La obediencia ciega

El ser humano ha perdido la capacidad de desobedecer, de resistirse, no por rebeldía sino por derecho.

El derecho a pensar por sí mismo y decidir su Camino desde el conocimiento intuitivo de lo que es humano e inhumano; de lo que es justo y de lo que es injusto. El derecho a experimentar por sí mismo para formarse como individuo entregado al Bien común.

Sin Conciencia de SER, sin conocimiento de uno mismo, es imposible PENSAR con claridad y sin condicionamientos.

Una MENTE DÉBIL no ha sido nutrida en la reflexión, es la que no le han enseñado a pensar, le cuesta tomar decisiones por sí misma, no sabe cómo deshacerse de los pensamientos inútiles. Su capacidad de razonamiento es muy limitada. Y ya no hablemos de lo que va más allá de lo concreto; ser consciente de la Conciencia que limpia y purifica la Mente y nos lleva a visionarnos como seres completos..

Se ha perdido la habilidad de discernir, o sea de desobedecer, de decir NO cuando en nuestro interior sentimos que nos están manipulando, avasallando, mintiendo descaradamente, engañándonos … y no nos atrevemos a defendernos, no nos atrevemos a alzar la voz porque el sistema educativo y la sociedad promueve una ciudadanía sumisa.

El propósito de la vida es sencillamente vivir plenamente pero nuestra Mente crea impedimentos desde el miedo, se resiste a fluir en libertad, desde los condicionamientos y creencias limitadoras.

Toda sanación requiere de limpieza de pensamientos, hábitos, actitudes, creencias, para que haya por fin una ampliación de perspectivas y posibilidades.

No existe un único camino ni es el sufrimiento obligatorio. No podemos esperar que otros nos acepten si no nos sentimos aceptables nosotros mismos. No podemos esperar que nos amen si no nos amamos primero a nosotros mismos. A veces nos cambia la vida cuando nos atrevemos a decir NO, o a decir BASTA.

Hombres y Mujeres

amor 1Nos desenvolvemos en el mundo primario de la dualidad. Desde la rigidez mental de la separación y el enfrentamiento. Si piensas como yo, eres de los míos o de lo contrario ya no te escucho. Sin capacidad para percibir más allá de nuestras conveniencias, vemos al otro como rival. Y hoy en día hemos llegado a los extremos de rivalizar entre hombres y mujeres.

Nos falta educarnos en el CIVISMO. Cívica es la persona que se interesa por el bien común de la sociedad. La persona común insulta, amenaza, no deja espacio al que ve como contrario. La persona cívica es la que es consciente de su responsabilidad como ciudadana, compartiendo con el otro desde el respeto, sin ver diferencias entre razas o género.

Hombres y mujeres deberían convivir como complemento el uno con el otro y no enfrentados. Entiendo que estamos viviendo unos momentos de «reacción» por los efectos de tantos siglos de sometimiento y represión hacia la mujer. Pero el varón heredó generación tras generación esos patrones machistas que las madres han estado reafirmando inconsciente u obligatoriamente, desde su puesto de educadoras, tan arraigados estaban esos patrones de superioridad del hombre.

Ahora es el momento de reconfigurar los sistemas educativos y sacudirnos de encima la mentalidad y creencias caducas. No desde la venganza y las represalias o el castigo. El único enemigo es la ignorancia. Se trata de educar desde el amor hacia el prójimo.

Revalorizar la naturaleza femenina, recuperando su naturaleza y esencia. Pero también es sumamente importante ayudar al hombre a encontrar su sitio como pareja, como padre, como hermano.

Las energías masculina y femenina no son contrarias, son dos esencias distintas sino necesarias en una misma persona, sea hombre o mujer. La calidad humana está en la armonía y equilibrio de ambas.