¡No se qué hacer!

Existen muchos momentos en nuestra vida que no sabemos qué hacer. Tenemos miedo hasta de nuestras propias reacciones y no nos atrevemos a movernos ni a tomar decisiones.

Nos sentimos confundidos, frustrados, agotados mental y emocionalmente. ¿Qué hacer?

Justamente éste momento es sumamente importante y decisivo. Nos hemos detenido, tomamos consciencia de nuestra falta de estabilidad y situación de desorden mental (falta de guía) y necesitamos reactivar y reorganizar nuestra vida.

Decimos BASTA a las cosas inútiles que llevamos a cuesta. Pero, ¿cómo deshacernos de la ansiedad que arrastramos, de la angustia, del sentimiento de culpa, los miedos, el sentimiento de abandono o estar perdido?

CADA DÍA debemos reservar para nosotros mismos un tiempo precioso. Aunque sean quince minutos… media hora mejor que mejor …

TIEMPO SAGRADO para atendernos a nosotros mismos. Llevando los cinco sentidos hacia adentro, sentados en una posición cómoda con la espalda recta y los ojos cerrados. Atención a la respiración rítmica y profunda.

Nos concentramos en la ESCUCHA INTERIOR. ¿Qué nos dice nuestro corazón? Permitámonos escuchar desde una respiración reposada y profunda nuestras emociones.

Luego fijamos la atención en el TERCER OJO para desarrollar la VISIÓN INTERIOR que nos mostrará nuestra realidad. Sin esperar nada nos dejamos fluir.

No tengamos prisa ni expectativas. Tengamos constancia. Dentro de nosotros está el estado de Paz y de Amor; descubramos el Camino para llegar a él.

Confiemos en las Fuerzas superiores y en nuestra propia capacidad para salir adelante. Este es sólo el comienzo para descubrir todo nuestro potencial.

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Dos naturalezas: instintiva e intuitiva

meditarNuestra naturaleza intuitiva nos ayuda a purificar nuestros pensamientos y emociones. Nos nutre espiritualmente y expande nuestra Conciencia.

Poseemos un sexto sentido: la intuición.  Esta facultad imaginativa  se desarrolla en el Tercer Ojo y tiene voz propia; la del Alma.

El  visionar se abre desde el centro energético del entrecejo.  La práctica de la meditación hace posible la visión interior de nuestras múltiples dimensiones y nuestra conexión con el cosmos.

Otra facultad que podemos desarrollar es la de la escucha interior. Se hace preciso ESCUCHAR lo que nos dice el corazón para mantener el equilibrio y armonía entre la Mente y el corazón espiritual . Saber que la raíz de la acción es la Quietud. Que es en el Silencio donde ‘escuchamos’ y nos mantenemos despiertos y atentos.

Nuestra naturaleza instintiva,  nos conecta con la vida y con la muerte. Crea y mantiene las correspondencias entre nuestro interior y el universo entero. Nuestro instinto está ligado al Yo profundo y a la espontaneidad creativa. Tiene la Fuerza para que protejamos nuestro espacio y nuestro cuerpo físico.

Los deseos de renovación y de evolución personal mantienen vivas nuestra naturaleza intuitiva e instintiva,  que es lo que nos da capacidad de gozar de las cosas tal cual son.

 

 

Desechar viejas formas y creencias

flores sublimesLa verdadera vida comienza cuando se abre ante nosotros la visión y la escucha interior Entonces es cuando el ‘personaje’ en nosotros pierde fuerza y el ser esencial -nuestro espíritu-  emerge y ocupa su lugar; el centro del corazón energético.

VER y ESCUCHAR requiere de un aprendizaje para el ser humano que vive disperso,  atrapado en mil pensamientos inútiles.

¿Qué esperamos de la vida? ¿Qué queremos?  ¿Qué sueños y deseos bullen en nuestra mente y en nuestro corazón, sin que les permitamos manifestarse? … siempre por miedo a fallar …

Escuchar a nuestro corazón es reconocer nuestras limitaciones y aceptarlas. A partir de ahí, podemos hacer posible una vida mejor, de forma real y efectiva. Hay que despejar el Camino de todo sentimiento de culpa, frustración  y desvalorización.  Hay que limpiar el cuerpo emocional de toda carga de responsabilidad que no nos pertenece.

ESCUCHAR  nuestro corazón, significa despertar nuestros anhelos, permitiendo que se hagan realidad.

Enfrentarnos a nosotros mismos es VER nuestra Verdad  y naturaleza despejada de todo condicionamiento.

Sentémonos cómodamente en silencio con nosotros mismos. Respiremos suave y profundamente. Dejémonos fluir. Seamos observadores de nosotros mismos.