La Verdad.

La Verdad nace en nosotros mismos y no es para compartir.

Nuestra verdad es la válida mientras la escuchemos desde nuestra Conciencia. La Verdad sólo puede ser vivida en su pureza, en el interior de uno mismo. Debe ser mantenida a salvo de la corrupción exterior.

Porque cuando la Verdad sale afuera, queriendo ser compartida y divulgada, se empobrece, se corrompe, se desfigura… y entonces desilusiona, no es comprendida, es malinterpretada. Pierde su poder y es mal usada.

La Verdad se mueve por los caminos vírgenes de nuestro Ser. Sólo ahí brilla en todo su esplendor y nos resulta benéfica.

A la Verdad la custodia el Silencio, Testigo de ella es la Conciencia. Y sólo la impecabilidad la mantiene a salvo.

La Verdad alumbra la Realidad que todavía nos negamos a ver por miedo a que nos desilusione pues el mundo que nos hemos construido es ilusorio.

Sólo el corazón espiritual puro, es capaz de sentir dicha al escucharla. Sólo los buscadores de la Verdad tienen la paciencia y la valentía de ir detrás de ella, pase lo que pase, desde la certeza de que es la salvadora de nuestra dignidad.

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