
El Amor como sentimiento es algo que se vive a nivel físico y en el Plano terrenal y carnal. El Amor que conocemos es la capa superficial o corteza de nuestra Esencia.
Y ese amor lo poseemos y le exigimos creyendo somos sus amos. Lo gozamos o lo sufrimos desde nuestras expectativas y apegos mentales.
Ese amor que conocemos, está distorsionado por nuestra ignorancia y soberbia. Está posiblemente contaminado por los celos, la inseguridad, los miedos, el ansia, la falta de respeto por el otro …
Pero el AMOR es mucho más que pasión. Es mucho más que enternecerse. El Amor ES quien somos.
No tiene razones de ser, ES, porque es el principio vital que nos anima a vivir.
Fluye. Envuelve. Penetra. Abarca. Emana. Inspira … El Amor no necesita de explicaciones; se SIENTE, se EXPERIMENTA, se VIVENCIA.
El Amor lo es todo desde su pureza e incondicionalidad.
Si se corrompe, se apaga.
Si se constriñe se seca.
Pero la simiente siempre queda y en cualquier momento resurge, explosiona, se expande.
Porque simplemente ES y siempre ES, en Presente, el reflejo del Absoluto.


La conexión con la divinidad debe hacerse desde la madurez mental y emocional. La claridad mental nos acerca a la Verdad. Las creencias deben transformarse en experiencias. Se ha hecho necesario el posicionamiento correcto de nuestro Ser para tomar las riendas de la vida en todos los aspectos. La espiritualidad es uno de ellos.
Estar «infectado» o «intoxicado» o «envenenado» o «asfixiado» sucede cuando el Miedo nos domina, y si se ha instalado en la mente o en el corazón los síntomas son de ansiedad y angustia profunda.
Pueden suceder dos cosas en el juego de la vida: Que tu mismo bloquees el juego, por miedo a perder. O que te arriesgues y sientas que si pierdes habrá valido la pena porque lo importante era participar y dar lo mejor que uno sabe hacer.
Nos encerramos pero hay salida. Nos quedamos con patrones fijos pero hay posibilidad de salir de ellos y crear unos nuevos.
A ratos estoy a la defensiva, a ratos me desplomo y cedo, a ratos ataco, otros ratos imploro y alzo la voz o me callo, lloro …
Cada uno tiene varios estilos de expresión según las circunstancias lo requieran pero hay personas en las que las emociones les pueden crear serios problemas si se mueven en los extremos y de forma contradictoria. También están esas otras personas tan rígidas y rigurosas que en toda circunstancia tienen la misma forma de actuación, no permitiéndose expresarse con libertad.