¿Qué pasó antes? Para que haya un concepto de Tiempo tiene que haber Memoria. El tiempo pierde su sentido si no hay memoria.
Si no tengo memoria de antes,para mi no hay tiempo. Deja de tener sentido el pasado y sólo tengo un cúmulo de sentimientos, emociones, pensamientos, que se van borrando poco a poco… Al no tener sentido de Tiempo, no sé dónde colocarlos, las ideas se dispersan, me crean confusión . Inclusive, lo único que queda en mi memoria, lo único de lo que soy a ratos consciente, es de este momento… y en él incluyo lo que recuerdo de mi pasado, creando más conflicto a mi mente.
¿Cómo ubicarse en el Tiempo?
La Memoria y la Conciencia no están sólo en el cerebro. Podríamos decir que la Conciencia está fuera del Tiempo, forma parte del espíritu del ser y viaja con él cuando deja el cuerpo.
Pondré el ejemplo de mi madre que tiene 91 años y con un Alzheimer muy avanzado. Sólo recuerda que se llama Carmen y ese nombre está ligado al recuerdo de su madre que se llamaba igual. Con su padre está ligado el recuerdo de la música porque de pequeña bailaban juntos, «yo soy música» llegó a decir un día.
Sobre sucesos físicos no recuerda nada más, a pesar de que el hecho de tener siete hijos lo ha repetido incansablemente a lo largo de su vida, por haberse sentido muy orgullosa de ello. Pero ya no lo recuerda y hace un gesto de no importarle cuando se le pregunta: no es algo sustancial.
Sin embargo, tiene certezas sobre lo trascendente, sobre su Saber adquirido. Al ser una mujer espiritual, si le nombras a Dios, sí sabe a que te refieres. Si le recitas alguna oración religiosa, te mira a los ojos y asiente.
Entonces, en mi opinión, una cosa es la Memoria-tiempo que se pierde y otra bien diferente es la Conciencia-intemporal que es parte intrínseca del Ser.
Pensemos sobre ello. A mí, saber esto me tranquiliza, la muerte toma otra dimensión más profunda y trascendental.

La auto-exigencia,como exceso, fácilmente deriva en enfermedad si no detenemos a tiempo esas auto-imposiciones desmedidas y ese ritmo feroz que nos obligamos seguir.
Como hoy termina un año parece inevitable que la mente se ponga voluntariosa a rememorar y contabilizar beneficios y pérdidas. Dependiendo de la edad que uno tenga, la mente y el corazón valorarán y priorizarán las cosas vividas de diferente manera y es natural que así sea.
Se despiertan las memorias y brotan emociones olvidadas o escondidas. Poco queremos saber de nosotros mismos. Da miedo enfrentarnos a nuestras debilidades … tenemos secretos que hemos decidido llevarnos a la tumba y cargamos con ellos, aunque ocupen un espacio que sería precioso para llenarlo de alegría … o tranquilidad.
Todos tenemos miedos porque los miedos razonables son necesarios: Nos previenen de los peligros y de extralimitarnos. Los miedos ajustan nuestras ansias de riesgo y fantasía.
La negación de nuestra parte divina surge del alejamiento y olvido de nuestro ser esencial. Y este hecho, con el paso del tiempo, ha creado una realidad exclusivamente material, donde no hacemos uso, por ejemplo, del conocimiento intuitivo.
Creemos que facilitándole la vida a los hijos van a ser más felices. Sin embargo ya están a la vista los primeros resultados de ser padres indolentes : niños perezosos que no quieren esforzarse para conseguir algo. Niños sin fuerza de voluntad. Niños egoístas, superficiales, con falta de concentración y sin inquietud por aprender. Jóvenes pendientes exclusivamente de su imagen.
Dicen que el temple era la religión de los templarios; los vigilantes de los caminos que conducían a los lugares sagrados.
¿Dónde estoy bloqueado? Aparece la necesidad de saber sólo con el despertar de la Conciencia. Surge al abrir los ojos del alma y darnos cuenta de nuestra situación insana de apatía y resignación. Surge cuando nuestro corazón apela a la verdad -ya sin miedo- y se siente capaz de sanarse, escuchándose a sí mismo.