Telepatía

Mientras viví en un país del «tercer mundo», en la pobreza física más limitadora y embrutecedora, desarrollé un sexto sentido, para poder sobrevivir en espíritu. Me hice amiga de unas hormigas.

Me di cuenta un día, que ellas venían cada día a mi cocina a beber y a comer. Y me alegró tener visita y compartir cosas, dentro de mis posibilidades. Así que cada día les ponía un platito de comida en un rincón y otro con agua justo donde el grifo goteaba.

Les expliqué que me disgustaba anduviesen por todos los sitios de la despensa y os puedo asegurar que a partir de entonces, sólo iban a comer del platito. Y me encantaba ver, mientras yo fregaba platos, cómo calmaban la sed en el «abrevadero» y luego se iban. Siempre se mostraron respetuosas y agradecidas. Eran discretas. Yo les contaba mis cosas. Me comuniqué muy bien con ellas.

Cuando uno vive situaciones extremas, uno se agarra a lo que tiene a mano y eso le salva de perderse en la locura. Y no tan solo así, esa circunstancias insoportable -sea la que sea- es justamente la que te hace dar el SALTO y trascender la miseria humana.

Mi mente entraba en calma observando las hormigas y percibía su sentir -no era fantasía mía- me llegaba su energía y me maravillaba esa comunicación que sólo se puede alcanzar en esos casos extremos y puntuales de soledad pura y dura.

¿Existe la telepatía entre los seres vivos? Sí, doy fe de ello.