Sin final

Cada momento que pasa este cuerpo se acerca más al final de su función. El cuerpo tiembla ante la idea y el alma se alegra.

Desde el desapego se vive en la nostalgia de la deseada vuelta de la Esencia a sus orígenes.

La falta de interés por las cosas de este mundo llevan mi mirada más allá del horizonte de forma desapasionada. Sin curiosidad mental. Desde el sentir intuitivo.

No entiende mi gente de este desarraigo, ni mi Yo tampoco, sinceramente.

Desprendida, parezco indiferente, insulsa, pero es que el alma apacible ha tomado el mando de mi vida…

Mi corazón late en otras latitudes, sólo es eso… cosas de la edad …

Una vida plena sin edad

mujer anciana riendoVolver atrás 35 años, en un instante, es posible si primero te deshaces de los miedos. Traer el pasado -limpio de culpas- al presente de forma consciente. Revivir el sentir de la juventud en la madurez y reconciliar la nostalgia y la soledad con el amor y el entusiasmo por la vida.

Poder llorar y reír,  al percibir que se puede fusionar también el cielo y la tierra, y en ese punto; transformar en paz y aceptación la vida, haciéndola más plena. ¡Qué victoria!

A las personas queridas las guardamos en el corazón, donde se mantiene intacto el sentir de todo lo bueno que nos han dado. Con los años, el  transcurrir del tiempo deja de interesar. Al ir deshaciéndose uno de la importancia personal, al ir perdiendo identidad, también uno se aligera de lo poco significativo; de todo lo externo.

El corazón es la cueva sagrada  donde quedan  depositados todos nuestros tesoros y vivencias. El poder de nuestro ser esencial original se mantiene vivo por siempre en la llama del Amor que ahí permanece perenne.

 

Conformarse y acomodarse

niños divertidosDe niño y de adolescente uno está lleno de curiosidad, entusiasmo y enorme vitalidad para hacer cosas. Los niños tienen prisa por crecer y salir a descubrir el mundo por ellos mismos. Parece como si les faltara tiempo y espacio  para expandir toda su pasión y efervescencia.

Pero en la medida en que nos vamos haciendo mayores toda esa ilusión se va apagando. Toda la inocencia se ha esfumado.  En cambio, la desconfianza, la seriedad y la desilusión son las que están haciendo cálculos en la mente, recordándonos que debemos ser más comedidos y prudentes… nos volvemos rígidos y falsos  …

Cuanto más avanzamos en edad ya lo natural es estar cargados de miedos e inseguridades. La frustración y el desengaño están tan presentes que no han dejado espacio para un nuevo enamoramiento o una nueva ilusión…  mejor quedarse con la añoranza de lo que hemos magnificado en el recuerdo.

Pararse en el tiempo y conformarse diciendo ‘yo ya tuve bastante’, cerrando puertas a nuevas oportunidades que la vida siempre está creando para nosotros, es una actitud pobre.

Acomodarse a lo ya trillado sin ganas o esperanzas de volver a sembrar, sin desear tener una vida propia, llena, hasta el final de los días, es una actitud pobre.

Y es que llevamos el pasado a cuestas -los recuerdos dolorosos y tristes-. Llevamos a cuestas los sentimientos de culpa. Todo eso pesa enormemente y ensombrece nuestra existencia.

Falta volver a saborear la vida, con el mismo entusiasmo de cuando se era niño. Cada día, a cualquier edad, es un nuevo día por descubrir y dejarse sorprender.