El pequeño yo.

niño en bola azulCuando la Conciencia en nosotros se va desarrollando llega un momento en que es más grande y poderosa que la mente con la que acostumbrabamos a funcionar… de pronto, la sobrepasa y de alguna manera la incorpora en sí misma… y eso vendría a ser lo que llamamos “mente superior”.

En la mente superior están las oficinas de los altos dirigentes. Ahí los despachos son de lujo, espaciosos. Ahí trabajan los más grandes creativos y sólo tienen acceso a ellos ejecutivos muy cualificados para trabajar a las órdenes del Yo Supremo. Así que, un buen día, el personajillo “yo” que se creía dueño y señor de la maquinaria pensante y centro del mundo entra en crisis profunda al darse cuenta y tener que aceptar su insignificancia.

Todo se le desmorona a su alrededor; entra en un estrés y angustia incontrolable intentando no perder su imagen construída con tanto esfuerzo y cae en un pozo profundo. La sacudida es tan grande que todos los muros que había levantado para engrandecer el  ego se han hecho añicos y es entonces cuando -quizás por primera vez- se dirige al corazón y  pide humildemente ayuda a su alma y se rinde y acepta y reconoce que  existe un Ser Superior y él es parte del Uno.

Este encuentro le hace vislumbrar la Luz y la Verdad en sí mismo y le llega a su corazón directamente el entendimiento de la ilusión en la que vivía y de lo que es la Realidad. En ese despertar de la Conciencia su corazón se alivia y comienza a sentir paz.

Ahora es la Conciencia quien le guía y él se deja llevar. Se da cuenta que el orgullo y la soberbia se alojan en la mente inferior y si eres débil caes en sus trampas y te esclavizan. Ahora que la Conciencia ha hecho limpieza en la mente y el ego ha sido reducido, el yo tiene espacio para crecer correctamente y vive conectado a su Alma.

En la medida en que la Conciencia en nosotros se va desarrollando y el ego ya no pone más resistencias y deja paso a que sea el corazón quien gobierne nuestra vida, a partir de ahí la serenidad se vuelve un estado permanente en nosotros y es el sexto sentido, la intuición, quien dirije nuestros pasos certeramente.

Desde la meditación y otras prácticas espirituales. Desde la disciplina y el actuar correcto. Desde el respeto y el amor a nosotros mismos y hacia los demás. Así logramos evolucionar como seres humanos y divinos que somos.

 

 

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