Diario con Alzheimer (I)

LUZ irradianteMi madre tiene 90 años y vive un Alzheimer muy avanzado; ya no habla y cuando intenta decir algo tergiversa palabras o suelta sonidos inteligibles. Entonces calla y se queda ensimismada y triste; hasta la próxima vez que lo volverá a intentar.

Tiene la suerte -y tenemos la suerte los que estamos a su alrededor- de que su buen carácter y su filosofía de vida, ahora más que nunca, se manifiesta y sale a la Luz; su aceptación ante la adversidad, su alegría innata, su amor hacia los demás, son puntales que la hacen llevar con dignidad la crueldad que encierra esta enfermedad; la falta de memoria y la des-conexión con la mente. Pero una cosa debe quedar bien clara; esta discapacidad física y mental no afecta a la Conciencia que es inmortal.

Tiene muchos miedos, se sobresalta y ves en sus ojos la sorpresa que la aterra por segundos, cuando la haces levantarse, sentarse o acostarse -cualquier cambio que introduces en su estado de inmovilidad y quietud- . El “dejarse llevar” o el  “cambiar de estado” le da miedo y te dice “espera, espera”.

Como terapeuta floral me decido  a prepararle una fórmula de Flores de Bach para los miedos y para desbloquear el habla: Mimulus y Agrimony.

¡Las Flores producen un efecto inmediato! Tiene mucha más energía y ha tomado iniciativas. Está radiante. Ha comenzado a hablar con toda claridad “uy, tengo muchas cosas por hacer”, “he traído muchas cosas para mirar”, “son cosas bonitas, que siempre gustan” dice y se ríe.

– Me he traído cosas. Tengo que dejar cosas, tomar cosas… así.

Le digo “poniendo orden, ¿no?” y asiente sonriendo.

-Me traje un buen bulto de mi casa de allá… bueno, no sé qué resultará… hoy he comprado por ahí una barbaridad de cosas.

Le pregunto “¿cosas que necesitabas?”

-Si. Yo no tomo cosas para enturbiarme. Todo lo que uno hace pensando en el Bien …

y digo yo para terminar su frase “le favorece”. Ella se ríe y asiente.

Me mira a los ojos largamente y me pregunta sonriendo “¿tú también?” …Y se queda ahí mirando y dialogando con mi alma.

 

 

 

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Mi gran maestra

Imagen 035Mi madre, con casi 90 años de edad y afectada por un Alzheimer avanzado que cada vez le dificulta más  expresarse, logró decirme algo ayer cuando le pregunté si estaba contenta de ir de paseo. Me miró largamente y haciendo un gran esfuerzo, acercó su cara para confesarme muy solemne “me importa todo un pito”. Y volvió a su mirada “ausente” …

Creo entender el mensaje que me lanzó. Y debo explicarme más y mejor con respecto a mi madre. Es una mujer feliz porque está en paz consigo misma. Siente desde hace  mucho tiempo que ya ha cumplido en la vida, habiendo hecho lo que entendió que tenía que hacer. 

Sin complicarse la existencia, ha dado siempre lo mejor de sí misma, desde su sencillez y su amor por todos. Ahora, resplandece. No importa se haya olvidado de nombres y parentescos. A estas alturas, ya nada es más importante que cualquier otra cosa; nada afecta y ni por nada ni nadie se siente predilección o necesidad. 

Esa des.identificación que algunos confunden con la “pérdida de memoria”, es saludable a estas alturas porque lo que sí tiene presente es que es un espíritu eterno que está de tránsito. Lo que sí  la alegra es sentir la Presencia divina en ella. Y digo ‘saludable’ en el sentido que al dejar atrás el ‘yo’ ha florecido el Ser.

Le recito sus oraciones y sus ojos se iluminan y suspira dichosa. No importa que ahora ya no pueda ella también decirlas; su aceptación a todas las pruebas que la vida le ha puesto delante es lo que la ha hecho sabia y lo que le ha dado alas para volar alto cuando ella quiera.

 

 

Alzheimer

Cada caso es único y a ciencia cierta nadie sabe cómo se origina ni qué puede detener o curar esta enfermedad. Pero una cosa es bien segura; la actitud de la persona que la padece es primordial para que esta enfermedad sea más llevadera o no. Pero sobre todo, -la mejor medicina- el amor y la paciencia que se le dedique a la persona.

Al ver a mi madre que la padece -ya tiene 87 años- yo me preguntaba preocupada si además de la memoria uno perdia también la conciencia de ser. Porque son dos cosas diferentes y cada una tiene un nivel de importancia distinto.

Al saber y comprender que la conciencia no se pierde me tranquilicé; la conciencia está ligada al ser  que somos, nuestra esencia eterna. Y la memoria viene de la mente consciente y es algo temporal. Se olvida el presente inmediato  pues los recuerdos de la niñez curiosamente siguen vivos.

Si la persona es de buen caracter y si además es una persona espiritual o religiosa puede mantenerse unida a sus creencias y sentir su ser,  todo ello le dará fuerzas y sobre todo supondrá el sostén que le dé referencias de quién es. Pues la mente queda vacía a ratos; se olvidan de su identidad… “¿soy viuda?'” me preguntó mi madre un día… y otras preguntas por el estilo.

Resulta desconcertante y trágico para las personas más cercanas convivir con una persona con alzheimer, sobre todo para  los hijos. Pero yo pienso que hay que quitarle dramatismo y aprender a adaptarse, aceptando los hechos.

Tratarles con mucho amor y paciencia les hará la vida más llevadera… perder la historia personal no es tan grave mientras mantengan viva la llama del ser y del amor.