Si del uno al diez yo me valoro con un cuatro y no me siento capaz de aumentar esa puntuación, me estoy limitando a no crecer. Quizás el entorno ha contribuido a que yo me desvalorice, a que no tenga mayores pretensiones, a que el miedo al fracaso me inmoviliza, a que me haya resignado a vivir en la mediocridad y no aspire a experimentar nuevas posibilidades … todo ello son posicionamientos mentales que se pueden limpiar y reprogramar.
El conformarse con una idea configurada sobre nosotros mismos y no SALIR de ella, no deja de ser una actitud negativa y es lo que nos hace mantenernos reducidos en los mínimos de nuestras capacidades.
Mejor actitud sería comprobar cuáles son nuestras reales limitaciones. Sin miedo a equivocarnos. Tenemos que cuestionarnos. Podemos aventurarnos a equivocarnos. Podemos arriesgarnos a asumir nuevos retos.
Ensanchar la imaginación. Ensoñar. Posicionarnos desde la perspectiva y actitud de entusiasmo y curiosidad por la vida. Y al mismo tiempo, ACEPTAR nuestra realidad.
… pero todo esto queda solo en palabras si no trabajamos en nosotros mismos para comenzar a cambiar hábitos. Todo queda en teoría muy sabida «eso yalosé» si no comenzamos a poner en práctica algunos ejercicios que desentumezcan nuestra mente mecanizada.
Y el primer paso, ya lo has oído decir muchas veces, es conocerte a ti mismo.
Más tácticas a poner en práctica: atreverte a comprometerte a dedicar un tiempo cada día a estar contigo mismo. Ser Observador de ti mismo. Abrazar a tu niño interior. Dejar que tu corazón espiritual se exprese.
Una vez se despierta la Conciencia, ella ya se encarga de guiarte.

Cuando ya se ha vivido la mitad de la vida el AMOR toma otra perspectiva y dimensión. Si hasta ahora el amor ha sido posesivo y de exigencias y miedos, de pronto deja de perseguirse y crear sufrimiento… y lo que se recibe es valorado y bienvenido.
Es verdad que cada persona tiene derecho a seguir su ritmo y naturaleza para el despertar de su Conciencia. Es verdad que esto es algo que no se puede imponer.
Existe una rabia penetrante, muy sutil y corrosiva contra nosotros mismos. Quizás porque nos hemos sentido injustamente tratados y al no haber sabido defendernos -el haber callado- nos hace sentir cobardes y rabiosos.
Desde lo más simple y cotidiano hasta el plan más elaborado, todo en la vida requiere de un objetivo y de un tiempo de preparación y desarrollo para alcanzarlo. Todo, primero es un pensamiento, una idea, que luego ejecutamos y materializamos. Podríamos hacer que todo se hiciese automáticamente y vivir robotizados, parece más fàcil no tener que pensar -eso creen muchos- pero a la larga, uno pierde la facultad de SENTIR y de maravillarse de la vida. Vivir desde los impulsos sin control siempre termina la vida pasándonos factura.
Hablamos de la Esencia y hablamos de que somos Energía …
Como hoy termina un año parece inevitable que la mente se ponga voluntariosa a rememorar y contabilizar beneficios y pérdidas. Dependiendo de la edad que uno tenga, la mente y el corazón valorarán y priorizarán las cosas vividas de diferente manera y es natural que así sea.
La negación de nuestra parte divina surge del alejamiento y olvido de nuestro ser esencial. Y este hecho, con el paso del tiempo, ha creado una realidad exclusivamente material, donde no hacemos uso, por ejemplo, del conocimiento intuitivo.
Dicen que el temple era la religión de los templarios; los vigilantes de los caminos que conducían a los lugares sagrados.