Reducir la densidad de las formas

ser deluzEl ser humano, cuando toma conciencia de sí, comienza a reducir voluntariamente su densidad; la rigidez de sus formas, el rigor de sus creencias, la severidad de sus pensamientos, …

… se expande su capacidad de percibir la belleza de lo sutil: siente  la generosidad de la Madre Tierra,  las energías reparadoras de la Naturaleza, …

El ser humano fue diseñado desde la  pura geometría y es en sí mismo el punto de referencia entre el Cielo y la Tierra.

El ser humano es música en su devenir por la vida, pudiendo sintonizar con el sonido sideral y armonizarse con él..  Es vibración, frecuencia, ritmo…  y sus acordes  crean una melodía nostálgica y  anhelo por fundirse nuevamente en la Luz de la Conciencia Suprema.

Lograr la liberación de la forma en virtud de la esencia. La victoria del espíritu sobre la materia.

La intuición como revelación permanente del corazón. Lo trascendente como perspectiva unitiva del Ser con el Todo.

Más que una mentalidad devocional contemplemos la esencia divina de las cosas y de todos los seres vivos y vivamos acorde a su sentido sagrado.

 

La facultad de Ver y Escuchar

florysolEl Alma  queda reducida a rescoldo cuando no se mantiene la llama del Espíritu. Cuando el ser humano se aleja y desatiende su parte divina -su Conciencia- comienza su desgracia… y no sabe por qué; ha perdido la facultad de Ver y Escuchar. Ha dejado atrás a su ser esencial.

El ser humano está extraviado. No existe la paz en el interior ni en el exterior. Y no es por culpa de esto o aquello, no vamos a justificarnos más de que nuestra infelicidad la causó algo externo a nosotros mismos. El ser humano perdió la  conexión con la  Fuerza y sabiduría de su corazón espiritual que lo une a la Conciencia Suprema.

Ni a nivel individual y por lo tanto tampoco a nivel global existe la paz porque el ser humano sigue atado al plano de las formas y de lo material.  Es la mente quien domina desde el egoísmo y la codicia.

La paz es ausencia de conflicto. Y el conflicto nace al romperse el equilibrio entre las energías masculinas y femeninas que en todo ser humano debieran estar despiertas y fluyendo en armonía. Si no hay Fe y Amor, hay miedo a perder.

El conflicto se crea al querer ser diferente a lo que uno es, queriendo «tener y ser  más» y que esa es la trampa clave que nos lleva a la  infelicidad y la enfermedad.

Desde el despertar de la Conciencia es como podremos  recuperar las cualidades innatas de la intuición para que se abran las puertas hacia la divinidad que hay en nosotros y nos conecten por fin con las energías cósmicas del Amor Incondicional.

 

Juzgar a los padres

niñoyabuelo

No es fácil  perdonar a quien nos ha hecho sufrir. Pero se hace necesario sanar las heridas emocionales,  para poder continuar la vida desde la armonía y la paz con uno mismo.  Y todo ello sólo es posible abriendo el corazón desde el perdón, en busca de la reconciliación con uno mismo.

El caso es que uno llega a la conclusión -en la madurez de la vida-  de que no tenemos nada que perdonar.

En la adolescencia se piensa que las cosas son blancas o negras, que las decisiones se toman  diciendo si o no, que las situaciones son fáciles de distinguir pues son buenas o malas, que existe la buena o mala suerte, y… pensando así, es como  cometen el error de juzgar a los padres desde una visión parcial y superficial…

No les sirve conocer la explicación de que, por ejemplo, cuando  niño, efectivamente la madre no pudo ocuparse de él porque estuvo con una hepatitis a punto de morirse y le llevó un año recuperarse y coger fuerzas para seguir viviendo… el ahora adolescente sólo tiene en cuenta su sufrimiento y sentido de abandono, y  eso es normal.

Hoy en día muchísimos jóvenes dicen que no quieren tener hijos… y volvemos a la actitud del «si / no». Pero la vida no se resuelve así: «No tengo hijos y así no hago desgraciado a nadie y no soy responsable de ello…» … este es el razonamiento simple e inmaduro del me gusta, no me gusta, quiero, no quiero, bueno malo … Pero la vida tiene infinidad de matices y entramados… e inclusive podríamos decir que está la parte kármica …

El ser humano aprende muchas veces desde el error, el arrepentimiento, el conflicto. Es desde la experiencia y el riesgo como logra crecer como persona. Se hace buen padre y buena madre desde su inexperiencia como tal; cometiendo errores, corrigiendo patrones… es inevitable.

Pero muchos jóvenes no admiten ni perdonan el fallo en los padres y su resentimiento hacia ellos lo mantienen vivo en cada momento de sus vidas en que se sientan desgraciados o infelices ellos mismos… castigándoles por sus propias frustraciones, haciéndoles responsables -para siempre- de todos sus momentos malos… recordando machaconamente el que son víctimas de una infancia infeliz por esto o por aquello que ya han magnificado, enmarcado y colocado en el centro de sus vidas.

Jueces severos que no escuchan ni intentan comprender a la otra parte. Pero esa otra parte no es cualquiera: se trata de quien les dio la vida. De forma más o menos afortunada, con todo el sacrificio y buena voluntad que supone…también desde su inexperiencia, egoísmo, inconsciencia …. y también dentro del imparable vaiven que supone vivir sin que se les haya enseñado la difícil tarea de  ser padres …

¿Quién soy yo para juzgar y conceder o no el perdón?   Si mi corazón no es capaz de sentir ternura por quien me dio la vida, dejando a un lado todo lo circunstancial que la pudo hacer insufrible, al menos llevemos paz a nuestro corazón, aceptando lo que fue y liberándonos del dolor, a través de la aceptación.

Si no lo quieres hacer por ellos, al menos hazlo por tí mismo.