Aventar obstáculos

yo fran ultimasMe ha venido a la memoria  cuando nos fuimos a vivir al campo en unas condiciones de extrema pobreza material pero con muchas ilusiones. No contábamos con ningún apero de labranza, quizás un par de azadones, pero así y todo, además de una huerta,  sembramos un campo de habas para alimentar unas cuantas cabras que teníamos.

Alrededor había dos familias vecinas  que desde que nos instalamos allí nos miraban con desconfianza…

Cuando llegó la hora de trillar la cosecha y ya la habíamos llevado  a nuestra pequeña era, le pedimos prestado al vecino el mulo, pero éste se negó. Tuvimos la idea de hacer la trilla con nuestro coche panda. Los niños disfrutaron como si fuese una fiesta.

A  la hora de aventar, le pedimos al otro vecino nos prestasen las palas para separar la paja pero también se negó.

Mi marido entró en la casa diciendo que así era imposible seguir. Tampoco hacia ni pizca de viento como ayuda. Pero en mí estaba la resolución de recoger la cosecha que tanto esfuerzo nos había costado  y con las manos comencé a tirar hacia arriba la paja lo más alto que daban mis fuerzas mientras lanzaba gritos “guerreros”… enseguida mis hijos me imitaron.

Curiosamente comenzó a levantarse una brisa que cada vez se hizo más fuerte y nosotros reíamos fuerte viendo como la paja volaba y el grano caía a nuestros pies.

Era ya el atardecer y paramos dispuestos a seguir al día siguiente. Por la mañana temprano cuando salimos a nuestra pequeña era vimos con asombro que los vecinos habían dejado allí los aperos necesarios para la trilla… y así fue como pudimos terminar de recoger cinco sacos de habas secas para nuestras cabras.

Creer en la propia fuerza ayuda a crearla. Y lo mejor de ésto es comprobar que la Naturaleza te apoya.

Si tienes una certeza en tu corazón, nunca te rindas, la Naturaleza y el Universo son los mejores proveedores y aliados.

El derecho a cometer errores

nina-y-munecas-cara-a-la-paredLos niños aprenden a caminar  cayéndose y levantándose  cien veces, lo intentan una y otra vez hasta que lo consiguen. Su fuerza de voluntad va ligada al deseo de  conquista. Su valentía no contempla la posibilidad de rendirse, la vida misma representa un desafío que  viven con entusiasmo y desde una actitud de superación.

Un niño no tiene sentimientos de fracaso o culpa hasta que otro entremete esa idea en su cerebro. El castigo es una forma de educar al niño  para  hacerlo obediente: a través del miedo, la humillación o inculcándole  una prudencia y ‘cordura’ excesiva.

Los pensamientos de miedo  van apareciendo entonces como propios. Pero la realidad es que no lo son . El miedo y la falta de autoestima son  introducidos desde fuera hasta que lo hacemos parte de nuestra identidad.

El miedo es el primer elemento que entra en la mente para confundirnos y hacernos dudar de nosotros mismos y de nuestras capacidades.

Borremos los miedos de nuestra mente. Volvamos a ser niños; cometiendo errores sin que eso suponga un sentimiento de fracaso. Vaciemos la mente de esa carga densa de minusvalía e incapacidad para que cada vez que nos caigamos nos volvamos a levantar sin frustrarnos, sin rendirnos.