Levantamos muros cuando nos sentimos amenazados. Los muros que levantamos en nuestra mente nos aíslan del exterior; pero también de lo bueno que nos podría enriquecer. Si mantenemos una actitud de mente cerrada nos apartamos de las nuevas ideas y de las nuevas posibilidades.
Podemos desarrollar y fortalecer nuestro Ser. Tenemos la capacidad de percibir y aprender nuevas y mejores maneras de relacionarnos con el mundo exterior y con nuestro mundo interior. Tenemos el poder del discernimiento para elegir y decidir cómo hacer las cosas acorde a nuestra naturaleza.
Es la inseguridad lo que nos incapacita SER quien somos. Y la inseguridad es debilidad mental y emocional.
Sucede a veces que nuestra mejor voluntad y confianza en nosotros mismos se viene abajo. Que las dudas comienzan a enturbiar nuestro ánimo y buena disposición. Y aparecen los miedos. La mente aprovecha para lanzar pensamientos negativos.
¿Cómo recuperar la confianza en nosotros mismos? .- Poniendo orden en la casa de nuestra Alma, aprendiendo a identificar nuestro verdadero Ser; sus carencias y sus talentos.
Purificando nuestros propios pensamientos, emociones e ideas para poder así renovar regularmente los propios valores. «Yo Soy lo que me proponga ser desde mi Ser».
Hay muchos tipos de MIEDO, comencemos por reconocer el miedo a no ser aprobado y aceptado. Ese miedo lleva a la persona a ser excesivamente amable y servicial. Uno deja de ser quien es por complacer a los demás y conceder favores de forma ilimitada. Este miedo se camufla en una apariencia de amor y bondad que termina por anularse y dejarse manipular sin permitirse ser quien es.
Y este es un ejemplo que padecen hoy en día muchos niños en los colegios. El ACOSO ESCOLAR se produce en niños sin voluntad y sin identidad, incapaces de saber defenderse. Aparte de educar al acosador, el niño acosado debe recibir con urgencia las herramientas necesarias para fortalecer su auto-estima y su autoridad natural.
La INTUICIÓN es la auténtica Voz del Alma. La intuición fomenta la confianza en sí mismo. Desde la Meditación se puede desarrollar la escucha interior y esa conexión con el Alma, necesaria para fortalecer la identidad de nuestro Ser.

Si la Tercera Dimensión es la dimensión del Tiempo, Espacio y Materia que distinguimos con los cinco sentidos externos, la Cuarta Dimensión es la dimensión espiritual que percibimos con nuestros sentidos internos, sobretodo con el Tercer Ojo que al desarrollarlo clarifica la Intuición y la clarividencia.
La esencia divina está en cada uno de nosotros. El Alma es como la placenta etérea que envuelve al Espíritu, que es nuestra esencia divina eterna. Así que, la conexión entre nuestro físico y nuestro espíritu, es el Alma.
No descuidemos nuestra Alma y su anhelo de volar alto y libre.
El dolor del alma y el dolor del corazón creados por el desamor (el desencuentro con nuestro Ser) es una energía que actúa como las olas del mar golpeando las rocas; las olas rompen con fuerza contra las rocas, quitando sus aristas, redondeando y alisando su aspereza .
Un día que no tenía nada de particular, lo transformé en especial.
La VOZ INTERIOR de nuestra Alma es real y poderosa. Ella nos avisa, nos previene, nos alerta ¡cuidado!, dice. ¡Paciencia!, nos dice una y otra vez. Paciencia, nos susurra para que no nos adelantemos a los acontecimientos.
Ya que las palabras no cubren todo el sentir, es el Silencio quien viste las emociones.
La Fuerza es física y el Poder nace en el espíritu. Quien se sostiene en su Poder personal no necesita utilizar la Fuerza física.