Ser sinceros con nosotros mismos

mujer pintandose de coloresSin darnos cuenta, en algún momento de nuestra vida, comenzamos a desarrollar el disimulo. Tenemos una actitud de cortesía colindante con la falsedad. Un comportamiento de sinceridad ambigua que nos obliga a reprimir nuestros verdaderos sentimientos y forma de  ser.

¿Qué nos impide expresarnos? ¿Qué nos frena a ser sinceros? ¿Por qué nos cuesta decir lo que sentimos? ¿Qué nos imposibilita a decir lo que pensamos y a ser quien somos?

En el centro energético de la garganta, cuando está abierto, fluye la energía vital que nos facilita la comunicación y relación con los demás. Cuando este centro está bloqueado, debido a nuestras inseguridades, miedos y represión, se nos hace difícil manifestarnos y sacar fuera nuestras emociones.

Esa gran mordaza, si no actuamos para zafarnos de ella, termina por asfixiarnos, desde la depresión, la auto-derrota, la amargura y la frustración. También puede que se manifieste físicamente con todo tipo de problemas de garganta y  afecte a la tiroides o se tenga problemas digestivos por “tragar” lo que no se expresa …

Vemos distorsionados los problemas; creemos que los impedimentos  vienen de afuera, y pensamos que es el otro quien nos hace callar o no nos deja expresarnos. Pero quien nos coarta, quien hace por silenciarnos son nuestros propios miedos;  nuestra incapacidad de comunicación. Y nos convertimos en  víctimas desde la rabia silenciada.

Podemos romper esas ataduras. En cuanto nos hacemos conscientes de que el problema está en nosotros -no importa qué o quién lo ocasionó- pero ahora somos conscientes de que ese problema está en nosotros y de que podemos solucionarlo. Queremos ponerle fin.

Ahora es cuando aceptamos el reto de hablar. Ahora ponemos en práctica el ser sinceros con nosotros mismos. Empecemos por ahí.