¿Qué es normal?

Normalizar una forma de vida no garantiza sea la correcta. Y la prueba está en que habíamos normalizado la infelicidad, los miedos, la ansiedad, el alejamiento de nosotros mismos: llevar una vida mecánica.

Habíamos aceptado el estrés y la culpa como parte de nuestra carga. Habíamos aceptado vivir para trabajar.

Habíamos regularizado el tiempo de los hijos acorde a nuestras necesidades y no la de ellos. Y esa es quizás la parte más tremenda o igualmente horrenda a cómo se han ido encaminando nuestras vidas, las de la inmensa mayoría de los trabajadores, sin más posibilidades que las de sobrevivir.

Ahora, desde nuestro confinamiento y detención del tiempo y de la economía para todos, podemos ser observadores de lo que nos pareció NORMAL como vida, creyendo que no podía ser de otra manera.

Ahora, una nueva Era se presenta ante la Humanidad y muchos están descubriendo en sí mismos, virtudes como la solidaridad y la compasión.

Ahora, muchos están cambiando el orden de sus prioridades, descubriendo el valor de la familia y de que, llevar una vida más sencilla y calma, no solo es posible sino que además nos hace más felices.

Podemos vivir más acordes a nuestra naturaleza.

Hemos estado perdidos en la Mente, ahora es tiempo de ir al corazón.

El valor de la unidad

amor unidosDe forma instintiva el ser humano siempre tuvo la tendencia a unirse a otros. A agruparse en clanes y tribus. A mantener fuertes los lazos familiares. La necesidad de protegerse hacía que se valorase, por encima de todo, lo que los hacía iguales.

Pero ahora, contrariamente, somos individuos desgajados, desmembrados, sin interés o sentimiento que busque esa unidad. Hemos olvidado lo que significa para el corazón sentirse protegido y apoyado por un grupo. Es más, curiosamente se ha puesto en los animales de compañía esa fidelidad y amor incondicional que antes se tenía de los más allegados por consanguinidad o por ideales religiosos-patriotas-políticos compartidos.

El valor de la unidad y el sentimiento de solidaridad y hermandad se han ido perdiendo en el tiempo. Es triste reconocer que nos deshumanizamos.

¿Qué hacer para revertir esta situación? La humanidad formamos un todo indivisible. Lo que nos amalgama es el AMOR. Cuando éste se pierde o corrompe es cuando surge la disolución de nuestra calidad y cualidad como humanos. Mirar al otro como a un extraño es un error de percepción.

Pongámonos en pie y abramos los ojos. Salgamos de la parcela del Yo que hemos creado egoístamente y miremos a quienes están en nuestro alrededor como iguales (los mismos miedos, los mismos deseos de ser aceptado y amado). Demos lo mejor de nosotros mismos. ¿Podemos ayudar en algo? … siendo amables y respetuosos, es un buen comienzo.

Abramos el corazón, ensanchemos nuestra mente. Abracemos a nuestros hermanos.

La acción y efecto del consentimiento

mujer-dimensionesMuchas personas  se han quedado atrapadas en el pasado y desde su papel de víctima  no saben ver las posibilidades que les brinda su presente. Los demás son los culpables de sus desgracias.

Todo ello es la manifestación del poco conocimiento que muchos tienen de sí mismos y cómo la mente puede engañarnos y hacernos entrar en un estado patológico de letargo donde la queja y el lamento son los que adormilan todos los sentidos, impidiéndonos avanzar.

Tener una relación cercana con alguien con más de media vida vivida que todavía esté llorando su desgracia de que su mamá le prohibió casarse con el hombre que quería.  O  los hombres que arrastran el haber sufrido el tener una madre castradora y al hacerse mayores sólo han atraído ese tipo de mujeres para seguir inconscientemente en el mismo rol, son las consecuencias de una actitud pasiva  de derrota.

De poco sirve que culpemos a éste o aquel como causantes de nuestra desdicha. ¿Cuánto tiempo más vamos a estar justificando nuestra sumisión y nuestra vulnerabilidad?

Dejemos el pasado atrás. Reconozcamos nuestro consentimiento. Y sintamos compasión por nuestra fragilidad de entonces.

Sólo es posible salir de ese pozo de cobardía y nula autoestima, cuando nos hacemos de valor para decir BASTA. Tomar Conciencia y asumir las consecuencias de nuestros errores,  aceptarlos, amarnos, recuperar la esperanza y la confianza en nosotros mismos y salir al campo de batalla de la vida,  con fuerzas para crear nuestro presente, como nosotros decidamos hacerlo.

 

 

Ser testigo o espec

Hablemos de mujeres

mujer angel rojosA los hombres les resulta cada vez más difícil entender a las mujeres. No hace tanto que no tenían problemas porque la mujer estaba educada para ser sumisa, sacrificada, tolerante, abnegada, quedarse en la sombra, … todo por el bien de la familia, de los hijos, de la sociedad … era la actitud decente y angelical  que se esperaba de ella …

Pero este sistema patriarcal ya ha quedado obsoleto.

Hoy en día todo ha cambiado; la mujer descubre su poder, su fuerza, su creatividad, sus capacidades y muchos hombres se sienten perdidos pues en su programa mental no aparece esa información ni posibilidad. Han quedado desfasados.

El hombre necesita ayuda. El hombre, que no haya en él también, una dosis amplia de energía femenina, es incapaz de entender -por mucho que se lo proponga- cómo puede ponerse a la par de la mujer, como compañero, amigo, esposo, padre, sin que choque con esas formas machistas heredadas. Requiere tiempo y enseñanza práctica.

El hombre que no se ha puesto al día, necesita equilibrar su naturaleza masculina con energías más propias de la mujer como la sensibilidad, ternura, compasión, para poder así ser partícipe de la naturaleza femenina y también ser más cómplice de todo lo que ella le puede aportar.

No tener miedo es lo importante. Son tiempos nuevos. La fuerza masculina tiene que ser encauzada, redirigida, por otros cauces; hacia el amor y el respeto.

 

 

Haciendo camino. Aitana

caminoTenía 34 años, me sentía llena de energía, en los mejores años de mi vida.  Estaba viviendo en un piso de un pueblecito de Valencia, trabajando bajo estrés como directora comercial, con la responsabilidad de criar y educar a mis hijos que eran la razón de vivir. Pero no estaba contenta. No conseguía entender  la vida y cómo debía vivirla para sentirme satisfecha y en paz.  Lo que tenía claro era que como lo estaba haciendo NO me satisfacía.

Un día me pidió una pareja amiga que les llevase en el coche a la Sierra de Aitana en Alicante, donde vivía una familia muy querida para ellos. Me contaron que esta familia, lo habían dejado todo; su buena posición económica y social, por seguir sus creencias espirituales. Y para allá que nos fuimos.

No sé cómo sucedió, ya que ni siquiera había introducido la idea previamente en mi cerebro para procesar la posibilidad, pero… el caso es que una vez allí,  después de un par de horas de estar charlando amigablemente y oírles decir que a ellos no les importaría compartir la casa -que era muy grande- con otra familia, les pedí que me aceptasen vivir con ellos.

Se quedaron de una pieza. Me miraron boquiabiertos. No podían articular palabra y así estuvieron un buen rato: mirándome sorprendidos. Después me dijeron que lo tenían que pensar detenidamente. Que, claro, ellos habían pensado en una pareja que pudiese colaborar en los trabajos de la casa y el campo. Una familia con no tantos hijos, pues ellos ya tenían cuatro. Pero que lo pensarían.

Y sí, unos días después me contestaron que por muy loca que era la propuesta, ellos aceptaban que fuese a vivir con mis hijos a su casa. El caserón estaba en lo alto de una montaña y desde allí, como si de un palco privilegiado se tratase, teníamos una vista inmensa hasta el horizonte.

Fue la época más feliz de mi vida. Formábamos una gran familia. No hubo nunca una discusión entre nosotros. Todo asunto que tuviese que ver con el dinero lo manejaban ellos, aunque se tratase de comprar la ropa que hiciese falta para mis hijos. Lo poco que yo tenía se lo entregaba a ellos. Y así era feliz. Nos repartíamos todos los trabajos de la casa y el campo. Hacíamos el pan, mermeladas, recolectábamos la manzana y la almendra, cuidábamos de la huerta… hacer todo eso me gustaba muchísimo, pero sobretodo, me llenaba el paisaje. Nunca me sentí sola y mis hijos también eran felices.

Julio y Elma seguían las enseñanzas de un maestro de Indonesia. Hacían un ejercicio muy sencillo varias veces por semana de “conexión” con las fuerzas celestiales o con el Ser Supremo, como cada uno quiera llamarlo. La cosa era muy libre y no requería hacer ningún juramento o comprometerse a nada así que cuando Julio me preguntó si me quería unir con ellos a hacer el Látija le dije que si,  por curiosidad más que nada.

No había un lugar preestablecido, a veces nos íbamos a la era, debajo de las estrellas o también en el mirador que estaba más recogido y había unos asientos de piedra o dentro de la casa si hacía mal tiempo y los niños ya estaban acostados, daba igual el lugar. No había ceremonias ni rituales ni nadie dirigía ninguna oración colectiva, simplemente  cada cual vaciaba su mente y pedía a Dios sentir Su presencia. A partir de ahí cada uno integraba en sí mismo su propia vivencia.

La experiencia más fuerte que yo tuve es muy difícil de ponerle palabras sin empobrecerla. En mi interior, desde cada célula de mi cuerpo, siempre vibraba un mensaje:  “ten confianza”  que se grababa en mi corazón.

Perdona que insista

mujer gemaNuestra actitud es la que da valor e importancia a nuestra vida (no la actitud del otro sobre nosotros). Tenemos que sentir que es así. Para comprobarlo tenemos un desafío: salir fuera del personaje.

Cada momento de nuestra vida es importante… y su importancia y su valor, depende de nuestra actitud (no de la actitud del otro sobre nosotros). Depende de cuán presentes y vivos estamos y somos, en nuestra propia realidad. Nuestra Conciencia debe despertar y expandirse.

Tenemos que arriesgarnos a descubrir esa verdad. Tenemos que arriesgarnos a salir a la vida por nosotros mismos y HACERLA NUESTRA.

Sé Observador del personaje en ti y deshazte de él poco a poco hasta que descubras al Ser original que eres. Piensa que ese personaje sigue el rol de los patrones adquiridos de tu madre, de tu padre, de todo lo circunstancial que a lo largo de tu vida te ha ido formando; has sido formado con ideas y creencias de cómo tiene que ser la vida y cuál es el papel a IMITAR de la mujer/hombre en la pareja, en la familia, en la sociedad, etc.

… perdóname si insisto . Tu eres un ser especial, valioso. La vida nos empuja para que avancemos , para que no nos acomodemos , para que nos cuestionemos continuamente y trascendamos la mente que nos limita … no hay fracasos, hay nuevas oportunidades.