Pensar tiene más beneficio que hablar.
El habla es la acción por medio de la palabra que utilizamos para comunicarnos, pero muchas veces nos arrepentimos de haber hablado demasiado pues ocasionamos daño a los demás y a nosotros mismos.
Si se utiliza sin pensar puede producir confusión, inestabilidad emocional y enfado.
Si se utiliza como arma arrojadiza, para defendernos, hará daño incalculable.
Si se utiliza para juzgar, al no ser imparciales no somos justos. Lo que hacemos es recriminar, y eso nos traerá como efecto, sentimiento de culpa y el desencanto por nosotros mismos.
Si se utiliza para pacificar, portando alta vibración de amor, irradiará paz y dicha.
Por otro lado, desde el silencio tenemos la oportunidad de pensar, observar, escuchar y sentir. Después podemos hablar si tenemos algo que decir.
No es útil la opinión que no aporta algo bueno. Si hablas, que sean palabras que nazcan en el corazón y lleven una nota de reconciliación y esperanza.
Guardar silencio precisa de un gran control sobre las emociones. Quien sabe guardar silencio -y conoce el valor del Silencio- no emite juicios, no opina, no interrumpe.
El Silencio es la no-acción que expresa la sabiduría de quien lo practica.

Cuando era adolescente vivía muy confundida, me decía «sé que sé pero no sé qué es lo que sé». Era un sentimiento muy fuerte de certeza aunque, fuese lo que fuese, estaba muy escondido y lo único que me creaba era angustia. Sin guía, me dejé llevar por la Mente y crecí desde la soberbia.
El conflicto y el sufrimiento se crean a nivel mental. El dolor puede ser a nivel físico pero también se filtra emocionalmente en el corazón. Más profundo está el tormento del Alma, cuando queda desconectada de lo divino en su Ser o queda interrumpido el flujo del Alma de la persona que ama o de la Divinidad misma.
De forma instintiva el ser humano siempre tuvo la tendencia a unirse a otros. A agruparse en clanes y tribus. A mantener fuertes los lazos familiares. La necesidad de protegerse hacía que se valorase, por encima de todo, lo que los hacía iguales.
La clave para no engañarnos a nosotros mismos, cuando tenemos un deseo profundo y sincero, es estar atentos a que nuestra mente no esconda ningún interés egoísta que mancille el propio deseo. Lo que se anhela debe estar libre de codicia, vanidad o que detrás del mismo deseo no haya la intención de obtener algún otro provecho.
Cuando hago la meditación, entro en mi mundo astral y bajo a mi Jardín interior donde está esperándome mi Maestro. Esta anécdota, como todo lo relacionado con mi Maestro interior, es de muchos años atrás pero está grabado en mi corazón.
El Mundo de las Apariencias está en nuestra mente inferior. Trascenderlo, cruzarlo y salir de él, significa haber alcanzado la Intuición para comenzar una nueva etapa desde la Conciencia, como Observadora de sí misma y de la Realidad.
A ratos estoy a la defensiva, a ratos me desplomo y cedo, a ratos ataco, otros ratos imploro y alzo la voz o me callo, lloro …
DEJAR EL PASADO EN EL PASADO no es fácil pero es necesario. Todos tenemos asuntos emocionales pendientes por cerrar. Si no nos atrevemos a enfrentarnos a ellos seguimos cargando con el pasado a cuestas.
Sólo desde el corazón espiritual podemos adentrarnos en nuestro mundo interior. Y se hace necesario aprender a abrir sus puertas para alcanzar la sabiduría que él encierra y bebamos de su Fuente.