Integrando lo humano con lo divino

En nuestro cerebro y en nuestro corazón existe una sala de conciliación. Éste es un espacio al que podemos acudir regularmente desde la humildad y vacíos de sentimientos egoístas para encontrarnos con nuestro Ser esencial y eterno.

Desde la Mente nos preguntaremos cuál es nuestra esencia porque el primer paso que debemos dar es el de conocernos a nosotros mismos. Para saber dónde estamos parados, hacia dónde nos dirigimos, quiénes somos.

Estando en la Mente seremos observadores de cómo funciona ella, de qué nos estamos disfrazando, cuál imagen es la que estamos dando y hasta qué punto nos estamos auto-engañando, por querer aparentar una realidad falsa por temor, desconocimiento o conveniencia.

Eso va a hacer tambalear la identidad que creíamos ser. Tendremos que volver a replantearnos muchas cosas pues la Conciencia va a comenzar a expandirse y va a ampliarse nuestra perspectiva de la realidad. Seamos valientes, este desafío merece la pena de ser vivido porque nos fortalecerá finalmente.

Cuando la Mente se despeja y se calma podemos ir a la Sala de Conciliación del corazón. Aquí se refleja quién eres de forma auténtica. Aquí, desde el sagrado silencio del corazón, podemos conocer nuestra misión de vida, siguiendo nuestra intuición, fortaleciendo nuestras virtudes. Aquí se nos esclarecerá qué hemos venido a resolver como almas en evolución.

Al unificar y sintonizar Mente/Corazón sentiremos cómo se ilumina el camino a seguir. Lograremos una reconciliación con todo lo que nos ha tocado vivir. Porque nada es casualidad y todo tiene un propósito.

Asumamos pues realizar el plan divino en nosotros.

Paz y Amor para alcanzar todo lo que nos propongamos y que el Universo tiene diseñado para cada uno de nosotros.