Alistarnos al cambio

¿Qué pensabas, que no iba a tener final el sufrimiento? Que no iba a tener resultado tu esfuerzo. Que lo correcto y la verdad no asomarían nunca para hacerse valer en ti.

Seamos cautos pero decididos a aceptar desafíos. Todo llega en su momento. Estemos alertas.

Somos llevados al máximo de tensión para que reaccionemos y nos alistemos al cambio. Para poder hacer reformas en nuestras vidas tenemos que cuestionarnos a nosotros mismos y no caer en el auto-engaño o el conformismo.

Porque ya no quedan muchas opciones: ser nosotros mismos o esclavos voluntarios del sistema que nos gobierna e intenta hacernos uniformes y obedientes.

Vivimos tan desorientados y alejados de nuestro Ser real que, ese vacío que sentimos y nos envuelve en la inseguridad, lo intentamos disimular y falsear con ruido y jarana. ¿Tenemos miedo a vivir desde el Amor, en Amor, con Amor… siendo Amor?

Esa energía pura y suprema, es la gran experiencia que se nos brinda ahora. Esa es la gran re-evolución que nos toca vivir. Entremos, desde la inocencia, en la Luz sagrada del Amor.

En mi campo astral

“El movimiento implica peligro. Pero el movimiento oportuno nos libera”

Aprendí la técnica de adentrarme en mi campo astral haciendo un curso de Terapia Regresiva. Durante un año y medio hice el ejercicio de bajar a mi jardín interior para encontrarme con mi maestro. Por entonces estaba viviendo un momento crucial de mi vida; de cambio radical, y me sirvió para liberarme de miedos, patrones y creencias que me estaban asfixiando.

Sentada relajadamente, con los ojos cerrados y después de hacer unos minutos de respiración consciente aprendí a adentrarme en mi campo astral donde me era ya fácil entrar en otra dimensión de mi Ser. Os dejo un escrito de entonces.

“Sólo entrar en el Jardín, he decidido arrancar todo el seto de la izquierda y sin gran esfuerzo y sin ayuda lo he quitado, quedando a la vista toda la ladera de una montaña escarpada. He ido sembrando flores y arreglando las piedras con gran rapidez, dejándolo muy bonito. Bajaba mucha agua que también canalicé, formando una pequeña cascada.

Arriba de la colina estaba esperándome mi Maestro, debajo de un único almendro que crecía allí caprichosamente. Estábamos sentados mirando hacia abajo y realmente estábamos altísimos y de pronto me dijo algo así como “¿quieres volar? Podemos hacerlo” y sin esperar respuesta nos lanzamos al espacio y, de verdad, éramos como dos águilas planeando, dejándonos llevar por la corriente de aire. Fue maravilloso. Sensación plena de libertad. Pero sobre todo, ver desde allá arriba mi Jardín, me gustó mucho”.

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“Ya por la tarde me siento nerviosa así que he bajado a mi Jardín. Mi Maestro llevaba un “fular” verde y también un turbante de ese color. Hoy hemos ido, por primera vez, hacia el prado lleno de florecillas amarillas y lilas. Hemos caminado por un senderillo y nos hemos sentado bajo un enorme castaño.

Yo me he echado a llorar y me he secado las lágrimas con su fular. Le he dicho que tengo miedo y me he quejado un poco de que, siempre tengo que estar viajando y también mi preocupación por el amor y de que no quiero estar sola.

 Él me ha dicho cariñosamente algunas cosas como que siempre me estoy quejando y lamentando. Me ha acariciado y restaurado mi aura que está herida por el desamor pero en un momento dado y sin previo aviso los dos hemos salido disparados como flechas hacia arriba, muy alto en el cielo. Estando allí me ha dicho “desde aquí las cosas y el amor también- se ven de diferente manera ¿verdad?”

                                                                      

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El dolor del Alma

A veces no hay explicaciones racionales. El dolor del Alma anuncia transformaciones internas.

Pronunciar el dolor te permite escucharlo, no simplemente soltarlo.

Revelar el dolor sin intención de exhibirlo sino expresarlo, acompañarlo.

Aceptar el dolor sin que te lastime, sin compadecerte, reconociendo su sentido, acogiendo su aprendizaje.

Cuando el estado del Alma es frágil se resiente el corazón por falta de Amor, hacia uno mismo.

La capacidad y grado de amar y sintonizar con el Alma demuestra la bondad y respeto que existe en el centro de todas las relaciones. Sacar al Alma de su aislamiento y depresión para reconectarla e impulsarla hacia la unidad con su espíritu facilita el poder experimentar la fusión con aquello que se ama. Y de eso trata la espiritualidad.

Seguir nuestra naturaleza

La flor no hace planes para atraer a una abeja, simplemente florece.

Creemos -y nos obsesionamos- pensando que tenemos que hacer “más” o ser “distintos” a lo que ya somos, para tener éxito en la vida. Pero ya estamos comprobando de que esa no es la fórmula para ser felices o tan siquiera para encontrarle un sentido a la vida. Las frustraciones están a flor de piel.

Si nos centrásemos primero en conocernos y descubrir nuestros talentos y cualidades, la vida fluiría amablemente a nuestro alrededor y atraeríamos lo que realmente necesitamos. Sabríamos ver las señales de la Naturaleza y qué es lo que realmente nos conviene.

Siendo Observadores de nosotros mismos nos sentiremos impulsados a reconducir nuestro Ser hacia los auténticos dictados de nuestro espíritu.

Hemos sido diseñados para que nuestras heridas se sanen y cierren por sí solas. Para que nuestro sistema inmunológico se encargue de mantener nuestro cuerpo físico saludable. Para que, según nuestra naturaleza, sepamos encontrar nuestro equilibrio mental y emocional. Pero estamos distraídos y alejados de nuestro verdadero sentir.

¿Por qué no tomamos conciencia de ello y nos facilitamos la vida? Existen señales, más allá del mundo concreto e inmediato, que podemos percibir si estamos atentos . Se trata de deshacernos de toda densidad mental y física que nos estorba para elevar nuestra frecuencia vibracional. La PURIFICACIÓN no es nada más que eso: liberarnos de los miedos, la codicia, la inseguridad, la rabia, etc. que son los causantes de nuestra ceguera.

Existe una Fuerza y Aliento cósmico que, si ponemos la intención de hacer cambios en nosotros, vendrán a nuestra ayuda. Los atraeremos de la misma forma que la abeja se acerca a la flor. Simplifiquemos nuestra mente y llevemos nuestros cinco sentidos a nuestro interior para amplificar nuestra percepción de la vida y de nosotros mismos.