Primero necesité treinta y cinco años para reconocer y nombrar mi Yo. Once años más para considerar fehacientemente de que los milagros existen y que por alguna razón o ninguna, yo estaba protegida de mis propios actos inconscientes.
Diez años más y con cincuenta y seis, se abre la tierra bajo mis pies, me hundo en ella dolorosamente, pero termino renaciendo. Me adentro en las energías del REIKI.
En noviembre de 2007, mucho después de haber viajado por Sudamérica buscando un maestro, lo encuentro en Granada, viviendo cerca de mi casa. Swami Purohit es desde entonces mi paciente y amoroso maestro que a través de la «diksha» sigo su aprendizaje en KRIYA YOGA, Mantra y Meditación.
He necesitado diez años más, para tomar plena conciencia de mi ser y de la gran ayuda del Universo que recibo continuamente. Los Caminos para llegar a la unidad con El Absoluto son insondables.
Sé que sólo desde la experiencia es que se avanza en entendimiento sobre lo que significa la vida para reconocerse dentro de ella y participar con pleno derecho y obligaciones.
No tener miedo a experimentar es imprescindible. La vida es un continuo desafío.
Hoy por hoy me siento enteramente agradecida. Profundamente agradecida.

Si queremos crecer tenemos que hacerlo conscientemente. Tenemos que quererlo, que poner la intención y actuar en esa dirección.
La vida está orientada a hacernos avanzar hacia un nivel superior de Conciencia.
La comprensión de mi propósito de vida se la debo principalmente al REIKI y al Yoga y a todas las experiencias extrasensoriales que he ido vivenciando a lo largo de mi camino espiritual.
Cuando vives en la Mente, ella te domina y necesita que la alimentes, continuamente.
Vengo de una familia en la que no sabíamos comunicarnos. Había miedo a preguntar y ni siquiera se nos pasaba por la mente el pedir ayuda. La figura autoritaria absorbe la libertad del niño. El miedo se vuelve un sentimiento normal que te encierra en ti mismo.
No nos gusta esta palabra «pureza» porque las religiones se adueñaron de ella hasta agotar su esencia. Pero la pureza va ligada a la Verdad; lo que no es puro corre el riesgo y peligro de corromperse, pervertirse.
Pueden suceder dos cosas en el juego de la vida: Que tu mismo bloquees el juego, por miedo a perder. O que te arriesgues y sientas que si pierdes habrá valido la pena porque lo importante era participar y dar lo mejor que uno sabe hacer.