Si queremos terminar los conflictos en nuestra vida, debemos comenzar a actuar con coherencia.
Necesito y deseo ser amada, entonces me amo a mi misma, irradio amor, atraigo el amor.
La coherencia me fuerza a mantenerme alineada con mi sentir y a ser sincera conmigo misma. Entonces es cuando lo que pienso, lo que digo y lo que hago se entrelazan armoniosamente.
En el momento en que no fuese así, sonaría una alarma en mi corazón, haciéndome sentir incómoda conmigo misma, y esto hace que antes de que surja el conflicto -conmigo misma- moderaré mis pensamientos, rectificaré el habla y desaceleraré la acción.
Tengo que hacer que el pensar, decir y hacer se vuelvan una sola cosa; fluyan al unísono.
Para ello debo ser observadora de mi misma, estar atenta, tener claridad mental y voluntad firme de propósito.
Ejercito mi mente en el control de pensamientos -nada de pensamientos inútiles- no cabe el divagar ni alimentar irrealidades. Conduzco mi mente con claridad y firmeza pero de forma flexible y creativa. Pongo mi mente a mi servicio; ella cumple una función para mi, cumple un cometido y soy yo quien utilizo la mente no al revés.
Cuando existe sintonía entre el pensamiento y la acción, los miedos no pueden obstaculizar la fluidez que se crea entre ambos. Los miedos crean inseguridad, no los quiero en mi vida. Los miedos son imaginarios, no les doy realidad.
No se trata de reprimir la conducta, lo que haremos en encauzarla. No se trata de sujetar o controlar los pensamientos, los iremos transformando para que nos nutran no que nos destruyan o limiten.
Todo comienza desde el amor hacia uno mismo.

Cuando somos capaces de generar energía vital, almacenarla y dirigirla, comienza a resultar fácil movernos hacia nuestro mundo interior para luego actuar en el mundo exterior con seguridad y firmeza.
Comienzas el camino espiritual como «buscador«.
Desde mi posición como terapeuta tengo la oportunidad de ver y reflexionar sobre cómo los humanos podemos llegar a estar tan ‘incompletos’ -sintiéndonos vacíos- debido a que no hemos tomado consciencia de quién somos.
A veces se gestiona la vida desde una perspectiva tan errónea que, cuando uno se topa con las consecuencias -que ha producido la inconsciencia y el egoísmo-, uno no sabe cómo afrontarlas. Ignorar las Leyes Universales inevitablemente tiene desagradables y dolorosos resultados.
Yo quise vivir la vida como si de una gran aventura se tratase y me dejé la piel en conseguirlo.
Que haya armonía entre pensamiento y sentimiento.
No hay actitud más despreciable que crear debilidad emocional en el otro a través de la amenaza. Inconscientemente; ignorando el alcance desestabilizador que puede tener una frase como «si no te portas bien no te voy a querer más» que le dicen algunos progenitores al niño. O en una relación de pareja, el que se siente fuerte intimida al otro «esto es lo que hay, si no te gusta te largas», sin posibilidad para el diálogo y el acuerdo.
Lo primero; ponte en el centro de ti mismo y toma consciencia de que tu vida es vida universal.
Le estaba hablando a un niño de 13 años sobre el poder que tienen muchas flores para sanar a las personas, a través de su energía que es superior a la nuestra.