Mi paso por el Islam

mujer en temploMe llevó a abrazar el Islam hace treinta años, mi intención sincera de transformación. Fue todo un reto el aceptar la obediencia a una doctrina y mi entrega a la Fe, para deshacerme de la vanidad y  el orgullo. Reconociendo mi ignorancia me sometí voluntariamente a una disciplina que borrase mi ego. Decidida desde mi sincera intención a doblegar mi yo para que asomase a la Luz mi espíritu. Deseaba forjar la voluntad con el ayuno y con la oración diaria. Quería romper patrones y hábitos. Buscaba la paz interior. Me sentía muy perdida.

Durante los primeros meses  todos estos cambios en mí, supuso para mi mente un bombardeo tal que finalmente la hizo romper en pedazos. Es muy difícil de explicar. Fue como darle la vuelta a un calcetín. De un momento a otro, cambié de nombre, cambié la forma de vestir, me deshice de  muchas costumbres e introduje muchas nuevas en mi vida… los cinco rezos diarios a horas concretas, prestar atención a nuevos valores como el recato, la discreción, el silencio, la purificación, atender lo sagrado, el continuo agradecimiento y alabanza a Dios, …

Todo ello por mi anhelo de sentir  la cercanía de Dios y la añoranza por revivificar todo lo espiritual en  mí. Mi decisión de vivir volcada y centrada en el mundo espiritual era tan fuerte que conseguí superar todas las pruebas.

… Después de muchos años desde aquel 1983 que entré en la comunidad musulmana en Granada, ya dejé de vivir la religión de igual manera… mi corazón se consumió tanto como mi ego…  Viví muchos milagros, debo decirlo.  Dios siempre me protegió y elevó cada vez que perdía las fuerzas.

Ya no soy la que era hace 30 años… cómo podría quedarme estática. … crecí en Conciencia de Ser.

No tengo las mismas necesidades -esas fueron cumplidas- ni tengo la misma visión de la vida ni de mi misma. No creo más  ni quiero nada más que me separe o que me haga excluir a otros.  Ya mi visión y percepción de Dios dejó de ser personal para percibirlo en la grandiosidad del Amor Puro Incondicional. El horizonte se me ha ensanchado y mi corazón también.

Una cosa es el mensaje de los profetas y otra distinta las instituciones religiosas. No quiero que la religión suponga la corteza que antes quería creer que me protegía y sostenía pero que luego sentí me aprisionaba y era dura y rígida. No quiero que la religión me empuje a practicar lo que  ella misma condena; la hipocresía, el disimulo, la falsedad, … ya que la represión inevitablemente es eso lo que alimenta. No quiero sentirme o creerme superior y poseedora de la verdad. No quiero participar en esa competitividad o rivalidad común entre los que se llaman creyentes.

Pero, yo no he dejado el islam o el cristianismo, su mensaje lo he sumado a mi Ser. Simplemente  he seguido mi camino espiritual, nada ha cambiado en mi intención y anhelo de cercanía a la Divinidad.

Todo en el Universo está en movimiento continuo, cómo pretender quedarse inmóviles en el tiempo…  me siento agradecida por la fortaleza interior que me proporcionó esa etapa de mi vida. Me abrió los ojos a una Realidad superior.

 

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