Reconocerse a sí mismo/a

yo.fran vistaPrimero necesité treinta y cinco años para reconocer y nombrar mi Yo. Once años más para considerar fehacientemente de que los milagros existen y que por alguna razón o ninguna, yo estaba protegida de mis propios actos inconscientes.

Diez años más y con cincuenta y seis, se abre la tierra bajo mis pies, me hundo en ella dolorosamente, pero termino renaciendo. Me adentro en las energías del REIKI.

En noviembre de 2007, mucho después de haber viajado por Sudamérica buscando un maestro, lo encuentro en Granada, viviendo cerca de mi casa. Swami Purohit es desde entonces mi paciente y amoroso maestro que a través de la “diksha” sigo su aprendizaje en KRIYA YOGA, Mantra y Meditación.

He necesitado diez años más, para tomar plena conciencia de mi ser y de la gran ayuda del Universo que recibo continuamente. Los Caminos para llegar a la unidad con El Absoluto son insondables.

Sé que sólo desde la experiencia es que se avanza en entendimiento sobre lo que significa la vida para reconocerse dentro de ella y participar con pleno derecho y obligaciones.

No tener miedo a experimentar es imprescindible. La vida es un continuo desafío.

Hoy por hoy me siento enteramente agradecida. Profundamente agradecida.

Mi Maestro Swamiji Purohit

dsc01715Doy gracias a Dios por el  regalo que puso en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro espiritual.

Creemos manejar enteramente nuestra vida, sin embargo, el Destino introduce de improviso personas o situaciones totalmente inesperadas que hacen cambiar tu vida; ampliarla, darle más color …

Y así sucedió conmigo.   Justamente a finales de noviembre de 2007,  apareció casualmente quien es mi maestro espiritual desde entonces.

Visité en aquel tiempo a una amiga que me habló de él. Me dijo acababa  de llegar a Granada un maestro hindú experto en astrología y que iba a dar una charla esa tarde sobre yoga y meditación. Me animó a que fuese, poniendo miel en mi boca al decirme que también leía las manos y hacía la carta astral. Como son temas que  me fascinan fui.

Me encontré con un hombre de pequeña estatura y muy delgado, de mediana edad. Hablaba en inglés y tenía una traductora inglesa que yo ya conocía. Al finalizar la charla  dijo que nos iba a transmitir energía y haríamos una meditación.

Pronunció la palabra en sánscrito “diksha” que quiere decir “iniciación”. Sentí curiosidad pues yo, no hacía mucho, había participado en dos cursos de “Diksha”, donde había pagado bastante dinero por recibir una transmisión de energía que prometía expandir nuestra conciencia y llevarnos a dimensiones superiores. Y así fue realmente.

En la transmisión de energía que Swamiji nos dio,  pude reconocerle como un ser de Luz  y su energía me envolvió de manera muy especial. Al acabar, sin pensarlo, le pedí fuese mi maestro. Desde esa fecha hasta hoy mismo sigo sus instrucciones en las prácticas espirituales que imparte en cursos de más de cien personas en distintas ciudades de España.

No ha sido una travesía fácil. He sido testigo de sus comienzos, de cómo ha ido adaptando el lenguaje y las formas a nuestra mentalidad y también de su paciencia para con nosotros para bajar a nuestro nivel de comprensión y entendimiento en materias profundas como es la espiritualidad.

Con humildad, respeto y generosidad nos  guía,   haciéndonos ver que el mayor desafío es nuestro propio ego y mente.

 

Mi maestro Swamiji Purohit

DSC01715Este escrito es de finales de noviembre de 2012.  “Daba por hecho que ya lo había dicho todo y que nada más interesante por contar y compartir pasaría en mi vida. Pero para mi gran sorpresa no ha sido así. Doy gracias a Dios por el maravilloso regalo que ha puesto en mi camino cuando ya no esperaba nada; el maestro y guía espiritual.

Creemos manejar enteramente nuestra vida, sin embargo, el Destino introduce de improviso personajes o situaciones totalmente inesperadas que hacen cambiar tu vida. Y así sucedió conmigo.

Justamente a finales de noviembre de 2007,  pensando que ya nada más destacado iba a suceder en mi vida, apareció casualmente quien es mi maestro espiritual desde entonces.

Visité en aquel tiempo a una amiga que me habló de él. Me dijo acababa  de llegar a Granada un maestro hindú y que iba a dar una charla esa tarde sobre yoga y meditación. Ella no podía ir pero me animó a que yo fuese, poniendo miel en mi boca al decirme que también leía las manos y ese es un tema que a mí me fascina. Así que fui.

Estábamos muy pocas personas en una sala pequeña de  yoga en el centro de Granada. Él,  pequeño de estatura y muy delgado, de mediana edad. Hablaba en inglés y tenía una traductora inglesa que yo ya conocía. Su charla  me pareció “normal”. Pero al final de ella dijo que nos iba a transmitir energía y haríamos una meditación.

Pronunció la palabra en sanscrito “diksha” que quiere decir “iniciación”. Sentí curiosidad pues yo, no hacía mucho, había participado en dos cursos de “Diksha”, donde había pagado bastante dinero por recibir una transmisión de energía que prometía llevarnos a dimensiones superiores (y así fue).

En esta transmisión de energía de Swamiji pude reconocerle como ser de Luz  y su energía me envolvió de manera muy especial. Al acabar, sin pensarlo, le pedí fuese mi maestro.

Desde esa fecha hasta hoy mismo sigo sus instrucciones en las prácticas espirituales que imparte en cursos de más de cien personas en distintas ciudades de España.

No ha sido una travesía fácil. He sido testigo de sus comienzos, de cómo tuvo que ir adaptando el lenguaje y las formas a nuestra mentalidad y también de su paciencia para con nosotros para bajar a nuestro nivel de comprensión y entendimiento en materias profundas como la espiritualidad, guiándonos continuamente y haciéndonos ver que la mayor lucha y desafío es con nuestro propio ego y mente.

Nos costó entenderle hasta que nos llevó a escucharlo desde el corazón y no desde la mente… sin cuestionarlo todo, siendo testigos de nuestras propias resistencias al cambio y aprendiendo a flexibilizar nuestros patrones y puntos de mira tan limitados.

Pronto se organizaron unos retiros espirituales de tres días donde venían entre treinta y cincuenta personas. Yo me ofrecí como cocinera. Todo un disfrute.

Más o menos a los dos años de estar con él y Sara viviendo en Barcelona, la avisé de que Swamiji daba un curso allí y le animé a que fuese a verle. Sabía le iba a gustar. Nada más verse se reconocieron… ahora, ella ya lleva dos años como su traductora y le acompaña a todos sitios; está totalmente dedicada a él. Y yo me alegro infinito porque es lo mejor que le haya podido pasar en la vida.

Todos estos años con él han sido maravillosos, haciendo un trabajo interior arduo pero que está dando frutos desde sus inicios. ¡Hay tanto por trabajarse a uno mismo!

Antes de conocerle, ya sabéis,  creía que ya tenía suficiente o que ya era suficientemente buena. Si miro hacia atrás me doy cuenta y soy enteramente consciente de todo lo que he tenido que deshacer y reconstruir y de todo lo que me falta todavía por lograr.

Una vez, esperando sorprender al maestro con un secreto mío, le dije “yo soy azul”. Él me miró a los ojos y para mi sorpresa, respondió “yo también”.  Mucho más tarde me enteré de que Krishna, por ejemplo, lo pintan azul…

Me siento agradecida.

Que haya armonía entre pensamiento y emoción, que haya sintonía entre las sensaciones y el cuerpo físico, que haya entendimiento entre el corazón y la mente, que haya sincronicidad entre la individualidad y el Todo, que haya un eterno Presente lleno de Amor Incondicional…