La dignidad del pobre

hombre agradecidoHay una pequeña historia de un anciano ciego que estaba en la calle mendigando. Estaba sentado en la acera y tenía un cartel junto a él que ponía “soy ciego y no tengo para comer” pero la gente pasaba sin prestarle atención. Un joven se paró frente a él y sin vacilar cogió el cartel, le dio la vuelta y escribió algo. Volvió a colocar el cartel donde estaba, echó unas monedas al pie del anciano y siguió su camino. De vuelta de su trabajo, horas después, volvió a pasar por delante del anciano y se paró a saludarle, viendo que sonreía. El mendigo, intuyendo que era la persona que había escrito algo en su cartel y que tanta suerte le trajo porque mucha gente se había parado a saludarle y ayudarle con algunas monedas, le preguntó curioso qué había escrito. El joven, sin darle ninguna importancia, le contestó: abuelo, escribí “es primavera y no puedo verla” … qué le parece … y los dos se echaron a reír.

Nadie quiere escuchar lamentaciones. No se simpatiza con la miseria humana. Los actos de caridad no encajan en el ser humano actual, sin tiempo para pararse a compadecerse de nadie … cada uno está en su propia lucha de vida …

Pero nos fijamos en lo que está en nuestra misma onda. Simpatizamos con lo que nos impacta agradablemente. El mensaje que llega al corazón de forma amable nos atrae. Todos estamos falta de amor y simpatía …

Ser positivo siempre tiene ventajas. Los actos espontáneos de corazón llegan a los demás corazones.

Si nuestra actitud en la vida es de víctima o de mendigo recibiremos migajas por lástima. Pero si nuestra disposición personal es de confianza, dignidad y amor, esa actitud nos facilitará la vida.

Viaje astral

universo lucesEn las prácticas que hacíamos los estudiantes de Terapia Regresiva, un día me tocó hacer de paciente  con Montse la psicóloga. La primera imagen que me viene es que estoy en un túnel donde no veo luz al final, sólo vislumbro unos cables en el techo. En el túnel yo no piso el suelo, gravito, aunque siempre en posición vertical. Yo llevo una falda roja de un material brillante  plastificado y una blusa azul del mismo material.. Montse me dice que salga del túnel y yo me encuentro con sorpresa en un sitio muy extraño. Todo es de color beige. A mi izquierda dos túneles, construidos uno al lado del otro de un material parecido al barro. Yo estoy a la derecha en un espacio de piedras. Todo tiene el mismo color ocre. Más adelante hay dos chimeneas inmensas. Yo sencillamente estoy ahí parada observando en medio de ese escenario.  Montse me dice que vaya hacia adelante. Me doy cuenta de que me encuentro en otro planeta. Es de noche. La luz es fría, de una luna. Instalaciones  de una nave de hierro muy grande . Es una Base. Montse me pide camine hacia la nave (como de un polígono) y ahí me entra algo de aprensión pues intuyo de que es un sitio que “ha sido abandonado”. ¡Allí no hay nadie! En un momento he sentido SOLEDAD. Montse me dice que vaya a otro momento… Estoy viajando en el espacio a gran velocidad. El universo es maravilloso  e indescriptible,  lleno de luces y colores. Me pregunta si voy en una nave espacial. No. Es mi mente o mejor dicho, es mi Conciencia la que viaja. Otro momento: Veo delante de mí “una grieta”. Es algo inmenso negro y verde  brillante. Soy atraída hacia ella y me absorbe. En otro momento, una bola de energía viene hacia mí e igualmente me absorbe. En ninguno de esos dos momentos poseo un “yo”, simplemente soy absorbida sin sentir nada más que ser  parte de todo el universo. Sin sentir nada, ninguna emoción, nada. Cuando Montse me dice que vaya a otro momento, paso abruptamente a algo que primero veo verde pero que luego aprecio desde fuera como algo inmenso  amarillo y verde… ¿un tubo?… soy sustancia en él. Cuando Montse me pregunta qué mensaje he sacado de toda esta experiencia yo digo con un gran convencimiento en mí corazón: “yo soy del futuro”, “aquí estoy de paso”. He visto y viajado por el Universo. Formado parte de él. Transformándome. Visitando otros lugares intergalácticos… vacíos. .. Volví a casa ya de noche. Me acabo de despertar. Hasta la 1:30h no he podido dormir. Estaba excitada. No he hecho caso a las cosas que me venían a la mente pues la fantasía puede jugarte malas pasadas. Pedí con fervor tener un encuentro con mi Maestro y me vino la frase “el maestro eres tú”. Así que lo dejé pues temí que la fantasía me desbordase … Una cosa es segura: no puedo ser la misma después de esta experiencia

Haciendo camino. Aitana

caminoTenía 34 años, me sentía llena de energía, en los mejores años de mi vida.  Estaba viviendo en un piso de un pueblecito de Valencia, trabajando bajo estrés como directora comercial, con la responsabilidad de criar y educar a mis hijos que eran la razón de vivir. Pero no estaba contenta. No conseguía entender  la vida y cómo debía vivirla para sentirme satisfecha y en paz.  Lo que tenía claro era que como lo estaba haciendo NO me satisfacía.

Un día me pidió una pareja amiga que les llevase en el coche a la Sierra de Aitana en Alicante, donde vivía una familia muy querida para ellos. Me contaron que esta familia, lo habían dejado todo; su buena posición económica y social, por seguir sus creencias espirituales. Y para allá que nos fuimos.

No sé cómo sucedió, ya que ni siquiera había introducido la idea previamente en mi cerebro para procesar la posibilidad, pero… el caso es que una vez allí,  después de un par de horas de estar charlando amigablemente y oírles decir que a ellos no les importaría compartir la casa -que era muy grande- con otra familia, les pedí que me aceptasen vivir con ellos.

Se quedaron de una pieza. Me miraron boquiabiertos. No podían articular palabra y así estuvieron un buen rato: mirándome sorprendidos. Después me dijeron que lo tenían que pensar detenidamente. Que, claro, ellos habían pensado en una pareja que pudiese colaborar en los trabajos de la casa y el campo. Una familia con no tantos hijos, pues ellos ya tenían cuatro. Pero que lo pensarían.

Y sí, unos días después me contestaron que por muy loca que era la propuesta, ellos aceptaban que fuese a vivir con mis hijos a su casa. El caserón estaba en lo alto de una montaña y desde allí, como si de un palco privilegiado se tratase, teníamos una vista inmensa hasta el horizonte.

Fue la época más feliz de mi vida. Formábamos una gran familia. No hubo nunca una discusión entre nosotros. Todo asunto que tuviese que ver con el dinero lo manejaban ellos, aunque se tratase de comprar la ropa que hiciese falta para mis hijos. Lo poco que yo tenía se lo entregaba a ellos. Y así era feliz. Nos repartíamos todos los trabajos de la casa y el campo. Hacíamos el pan, mermeladas, recolectábamos la manzana y la almendra, cuidábamos de la huerta… hacer todo eso me gustaba muchísimo, pero sobretodo, me llenaba el paisaje. Nunca me sentí sola y mis hijos también eran felices.

Julio y Elma seguían las enseñanzas de un maestro de Indonesia. Hacían un ejercicio muy sencillo varias veces por semana de “conexión” con las fuerzas celestiales o con el Ser Supremo, como cada uno quiera llamarlo. La cosa era muy libre y no requería hacer ningún juramento o comprometerse a nada así que cuando Julio me preguntó si me quería unir con ellos a hacer el Látija le dije que si,  por curiosidad más que nada.

No había un lugar preestablecido, a veces nos íbamos a la era, debajo de las estrellas o también en el mirador que estaba más recogido y había unos asientos de piedra o dentro de la casa si hacía mal tiempo y los niños ya estaban acostados, daba igual el lugar. No había ceremonias ni rituales ni nadie dirigía ninguna oración colectiva, simplemente  cada cual vaciaba su mente y pedía a Dios sentir Su presencia. A partir de ahí cada uno integraba en sí mismo su propia vivencia.

La experiencia más fuerte que yo tuve es muy difícil de ponerle palabras sin empobrecerla. En mi interior, desde cada célula de mi cuerpo, siempre vibraba un mensaje:  “ten confianza”  que se grababa en mi corazón.

Una anécdota con Reiki

reiki, corazon de luzSintonizando conscientemente con la Fuerza Primordial del Universo, tan solo estamos siendo  un Canal a Su servicio. Sus efectos están fuera de toda lógica y razonamiento. Inclusive científicamente no tiene explicación. Te lo crees o no te lo crees, es igual.

Pero cuando lo experimentas una y otra vez, de tan diferentes maneras, dejas de pensar o planear y tan solo te pones a su  servicio. Y llevado por la intuición te dejas fluir. La única conclusión certera es que somos energía. Somos Luz. Atraemos las mismas ondas que irradiamos.

Seguro que ya sabéis que REIKI es la conexión de la Energía Cósmica con la energía vital y que  la transmisión de esa Luz sanadora se hace a través de las manos. La energía del Amor Puro tiene un lenguaje único reconocible por todas las especies vivas.

Os voy a contar una experiencia que tuve dando REIKI… a un pez.

Fui con mi hermana a visitar a una amiga, en Barcelona. Su casa era impresionante de grande y tenía en el salón una enorme pecera de pared, quizás ocupaba dos metros de largo. Tenía toda una serie de peces exóticos que le mandaban desde Brasil y otros países y su marido se encargaba  de la venta de las crías, como pasatiempo, desde hacia años.

Yo estaba de pie junto a la pecera y ella me comentó que un pez de una especie poco común y difícil de criar en pecera e inclusive muy extraño de que se reprodujese en cautividad estaba ya agonizando. Estaban preocupados y daban ya por seguro se moriría ese mismo día. Efectivamente me fijé que un pez estaba medio flotando en el agua.

Sin pensarlo, de forma instintiva, apoyé mi mano en la pecera, mientras la amiga me daba información sobre estos peces. Curiosamente, al cabo de un rato, este pez que estaba medio flotando en la superficie a medio metro de distancia de mi mano, se acercó a mi.

Entonces sí, conscientemente, comencé a mandarle REIKI un buen rato mientras él seguía pegado a mi desde el otro lado del cristal. Y así fue ese incidente. Yo después de esto me olvidé por completo del asunto.

Al cabo de un tiempo me mandó un mensaje diciéndome que ese pez se recuperó totalmente y no tan solo eso sino que era una hembra y procreó luego varias veces. Me dijo que le habían puesto el nombre de Cristina… y que todavía no habían salido del asombro, teniendo en cuenta su larga experiencia en la reproducción y cuidado de peces en cautiverio.