el sufismo por fortalecer  mi voluntad. Doy las gracias al REIKI que me ha ayudado a desarrollar la percepción y manejo de la energía cósmica y haberme proporcionado el conocimiento intuitivo.  Doy gracias a las prácticas espirituales y transmisión de energía en la iniciación al yoga, meditación y mantra, que me ha proporcionado mi maestro Purohit. Doy gracias a la Madre Cósmica y a la Madre Tierra por abrazarme. Doy gracias a tantas personas que han pasado por mi vida para darme una lección de vida, por ser pacientes conmigo. Doy gracias a mis seis hijos por todo lo que me han aportado y por ser mis maestros en mi Camino.

No tenemos todo el tiempo del mundo… seamos agradecidos. Valoremos lo que tenemos y lo que somos…

Donde creemos que termina el horizonte, os aseguro que existe más vida.

 

 

 

 

Anécdotas del astral

montanas-preciosasEn mi mundo astral, mi casa es enteramente de cristal y madera clara. Bajo unos escalones para salir al exterior. Fuera hay un prado enorme de hierba fresca que cubre todas las lomas que hacen pendiente y se pierden en el horizonte. Hay vacas, ovejas y caballos pastando libremente.

Yo me dejo caer y rodar, disfrutando del contacto con la hierba. Y bajo y bajo hasta un pequeño pueblo encajado entre montañas muy apretadas a lo hondo. Por ahí pasa un río que cruzo y sin parar de caminar, empiezo entonces a subir por la ladera de la montaña, por un sendero estrecho al lado de un precipicio.

Subo apoyada en mi bastón,  (me veo a mi misma desde arriba) y cuando llego a la cima está allí mi maestro,como cada tarde,  esperándome bajo un árbol. Nos saludamos y le digo que deseo sentir la cercanía de la Presencia Divina. Y él me dice dos cosas importantes:

– Primero, cuando dejes de juzgar, sentirás compasión por todos. Es entonces cuando estarás preparada verdaderamente para alcanzar ese estado de pureza.  Estar al servicio de los demás es mucho más que un deseo. Irradiarás la Presencia Divina y ella te guiará

Me puso el ejemplo de cómo actuamos cuando nos cubre la niebla. Empezó en ese momento a cubrirnos una niebla espesa y me dijo:

– A la niebla no hay que hacerle caso; no se puede luchar contra ella. Sólo esperar y dejar que pase y cuando pasa,  podemos nuevamente ver con claridad; comprobamos que todo sigue igual que antes.

La niebla comenzó a disiparse y entonces continuó: El segundo consejo sería que sólo tienes que dejar que las cosas ocurran; serenamente, desde la confianza absoluta, sabiendo lo que hay, aunque en esos momentos no seas capaz de ver. Confía, en que todo lo que tenga que llegar a ti, el Universo lo pondrá a tu alcance… sólo tienes que estar despierta.

 

 

 

Mi Maestro Swamiji Purohit

dsc01715Doy gracias a Dios por el  regalo que puso en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro espiritual.

Creemos manejar enteramente nuestra vida, sin embargo, el Destino introduce de improviso personas o situaciones totalmente inesperadas que hacen cambiar tu vida; ampliarla, darle más color …

Y así sucedió conmigo.   Justamente a finales de noviembre de 2007,  apareció casualmente quien es mi maestro espiritual desde entonces.

Visité en aquel tiempo a una amiga que me habló de él. Me dijo acababa  de llegar a Granada un maestro hindú experto en astrología y que iba a dar una charla esa tarde sobre yoga y meditación. Me animó a que fuese, poniendo miel en mi boca al decirme que también leía las manos y hacía la carta astral. Como son temas que  me fascinan fui.

Me encontré con un hombre de pequeña estatura y muy delgado, de mediana edad. Hablaba en inglés y tenía una traductora inglesa que yo ya conocía. Al finalizar la charla  dijo que nos iba a transmitir energía y haríamos una meditación.

Pronunció la palabra en sánscrito “diksha” que quiere decir “iniciación”. Sentí curiosidad pues yo, no hacía mucho, había participado en dos cursos de “Diksha”, donde había pagado bastante dinero por recibir una transmisión de energía que prometía expandir nuestra conciencia y llevarnos a dimensiones superiores. Y así fue realmente.

En la transmisión de energía que Swamiji nos dio,  pude reconocerle como un ser de Luz  y su energía me envolvió de manera muy especial. Al acabar, sin pensarlo, le pedí fuese mi maestro. Desde esa fecha hasta hoy mismo sigo sus instrucciones en las prácticas espirituales que imparte en cursos de más de cien personas en distintas ciudades de España.

No ha sido una travesía fácil. He sido testigo de sus comienzos, de cómo ha ido adaptando el lenguaje y las formas a nuestra mentalidad y también de su paciencia para con nosotros para bajar a nuestro nivel de comprensión y entendimiento en materias profundas como es la espiritualidad.

Con humildad, respeto y generosidad nos  guía,   haciéndonos ver que el mayor desafío es nuestro propio ego y mente.

 

Mis experiencias en otros Planos

mujer-de-espaldas-floresComo terapeuta en  Regresiones había aprendido una práctica que se llama «El Jardín Interior». Lo practiqué conmigo misma, de esto hace ya muchos años,  durante bastantes meses. Me resultaba fácil entrar en una profunda relajación y adentrarme en mi subconsciente. Fueron vivencias increíbles. Llevaba un diario:

«Vuelvo a mi Jardín cada día al atardecer. Allí me espera el Maestro como siempre. Hoy también al verme me indica nos metamos en el hoyo que nos conduce “al otro lado”. Es una inmensa catacumbas y de su techo cuelgan largas sogas pues el suelo ni lo vemos de tan hondo que debe estar.  Nos agarramos y nos balanceamos en las  largas lianas;  hacia atrás y hacia adelante, para coger impulso y saltar al otro lado donde está abierto hacia lo que parece la selva. En cada impulso decimos “no hay Verdad sino Dios”, “No hay divinidad sino Dios”, “no hay realidad sino Dios”… y finalmente nos soltamos dejándonos caer en el exterior, por  la entrada de luz.

El tiempo es muy húmedo y con niebla allá afuera en la selva y recorremos como siempre ese estrecho sendero hacia las cataratas. Una vez allí hacemos la ablución y rezamos. Lo hacemos encima de “las Tablas de mi Destino”. Fijándome en todos los símbolos ahí dibujados, le pregunto a mi Maestro en qué momento concreto estoy  y qué misión debo cumplir.

Él me dice: “Cada uno de nosotros debe ser un puntal  de la Energía de Amor en el Universo.  Debes ser un foco de amor, como una estrella. Si haces eso ya has cumplido. No hay más misión que esa para cada uno de los seres creados: difundir el amor siendo amorosos con los que nos rodean. Así de sencillo.

Las Tablas de mi Destino son amarillas y tienen como grandes cuadrados con un signo en cada uno de ellos que resultan extraños para mí. Nos disponemos a volver a mi Jardín pero le digo al Maestro que no me apetece hacerlo por el mismo camino  que hemos venido y él me propone hacerlo volando por encima de la montaña que hemos cruzado por su interior.

– ¿Podemos? -le pregunto asombrada.

– ¡Por supuesto! -me responde. Y dicho y hecho, me siento volando como si llevase un tul azul muy largo encima de los hombros que es el que me mantiene en el aire y me lleva de vuelta a mi Jardín.

…  Otro día bajé al Jardín como he ido vestida todo este invierno; de negro y con un pañuelo fucsia. Pero el Maestro solo verme hizo un gesto con la mano y me vi con un vestido blanco y me aconsejó que siempre fuese de blanco a partir de ahora.

Le dije que quería entrar en el Silencio y en un instante quedamos envueltos en unas nebulosas que nos elevaron entre colores azules y amarillos. No supe distinguir o saber en qué sitio estábamos. O si estábamos de pie tocando el suelo o boca abajo en el aire, o si estábamos los dos solos o había más gente, es más; ni tan siquiera sabía si teníamos cuerpo…

Cuando volvimos al Jardín, nos sentamos en medio del cuadrado amarillo,  y una luz que venía de arriba me entró por la coronilla y me sujetó a la tierra.

Me dijo el Maestro que en mi interior ahora se había asentado el amarillo y eso quería decir que ya tenía que entrar en acción: Estar alerta y pendiente de mi conciencia, hacer lo que me indicase y después esperar. De mis hijos no debo preocuparme, me dijo, ellos deben andar su propio camino y por lo demás esperar confiada.

 

 

 

 

 

Mi Bosque

bosque de oroMe reúno con mi Ser. Me permite adentrarme en él como quien se adentra en un bosque.

El Silencio en él es indescriptiblemente irreal, más allá de todo  lo imaginable. El aire que respiro, al entrar en las profundidades de mi Ser, explosiona en Amor.

Yo Soy Amor. El sentimiento de gratitud, por lo que estoy experimentando, se convierte en Dicha. Este sentimiento es como un manantial que he hallado en mi Bosque y brota incesantemente.

Mi mente quedó atrás y mi espíritu se eleva, … se hace difícil traducirlo en palabras.

Yo Soy todo lo que mi vista alcanza a ver.

Yo Soy todo lo que mi corazón logra percibir.

La LUZ es tan poderosa que me postro ante ella, por su magnificencia y liberalidad.

En ella se manifiesta el Espíritu del Creador Supremo, que Jesucristo llamó Padre.

Al respirar, inhalo su energía sutil y mi canal intuitivo se abre y se convierte en Camino.

Yo Soy UNO con mi Creador.

 

 

 

 

Estaba pensando …

yo fran 5Estaba pensando que cuando la mente no es campo fértil, los pensamientos quedan divagando en la superficie y no producen provecho alguno.

Cuando no se prepara la mente para discernir y percibir, los pensamientos quedan a merced del viento, y no vemos el beneficio.

Los pensamientos, las ideas, -los sentimientos que generan- deben echar raíces en el corazón  y enraizarse en nuestra alma. Entonces sí,  el campo será fértil y adecuado para que nos sostenga y nos nutra, en nuestro proceso de crecer de forma completa como seres humanos.

Estaba pensando que en las palabras está la ilusión de ser, del que no es, todavía.

Y allá donde habitan los pensamientos, la mente, es donde se fabrican esas creencias, manufacturadas,  que se denominan a sí mismas justificables y precisas.

Estaba pensando sin querer pensar en todo lo externo que nos fragmenta y nos divide de manera tan inmisericorde y absurda.

Estaba pensando, mientras procuro mantenerme en el Silencio, dejándole espacio a la Verdad que en mi habita.

 

 

 

Cuando no he tenido miedo

yo.fran2015Todo lo que he hecho cuando no he tenido miedo:

Cuando no he tenido miedo he podido viajar sin preocuparme demasiado por el dinero y sin preguntarme qué me encontraría después.

Cuando no he tenido miedo al ridículo y me ha apetecido cantar he cantado con el alma.

Cuando no he tenido miedo a aventurarme en lo nuevo, me he abierto paso y  he echado a andar con libertad.

Cuando no he tenido miedo a ser creativa, he podido crear.

Cuando no he tenido miedo a preguntar, he indagado con sinceridad y desde el corazón.

Cuando no he tenido miedo a  defender mi persona, he dicho con firmeza   NO o BASTA,

Cuando no he tenido miedo a innovar me he convertido en quien soy.

Recapitulación

yo.fran espaldasAhora que los planetas me son favorables, que todo está en orden, que se ha despejado el Camino, que me siento ligera y capaz de hacer, que -por fin- soy yo y me reconozco, me acepto y puedo ver mis sombras y ,mis luces con desapego y humor…

Ahora, que los años vividos, -con todos sus amaneceres y puestas de sol de  todos los colores habidos y por haber-,  ya han sido integrados y desde la serenidad aceptados … ahora que prefiero reír  y elijo la sencillez y el silencio…

Ahora, que no busco nada, ni deseo gran cosa, ni espero nada de nadie y me dejo fluir y sorprender…

Ahora, que valoro el momento, la sonrisa, el gesto amable, la mirada cómplice, el abrazo espontáneo, la calidez del amor en todas sus manifestaciones de todos los seres vivos…

Ahora, me siento agradecida infinitamente, en paz y en armonía con el Universo y la Naturaleza.

Gracias a todos los que han pasado por mi vida y a todos los que siguen cerca, gracias.

 

 

Haciendo camino. Aitana

caminoTenía 34 años, me sentía llena de energía, en los mejores años de mi vida.  Estaba viviendo en un piso de un pueblecito de Valencia, trabajando bajo estrés como directora comercial, con la responsabilidad de criar y educar a mis hijos que eran la razón de vivir. Pero no estaba contenta. No conseguía entender  la vida y cómo debía vivirla para sentirme satisfecha y en paz.  Lo que tenía claro era que como lo estaba haciendo NO me satisfacía.

Un día me pidió una pareja amiga que les llevase en el coche a la Sierra de Aitana en Alicante, donde vivía una familia muy querida para ellos. Me contaron que esta familia, lo habían dejado todo; su buena posición económica y social, por seguir sus creencias espirituales. Y para allá que nos fuimos.

No sé cómo sucedió, ya que ni siquiera había introducido la idea previamente en mi cerebro para procesar la posibilidad, pero… el caso es que una vez allí,  después de un par de horas de estar charlando amigablemente y oírles decir que a ellos no les importaría compartir la casa -que era muy grande- con otra familia, les pedí que me aceptasen vivir con ellos.

Se quedaron de una pieza. Me miraron boquiabiertos. No podían articular palabra y así estuvieron un buen rato: mirándome sorprendidos. Después me dijeron que lo tenían que pensar detenidamente. Que, claro, ellos habían pensado en una pareja que pudiese colaborar en los trabajos de la casa y el campo. Una familia con no tantos hijos, pues ellos ya tenían cuatro. Pero que lo pensarían.

Y sí, unos días después me contestaron que por muy loca que era la propuesta, ellos aceptaban que fuese a vivir con mis hijos a su casa. El caserón estaba en lo alto de una montaña y desde allí, como si de un palco privilegiado se tratase, teníamos una vista inmensa hasta el horizonte.

Fue la época más feliz de mi vida. Formábamos una gran familia. No hubo nunca una discusión entre nosotros. Todo asunto que tuviese que ver con el dinero lo manejaban ellos, aunque se tratase de comprar la ropa que hiciese falta para mis hijos. Lo poco que yo tenía se lo entregaba a ellos. Y así era feliz. Nos repartíamos todos los trabajos de la casa y el campo. Hacíamos el pan, mermeladas, recolectábamos la manzana y la almendra, cuidábamos de la huerta… hacer todo eso me gustaba muchísimo, pero sobretodo, me llenaba el paisaje. Nunca me sentí sola y mis hijos también eran felices.

Julio y Elma seguían las enseñanzas de un maestro de Indonesia. Hacían un ejercicio muy sencillo varias veces por semana de “conexión” con las fuerzas celestiales o con el Ser Supremo, como cada uno quiera llamarlo. La cosa era muy libre y no requería hacer ningún juramento o comprometerse a nada así que cuando Julio me preguntó si me quería unir con ellos a hacer el Látija le dije que si,  por curiosidad más que nada.

No había un lugar preestablecido, a veces nos íbamos a la era, debajo de las estrellas o también en el mirador que estaba más recogido y había unos asientos de piedra o dentro de la casa si hacía mal tiempo y los niños ya estaban acostados, daba igual el lugar. No había ceremonias ni rituales ni nadie dirigía ninguna oración colectiva, simplemente  cada cual vaciaba su mente y pedía a Dios sentir Su presencia. A partir de ahí cada uno integraba en sí mismo su propia vivencia.

La experiencia más fuerte que yo tuve es muy difícil de ponerle palabras sin empobrecerla. En mi interior, desde cada célula de mi cuerpo, siempre vibraba un mensaje:  “ten confianza”  que se grababa en mi corazón.

Haciendo camino

mujer,mar y pajaro             «Aquellos que desean cantar siempre encuentran una canción»

Había dejado de creer que la vida tenía  sentido  y por eso le reté al destino y me lancé a la aventura. A los pocos días de llegar a Ibiza tuve una experiencia que me marcó con fuego el corazón para siempre. Era agosto de 1978.

Me habían prestado por diez días una casita minúscula en lo alto de Ibiza capital donde vivían principalmente las prostitutas. Este era el plazo de tiempo que me di a mi misma para encontrar trabajo o si no me volvería a mi vida anterior.

Subía y bajaba  cada mañana buscando trabajo, empujando el cochecito de mi hijo de un año y acompañada por mi hija Kamala que ya tenía casi 7 años.  Recién me había separado de mi marido. No tenía dinero pero sí una fuerte decisión de conseguir mi propósito de quedarme allí a vivir y salir adelante con mis hijos. Por las noches oía el llanto de los niños que sus mamás habían dejado solos para poder ir a ‘trabajar’. La  miseria humana también tiene voz y  rompía el silencio de la noche arañándome los oídos. Era horrible.

Pero yo no permitía que nada ni nadie debilitase mi determinación y a esos que me decían “pero si estamos a mediados de temporada, es imposible encontrar trabajo ahora”, ni les escuchaba.

Ya en la novena noche, cuando  mis hijos se habían dormido, llegué al fondo de mi resistencia y sentí, asustada, -muy asustada-, que mi mente me iba a llevar a la locura. Me di cuenta que era un ser  frágil y dependiente…  ¿con qué contaba yo para salir de tal naufragio?

Había creído,  que era una cuestión de libertad e independencia lo que yo necesitaba para  desarrollarme como persona y ser feliz. Eran los demás los que me obstaculizaban mi camino. Pero ahora me daba cuenta que desde  la fantasía no iba a llegar a ningún sitio. Aparecieron en mi mente muchas preguntas que no supe responder.  Y ante ese vacío inmenso, que me produjo  vértigo,  me puse a rezar.

Estaba aterrorizada. No me acordaba cómo era la oración del Padre Nuestro. Comencé nerviosa  de forma torpe, parándome una y otra vez y volviendo a empezar. Luego, la repetí sin detenerme, una y otra vez, durante horas, hasta que pude acallar mi mente y mi corazón se sosegó. El día siguiente era mi último día para encontrar trabajo. Así estaba decidido desde el principio.

Toda esta situación que yo había creado, era mucho más profunda y vital de lo que aparentaba ser. Iba más allá del tiempo que yo había marcado y del lugar que yo había elegido como escenario para ‘encontrar mi libertad’.

A la mañana siguiente, iba yo por la acera con la mente ocupada en mis cosas, con mis dos hijos, cuando oí que detrás de mí alguien me llamaba.

– ¿Es a mí? –le pregunté al girarme con gesto de sorpresa  a una mujer que estaba a media calle.

– ¡Sí! ¿Estás buscando trabajo?

– Si –contesté lentamente llena de asombro mientras me acercaba a ella.

– Sube al primer piso de ese edificio. Hay un hombre alemán que busca una secretaria… la que tenía se acaba de despedir. Han discutido.

Sinceramente, yo miré disimuladamente a la espalda de la mujer, para ver si tenía alas de ángel. Para mí no había otra explicación y fue a partir de ahí, como dije antes, que mi vida, realmente, comenzó a cambiar.