Hay salida

DIBUJO HUYENDONos encerramos pero hay salida. Nos quedamos con patrones fijos pero hay posibilidad de salir de ellos y crear unos nuevos.

Hay salida. Sin tener que tomar medidas drásticas ni irnos al otro extremo o salir huyendo.

Hay salida al sufrimiento. Salir del pasado que no nos deja vivir en el presente.

Hay salida a la dependencia que debilita nuestra identidad.

Necesitamos ser libres porque es nuestra condición. Marchitamos si no, en la resignación.

Hay salida a la sumisión, a la manipulación, al sentimiento de culpa, al sacrificio obligado, al miedo.

Al salir de lo que nos aprisiona surge lo nuevo. Salimos para manifestarnos.

Salir para resaltar quien uno es desde el Ser y sentirnos merecedores de amarnos, recibir amor y amar a los demás.

Ordinario y extra-ordinario

No debiéramos hacer distinciones de capacidades e inteligencia entre los seres humanos sean hombre o mujer pero sí reconocer la diferencia entre el ser humano ordinario y común y el ser humano «extra-ordinario».

El ser humano común y ordinario vive de forma inconsciente, no se conoce a sí mismo, no sabe de todas sus capacidades y vive superficialmente.

El ser humano «extra-ordinario» vive consciente de sí y del mundo en profundidad, del que se siente parte y desarrolla su Conciencia desde su Ser.

El ser humano común -indistintamente hombre y mujer- son impulsados y motivados por sus cinco sentidos externos y su mundo se limita a lo que le rodea en el mundo terrenal y físico.

El ser humano fuera de lo ordinario (con Conciencia de sí) ha llevado sus cinco sentidos a su interior para experimentar las otras dimensiones de su Ser y ha descubierto su sexto sentido: LA INTUICIÓN, que le lleva a percibir lo extrasensorial.

El ser humano común, atrapado en el mundo material inmediato, es dominado por su mente inferior: los miedos, la inseguridad, el egoísmo, viviendo así en el sufrimiento.

El ser humano extra-ordinario, -indistintamente hombre y mujer- ha logrado salir de los patrones condicionantes y vive consciente en su proceso de evolución y desarrolla su mente desde la ecuanimidad y la paz interior.

Deberíamos centrarnos en lo que nos une como humanos que es nuestra capacidad de AMAR: cada uno desde su nivel de comprensión y saber. No más rivalidades. No más acciones contra nuestro prójimo…

La Culpa y el Perdón

corazon raiz.Sin saber del daño que nos hacían, cuando niños hemos recibido apelativos que, como semillas,   echaron raíces en nuestro corazón: ‘eres tonto’, ‘eres malo’, ‘me vas a enfermar’, ‘por tu culpa…’ ‘no sirves para nada’ …

Como padres, repetimos el mismo tipo de educación y comportamientos;  son nuestra referencia, y así ampliamos y reforzamos nuestro sentimiento de culpa: no hemos sabido hacerlo.

Perdonar a los demás es mucho más sencillo que perdonarnos a nosotros mismos. Esta es una tarea muy difícil de llevar a cabo. Lo razonamos y desde la Mente nos decimos que nos perdonamos, pero seguimos con la carga que presiona nuestro corazón y esas raíces se alargan asfixiando los  pulmones.

Esta falta de coherencia mental y emocional crea finalmente un nuevo conflicto en nuestro interior. Nos hemos hecho conscientes de nuestro sentimiento de culpa, queremos perdonar y perdonarnos, pero no lo conseguimos.

Me estoy haciendo daño a mi mismo. No me permito ser feliz completamente. No me siento merecedor de ser feliz y de ser querido.  No me valoro ni me siento digno de amarme a mi mismo y entregarme al amor.

DESHACER CREENCIAS Y PATRONES.-

1) Cambiar la percepción que uno tiene  de sí mismo a través de ejercicios prácticos que te lleven a conectar con tu Ser original, por ejemplo,  la meditación, la alineación y limpieza de los chakras, el yoga, Reiki y otros más.

2) Crear el hábito de ser el Observador del ‘personaje’  en nosotros, para acrecentar la importancia de la Conciencia.

3) Entender que el perdón no es hacia el otro sino hacia uno mismo. Dedicar tiempo a percibir, escuchar y amar al Ser que habita en nuestro cuerpo físico.

 

Nivel de humanidad

Mi actuación va ligada a cómo me siento conmigo misma: mi felicidad, mi autoestima, mi paz interior… ¿no es eso lo que estamos buscando?  Entonces, cómo es mi proceder como persona.

Debería ser innato en todo ser humano el sentido de integridad que lleva implícito la correción en el actuar; el deber y respeto hacia uno mismo,  hacia los demás y hacia el entorno. Pero claro, tener ese alto nivel de humanidad significa que no se ha perdido la conexión con el espíritu que nos da la vida y nos hace eternos.

Actuar con dignidad requiere fortaleza de carácter, mente clara, comunión con mi Ser y estar centrados en el corazón. Porque mi dignidad e integridad son las que marcan mi actuar; no tengo dudas de lo que es correcto e incorrecto y ningún interés por debajo de mi honestidad y sinceridad hará que me olvide del deber que tengo para conmigo mismo.

Mi Ser sabe lo que es correcto e incorrecto. Sabe cuáles son mis responsabilidades y deberes. Si mi yo-personaje  ha ido tomando poder  y mando,   alejándose de su Ser esencial, es cuando en mí entra el conflicto, la confusión y un sentimiento de infelicidad me va envolviendo.

Si no existe  conciencia de mí mismo, tengo que hacer un camino hacia la reconexión. La cuestión  está en no demorar más esa introspección para hallar a nuestro ser.

¿Cuáles son los deberes que tengo conmigo mismo? Cuidar de mi salud física, de mi bienestar, crear paz interior, ser feliz, amar y ser amado. Son mis deberes y son mis derechos también. No me lo puedo negar.

¿Cuáles son mis deberes hacia los demás? El respeto y dedicación a las personas más cercanas y también a todos los demás seres vivos, a la sociedad, al planeta, la Madre Tierra…

Midamos nuestro nivel de humanidad. Reconectemos con nuestra esencia. Cumplamos con nuestros deberes para que nos sintamos en paz con nosotros mismos.