Erase una vez…

Erase una vez una joven llena de ideales pero también muy ingenua, que paseaba sola por un bosque, sin saber que la ingenuidad no es ningún valor sino todo lo contrario; es un peligro cuando no se tiene la habilidad de reconocer al depredador que se aprovecha justamente de los ingenuos …

Erase una vez, caperucita roja, que sin instinto de conservación, se dejó engañar por el lobo. La reprimida Blancanieves que no tiene capacidad para decidir y es vulnerable ante cualquier tipo de seducción, … O Cenicienta, que su docilidad y debilidad de carácter ante figuras crueles, representadas por una madrastra y hermanastras, no es precisamente un buen ejemplo de valentía ante sus derechos … tiene que esperar que un “príncipe” la saque de su condición de esclavitud…

Erase una vez, una joven que decidió recuperar su intuición, sus talentos, su vocación, su Ser… y se internó en un bosque que resultó ser la proyección de su vida. En la medida en que fue tomando conciencia de su realidad, el bosque se hizo más luminoso y el camino más claro.

En el bosque de cada cual, aparecen ladrones de Luz que acechan y atacan nuestra soberanía y libertad. Es entonces cuando tenemos que poner en marcha nuestra habilidad instintiva… Esos ladrones son nuestros miedos… nos toca ahora detectarlos, reconocerlos y hacerles frente.

Haciendo camino, desde la Conciencia de Ser, recuperamos nuestra naturaleza y esencia.

Anuncios

Especular no es meditar

meditacion violetaEl mundo espiritual se ha comercializado en el sentido de que si yo especulo en tener ganancias y conseguir beneficios personales y pretendo hacer transacciones con el maestro o con Dios directamente, todo estos deseos que vienen de la mente  tienen poco que ver con la espiritualidad. La vanagloria será un velo más que nos separe de la Verdad.

A la hora de rezar o meditar tenemos que salir de la mente. Tenemos que entrar en un estado de vacío completo y de humildad. Sólo desde la autenticidad de anhelar esa conexión con la Divinidad o simplemente ir al Silencio y Quietud Absoluta o ir al centro del Ser para sentir Su Presencia. Desde la entrega.  Entonces es cuando experimentamos cómo, desde el poder de la intención sincera, se crea una comunión y comunicación, acorde a nuestra  capacidad de apertura.

Se corre el peligro de desvirtuar o malinterpretar la espiritualidad. Mientras la mente siga dominando, ella se encargará de presentarnos una espiritualidad falsa que seguirá alimentando el ego. Da igual el escenario en que nos movamos, da igual el ropaje, da igual las creencias; mientras nos gobierne  la mente-ego estaremos atrapados en un mundo de ilusión. Entonces el fanatismo, la rigidez en las formas, la ceguera,  puede entrar por cualquier rendija de la mente.

Sólo actuando desde el corazón y con humildad se puede prevenir de caer en las trampas de la mente-ego.

 

 

 

 

PROMESAS

niña soplando deseo“Si te portas bien te compraré … te regalaré … de mayor serás … te amaré toda la vida … irás al cielo …”

Deberíamos desconfiar  de los que hacen promesas fácilmente. ¿Qué esperan a cambio? Es el arma de los desaprensivos y la presa más fácil son los incautos, los ingenuos y las personas  inocentes.

La promesa te hace esperar  ALGO MEJOR, quizás algo inalcanzable pero como confías ciegamente en quien te promete, le crees. La promesa,  del experto en hacer promesas, te obnubila a una dimensión irracional y el corazón deja de intuir el peligro a la estafa.

Las promesas siempre se escriben en mayúsculas y se colorean bien bonitas. También se susurran al oído … para que entreguemos nuestra Voluntad …

Cómo reconocer al embaucador,  al que promete consciente de que no va a cumplir con su palabra. Son las persona que tienen el don de la oratoria y el carisma para atraer interesadamente a la gente.  Muchos de ellos se hacen políticos y expertos en ventas de cualquier cosa. Este tipo de gente llega un momento en sus vidas que, de tantas mentiras que dicen, de tanta exageración, ya no saben cuál es la pura verdad; viven en un mundo de ficción que termina atrapándolos.

Por todo ello, no hagamos caso a las promesas de nadie. Aprendamos a seguir a nuestra intuición que es la mejor consejera.