¿Qué es normal?

Normalizar una forma de vida no garantiza sea la correcta. Y la prueba está en que habíamos normalizado la infelicidad, los miedos, la ansiedad, el alejamiento de nosotros mismos: llevar una vida mecánica.

Habíamos aceptado el estrés y la culpa como parte de nuestra carga. Habíamos aceptado vivir para trabajar.

Habíamos regularizado el tiempo de los hijos acorde a nuestras necesidades y no la de ellos. Y esa es quizás la parte más tremenda o igualmente horrenda a cómo se han ido encaminando nuestras vidas, las de la inmensa mayoría de los trabajadores, sin más posibilidades que las de sobrevivir.

Ahora, desde nuestro confinamiento y detención del tiempo y de la economía para todos, podemos ser observadores de lo que nos pareció NORMAL como vida, creyendo que no podía ser de otra manera.

Ahora, una nueva Era se presenta ante la Humanidad y muchos están descubriendo en sí mismos, virtudes como la solidaridad y la compasión.

Ahora, muchos están cambiando el orden de sus prioridades, descubriendo el valor de la familia y de que, llevar una vida más sencilla y calma, no solo es posible sino que además nos hace más felices.

Podemos vivir más acordes a nuestra naturaleza.

Hemos estado perdidos en la Mente, ahora es tiempo de ir al corazón.

Castigo a los violadores

Si queremos terminar con esta lacra de violadores que creíamos por los años 60 que se terminaría con la “libertad sexual” y ahora vemos que ha empeorado en crueldad y sadismo, tenemos que profundizar en el problema para poder erradicarlo.

Que la Justicia condene a penas máximas a los violadores es algo que debe hacerse ya. Pero el castigo carcelario no es suficiente ni garantiza el que esos hombres vayan a ser reeducados correctamente al salir de la cárcel. Al contrario, muchos salen resabiados y más firmes en sus patrones de conducta.

Yo me pregunto por las madres de esos hombres …

Si buscamos la raíz de este problema tan atroz contra la mujer nos vendrá la imagen de una madre que, al no valorarse, no sabe transmitir a sus hijos el respeto que se le debe a la mujer.

Estos varones necesitan además atención psicológica para poder reinsertarse en la sociedad.

Y la MUJER debe posicionarse y plantarse firme en su esencia. Ella es la educadora, la sabia, la guardiana del hogar, la mujer medicina, la regidora desde el corazón, la guerrera de almas. Para que pueda transmitir a sus hijos y hijas, el valor del ser humano.

La madre ausente

mujer madre2Hablar de la madre ausente me toca de lleno, así que no es fácil. He tenido una madre ausente y yo jugué el mismo patrón sin ser consciente de ello.

Es cuando los hijos te pasan factura cuando comienzas a darte cuenta, no sólo de cómo han influido en ellos tus propias carencias sino también cómo las historias se repiten dentro de la familia. Y te sorprendes al experimentar tan de cerca el asunto de los “patrones heredados” … creías que lo estabas haciendo -si no bien- al menos haciéndolo lo mejor que sabías y podías pero … los que vienen detrás reclaman que revises tu proceder, no les sirve que pidas perdón cien veces; han sido lastimados, arrastran traumas, han sufrido y TÚ como madre ¿dónde estabas?

Perpetuar el título de “madre ausente” me parece injusto. Cuando mi madre comenzó a perder la memoria inmediata y ésta quedó anclada en su niñez tuve la oportunidad de conocer, a través de ella misma, su historia. Se casó con 17 años, siempre fue una mujer callada, viviendo a la sombra de su marido. No recuerdo haber tenido alguna conversación con ella ni en mi niñez ni en mi adolescencia. Fue una “madre ausente”, y esa fue mi referencia como madre.

Estos últimos años he aprendido a amarla. A aceptarla, sentir compasión y pedir perdón por ella y por mi. Su propia madre no tuvo tiempo para dedicarle a la cantidad de hijos que tuvo; tenía que atender el negocio de panadería todo el día. Así que ella misma no tuvo referencias de una madre amorosa porque las circunstancias de la vida eran muy duras en aquel entonces.

Es verdad, yo tampoco he estado. He cargado con la enorme culpa muchos años. Y acepté silenciosamente la revancha de indiferencia hacia mi; parece ser que los hijos tienen ese derecho de castigar a la madre mientras son adolescentes. Ya les llegará el momento de madurar.

Yo me pregunto ahora, cuando los hijos ya son mayores ¿se han parado a averiguar dónde estaba la madre?, ¿Cómo estaba?, ¿Qué hacía?

Seguramente no estaba en un bar ni de fiesta o con amigas o con un amante, descuidándoles a ellos. La mayoría han estado trabajando. También ocupadas en reponerse y remontar su propia vida. Interiormente solas, ellas también.

Y no hablo así para justificar la ausencia y la necesidad que tienen los hijos de la guía y amor de la madre. Sino para hacer un llamado de atención e intentar entender al otro, aceptando y comprendiendo las circunstancias de la vida. Perdonando y amando a quien nos dio la vida.

Y hablo ahora como hija: El amor a la madre debe ser incondicional si queremos que nuestro corazón viva en paz.

Hablemos de mujeres

mujer angel rojosA los hombres les resulta cada vez más difícil entender a las mujeres. No hace tanto que no tenían problemas porque la mujer estaba educada para ser sumisa, sacrificada, tolerante, abnegada, quedarse en la sombra, … todo por el bien de la familia, de los hijos, de la sociedad … era la actitud decente y angelical  que se esperaba de ella …

Pero este sistema patriarcal ya ha quedado obsoleto.

Hoy en día todo ha cambiado; la mujer descubre su poder, su fuerza, su creatividad, sus capacidades y muchos hombres se sienten perdidos pues en su programa mental no aparece esa información ni posibilidad. Han quedado desfasados.

El hombre necesita ayuda. El hombre, que no haya en él también, una dosis amplia de energía femenina, es incapaz de entender -por mucho que se lo proponga- cómo puede ponerse a la par de la mujer, como compañero, amigo, esposo, padre, sin que choque con esas formas machistas heredadas. Requiere tiempo y enseñanza práctica.

El hombre que no se ha puesto al día, necesita equilibrar su naturaleza masculina con energías más propias de la mujer como la sensibilidad, ternura, compasión, para poder así ser partícipe de la naturaleza femenina y también ser más cómplice de todo lo que ella le puede aportar.

No tener miedo es lo importante. Son tiempos nuevos. La fuerza masculina tiene que ser encauzada, redirigida, por otros cauces; hacia el amor y el respeto.

 

 

El vínculo con el padre y la madre.

mujer madre 1Existe un orden jerárquico en todo el universo; desde lo más grande a lo más pequeño y reconocer ese orden, respetarlo,  aceptarlo y ajustarse a él, hace la  vida más simple y sin esfuerzos .

Dentro de ese Orden y Leyes universales está el “honrar al padre y a la madre”. 

Ser madre o padre no es un oficio, es un estado,  que comienza a “gestarse” con el nacimiento del hijo y va tomando forma y realidad cada día, a la par que el hijo crece y se desarrolla.

El reconocimiento y respeto por las personas que nos han dado la vida, sin entrar en enjuiciarlos, nos hace cabales como individuos, nos proporciona la cualidad de completitud. Pero esto recién lo comenzamos a entender cuando nosotros mismos nos convertimos en padres y madres y entramos en el proceso, muchas veces doloroso, de deducir su verdadero significado,  en toda su extensión y profundidad.

La mujer gesta y alumbra al recién nacido, -el bien supremo-, y se convierte entonces en madre. Es esa cualidad y atributo lo que los hijos deben respetar y agradecer, independientemente de si ha sido “buena o mala” madre o padre.

 

Para que en una persona haya un desarrollo completo debe integrar interiormente a ambos progenitores. Desde ese registro consciente, como eslabón de un parentesco de sangre, uno debe asumir su identidad y reconciliarse de forma total  consigo mismo y con los que fueron dadores de su vida -haya sido consciente o inconsciente de ello-. Este es un proceso curativo para limpiar y liberar patrones emocionales que benefician inclusive a las próximas generaciones.

No le corresponde a los hijos juzgar a los padres. Porque las relaciones pueden romperse, podemos darle la espalda, pero el vínculo es permanente, perpetuo. El respeto hacia nuestros progenitores  es fundamental para sentir paz en el propio corazón. El reconocimiento y agradecimiento es esencial para que la llama del Amor permanezca viva y se extienda.

 

Juzgar a los padres

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No es fácil  perdonar a quien nos ha hecho sufrir. Pero se hace necesario sanar las heridas emocionales,  para poder continuar la vida desde la armonía y la paz con uno mismo.  Y todo ello sólo es posible abriendo el corazón desde el perdón, en busca de la reconciliación con uno mismo.

El caso es que uno llega a la conclusión -en la madurez de la vida-  de que no tenemos nada que perdonar.

En la adolescencia se piensa que las cosas son blancas o negras, que las decisiones se toman  diciendo si o no, que las situaciones son fáciles de distinguir pues son buenas o malas, que existe la buena o mala suerte, y… pensando así, es como  cometen el error de juzgar a los padres desde una visión parcial y superficial…

No les sirve conocer la explicación de que, por ejemplo, cuando  niño, efectivamente la madre no pudo ocuparse de él porque estuvo con una hepatitis a punto de morirse y le llevó un año recuperarse y coger fuerzas para seguir viviendo… el ahora adolescente sólo tiene en cuenta su sufrimiento y sentido de abandono, y  eso es normal.

Hoy en día muchísimos jóvenes dicen que no quieren tener hijos… y volvemos a la actitud del “si / no”. Pero la vida no se resuelve así: “No tengo hijos y así no hago desgraciado a nadie y no soy responsable de ello…” … este es el razonamiento simple e inmaduro del me gusta, no me gusta, quiero, no quiero, bueno malo … Pero la vida tiene infinidad de matices y entramados… e inclusive podríamos decir que está la parte kármica …

El ser humano aprende muchas veces desde el error, el arrepentimiento, el conflicto. Es desde la experiencia y el riesgo como logra crecer como persona. Se hace buen padre y buena madre desde su inexperiencia como tal; cometiendo errores, corrigiendo patrones… es inevitable.

Pero muchos jóvenes no admiten ni perdonan el fallo en los padres y su resentimiento hacia ellos lo mantienen vivo en cada momento de sus vidas en que se sientan desgraciados o infelices ellos mismos… castigándoles por sus propias frustraciones, haciéndoles responsables -para siempre- de todos sus momentos malos… recordando machaconamente el que son víctimas de una infancia infeliz por esto o por aquello que ya han magnificado, enmarcado y colocado en el centro de sus vidas.

Jueces severos que no escuchan ni intentan comprender a la otra parte. Pero esa otra parte no es cualquiera: se trata de quien les dio la vida. De forma más o menos afortunada, con todo el sacrificio y buena voluntad que supone…también desde su inexperiencia, egoísmo, inconsciencia …. y también dentro del imparable vaiven que supone vivir sin que se les haya enseñado la difícil tarea de  ser padres …

¿Quién soy yo para juzgar y conceder o no el perdón?   Si mi corazón no es capaz de sentir ternura por quien me dio la vida, dejando a un lado todo lo circunstancial que la pudo hacer insufrible, al menos llevemos paz a nuestro corazón, aceptando lo que fue y liberándonos del dolor, a través de la aceptación.

Si no lo quieres hacer por ellos, al menos hazlo por tí mismo.

 

 

¿Libre albedrio, karma, destino?

hombre y universoMe preguntan sobre la contradicción y la confusión entre el libre albedrio, karma y destino… En mi caso, según mi carta astral, donde están marcados los seis hijos que he tenido, al mismo tiempo está señalado la misión del alma como monje y maestra espiritual.

Así que podriamos pensar que el haberme casado y haber tenido hijos ha sido un error que me ha impedido hacer lo que he venido a hacer. Pero no es así, porque finalmente, por muchos atajos que tomemos o nos desviemos por caminos secundarios durante años, al final, llegas a donde tienes que llegar y cumples con tu cometido.

Lo circunstancial de nuestra vida nos puede llegar a confundir y hacer que nuestra inconsciencia e inercia nos aleje de nuestra naturaleza esencial.

Puedo dar el ejemplo de muchas mujeres que traté en una cárcel a la que fui durante un tiempo  de voluntaria. Las personas que no luchan por cambiar su “suerte”, las que se resignan y aceptan su sino de haber nacido en una familia y ambiente adverso y no hacen nada por salir de esa condición y cambiar su destino, se refugian en la creencia de un mal karma o mala suerte. Sienten que la vida les ha tratado mal e injustamente. Pierden su oportunidad.

Mientras nos justifiquemos y nos sintamos víctimas, estamos  maniatados y desarmados mentalmente, pues la resignación es la peor de las actitudes. Es no saber ni creer que  existe la Fuerza de Voluntad y nuestra capacidad y poder para cambiarnos y para cambiar nuestro alrededor. En el libre albedrío que nos ha sido dado  está la oportunidad de cambiar todo lo circunstancial desfavorable de nuestra vida.

La quiromancia  señala que “con las líneas de la mano izquierda se nace y las de la mano derecha se hacen”

En la naturaleza de cada uno hay toda una serie de cualidades, capacidades y oportunidades pero depende de cada uno que las utilice o no. Es verdad que unos lo tienen más fácil que otros pero también es verdad que muchos de los que lo tenían fácil no lo supieron aprovechar y otros en cambio que lo tenían en principio muy difícil lograron llegar muy lejos, utilizando la adversidad como combustible para crecer.

Los hijos son espejos donde mirarnos

mama y niña africanaLograr que la Mente entre en quietud quizás sea lo más difícil de conseguir para cualquier humano de los países llamados desarrollados.  Y la razón es que por nuestro estilo de vida donde hay estimulación  mental  constante   se nos hace imposible aquietar la mente sencillamente porque no se nos ha enseñado a disfrutar del  silencio y  la quietud mental… pero eso sí, al niño le decimos que se esté quieto y callado.

Hemos arrastrado a los hijos desde que nacen a una forma de vida totalmente estresada y con un ritmo frenético. Y ahora estamos padeciendo el resultado de ello .  Lo que padecen los padres lo sufren los hijos; ellos tampoco saben qué hacer  con tanto pensamiento y ruido invadiendo su cerebro:  ansiedad, insomnio, cansancio físico y mental, falta de concentración y todos los problemas relacionados con una mente hiperactiva, desubicada, confusa, dispersa… a la que no se la enseña a descansar y a pensar.

Niños de cuatro y cinco años con problemas graves de comportamiento violento, antisocial, hiperactivo, pesadillas nocturnas…  Un caso como éste me presentó un matrimonio joven hace unos días;   su hijo de cinco años con el que habían agotado todas las esperanzas, habiendo ido a distintos  médicos y hasta un  curandero, según me contó la madre con lágrimas en los ojos. Me confesó que el matrimonio se estaba yendo al traste por culpa del niño. El marido con depresión crónica y ella con los nervios totalmente rotos. Achacaban todas sus desgracias al comportamiento del niño que dicen ya nació llorando sin parar y muy nervioso.

La medicina oficial receta al niño tranquilizantes y jarabe para dormir… como única solución que conocen. Parches para síntomas que tienen una raíz mucho más profunda. Observaba a esa madre tremendamente desesperada. Luchando entre su rabia por el niño que no se comporta como ella quisiera y le está destrozando la vida y el matrimonio y su sentimiento de culpa como madre porque no sabe cómo hacerle  feliz. Le pega y le abraza. Le grita, lo atemoriza, le amenaza pero después con lágrimas en los ojos le dice te quiero… y mientras el padre, ajeno, sigue agarrado a su depresión callada o explota envuelto en ira cuando la situación le desborda.

Le dije a la madre lo que siempre digo; el tratamiento lo necesitaba primeramente ella misma. La madre insistió que ella sería feliz si el niño fuese normal y que todo se arreglaría si el niño se comportase bien… No, le dije, es al revés: si la madre y el padre ocupan su sitio, el niño ocupará el suyo por sí solo. Con mucho tacto le dije a la madre que los hijos son espejos donde mirarnos. Ella no quería que el niño fuese violento porque su agresividad ya le afecta a ella misma que no puede  llevarlo a ningún sitio porque pega a los demás niños. Tú misma eres agresiva con el niño, tú le pegas… él está haciendo lo mismo, tú eres su referencia de comportamiento. Cuando como persona recuperes tu equilibrio emocional y  fortaleza mental, tú hijo se alimentará de esa estabilidad que necesita sobre todas las cosas. Si tú estás bien el niño estará bien, no al revés. Es vuestra  responsabilidad hacer ese esfuerzo en vosotros mismos como padres y educadores.

Los niños de hoy en día, de los que tanto padres como educadores se quejan de que padecen falta de concentración, que son apáticos, abúlicos o hiperactivos, que son egoístas y caprichosos, etc. no nos olvidemos de que ellos son nuestra mejor referencia donde observarnos a nosotros mismos.