Pensar es más importante

hombre saludo al solPensar tiene más beneficio que hablar.

El habla es la acción por medio de la palabra que utilizamos para comunicarnos, pero muchas veces nos arrepentimos de haber hablado demasiado pues ocasionamos daño a los demás y a nosotros mismos.

Si se utiliza sin pensar puede producir confusión, inestabilidad emocional y enfado.

Si se utiliza como arma arrojadiza, para defendernos, hará daño incalculable.

Si se utiliza para juzgar, al no ser imparciales no somos justos. Lo que hacemos es recriminar, y eso nos traerá como efecto, sentimiento de culpa y el desencanto por nosotros mismos.

Si se utiliza para pacificar, portando alta vibración de amor, irradiará paz y dicha.

Por otro lado, desde el silencio tenemos la oportunidad de pensar, observar, escuchar y sentir. Después podemos hablar si tenemos algo que decir.

No es útil la opinión que no aporta algo bueno. Si hablas, que sean palabras que nazcan en el corazón y lleven una nota de reconciliación y esperanza.

Guardar silencio precisa de un gran control sobre las emociones. Quien sabe guardar silencio -y conoce el valor del Silencio- no emite juicios, no opina, no interrumpe.

El Silencio es la no-acción que expresa la sabiduría de quien lo practica.

Expresar y comunicar

Están los que no tienen problema de expresarse correctamente, pero éstos son pocos.  Están los que se expresan a destiempo y malamente aunque luego se arrepientan pero lo vuelven a hacer. Y están los que están  pero no se expresan.

Decir lo que se piensa y expresar el ánimo en el que uno se encuentra no es fácil para la inmensa mayoría de las personas. Callamos porque pensamos que el otro no nos va a entender. Callamos convencidos de que nuestras palabras van a ser tergiversadas o utilizadas en nuestra contra.

Disimulamos y preferimos no aclarar las cosas por no soliviantar al otro. Nos retraemos, nos tensionamos por miedo a expresarnos.  Nos quedamos sin habla y no manifestamos lo que pasa por nuestra cabeza y menos aún confesamos lo que pasa por nuestro corazón.

Pero siempre estamos a tiempo de aprender.  Es cuestión de practicar. No dejar acumular en nuestro cerebro todo lo que hubiésemos querido decir y nos lo hemos guardado y mantenemos vivo  en nuestra mente… quizás para soltarlo de forma mordaz y utilizarlo como arma en otro momento . ¡Siempre a la defensiva!

Expresar lo que pensamos, lo que deseamos, lo que tememos … lo que nos parece bien y lo que nos parece mal… comunicar desde el amor y la calma.

Expresar, no cuando estamos agotados, nerviosos y hartos … Hablar y dialogar cuando estamos serenos, relajados, con deseos de compartir lo bueno …

 

 

Ser sinceros con nosotros mismos

mujer pintandose de coloresSin darnos cuenta, en algún momento de nuestra vida, comenzamos a desarrollar el disimulo. Tenemos una actitud de cortesía colindante con la falsedad. Un comportamiento de sinceridad ambigua que nos obliga a reprimir nuestros verdaderos sentimientos y forma de  ser.

¿Qué nos impide expresarnos? ¿Qué nos frena a ser sinceros? ¿Por qué nos cuesta decir lo que sentimos? ¿Qué nos imposibilita a decir lo que pensamos y a ser quien somos?

En el centro energético de la garganta, cuando está abierto, fluye la energía vital que nos facilita la comunicación y relación con los demás. Cuando este centro está bloqueado, debido a nuestras inseguridades, miedos y represión, se nos hace difícil manifestarnos y sacar fuera nuestras emociones.

Esa gran mordaza, si no actuamos para zafarnos de ella, termina por asfixiarnos, desde la depresión, la auto-derrota, la amargura y la frustración. También puede que se manifieste físicamente con todo tipo de problemas de garganta y  afecte a la tiroides o se tenga problemas digestivos por “tragar” lo que no se expresa …

Vemos distorsionados los problemas; creemos que los impedimentos  vienen de afuera, y pensamos que es el otro quien nos hace callar o no nos deja expresarnos. Pero quien nos coarta, quien hace por silenciarnos son nuestros propios miedos;  nuestra incapacidad de comunicación. Y nos convertimos en  víctimas desde la rabia silenciada.

Podemos romper esas ataduras. En cuanto nos hacemos conscientes de que el problema está en nosotros -no importa qué o quién lo ocasionó- pero ahora somos conscientes de que ese problema está en nosotros y de que podemos solucionarlo. Queremos ponerle fin.

Ahora es cuando aceptamos el reto de hablar. Ahora ponemos en práctica el ser sinceros con nosotros mismos. Empecemos por ahí.