
Hemos convertido la vida en una lucha y un sobre esfuerzo porque vivimos desde la mente; maquinando. Desde la trama y el drama ficticio.
Y en ese estar, planeando y calculando, nos movemos torpemente condicionados por el pasado y preocupados por el futuro.
Aunque no queramos, aunque nos demos cuenta de que así no funciona bien nuestra vida, de que no somos felices ni estamos en paz con nosotros mismos, seguimos en esa inercia consistente que nos ha robado la voluntad de ser desde el Ser divino que somos.
SER nosotros mismos consiste en FLUIR desde el corazón, desde nuestro espíritu. Nutriéndonos de las energías superiores; el néctar gustoso de la vida.
¿Cómo salir de ese patrón de actuación que nos perjudica?
Esta mañana haciendo un ejercicio de respiración, que llevo años haciendo (vaciar los pulmones sacando el aire como si fuese un fuelle , así varias veces), y que siempre lo he hecho desde el esfuerzo, de pronto me he dado cuenta de que lo estaba haciendo suavemente.
Me he parado sorprendida y he tomado conciencia de que los había realizado completamente relajada sin que estuviese la mente dirigiéndolo. He entendido que estando en la mente todo cuesta más.
La mente lo hace todo más pesado, más denso. Una mente rígida entorpece la espontaneidad, la bloquea al cuestionar o buscar la perfección DESDE LA MENTE.
La mente nos bloquea al crear expectativas, desde la exigencia, el miedo o el mismo deseo de querer hacerlo bien …
A la mente sólo deberíamos usarla cuando tenemos que pensar, cuando hay que tomar una decisión o esclarecer alguna duda.
Por lo demás, fluyamos desde nuestro cuerpo etéreo y nuestra intuición. Sin juzgarnos, sin castigarnos, sin culparnos.






¿Cuán creíble son nuestras palabras? Vivir en la Mente es como estar en una jaula. Puede ser una jaula bonita, inclusive cómoda, pero sigue siendo una jaula. Tenemos en la Mente, palabras e ideas, que nos resultan reconfortantes porque con ellas nos justificamos. Nos proporcionan un consuelo momentáneo, de cara al exterior, pero que muchas veces sólo sirven para auto-engañarnos.
En el proceso del desarrollo del Alma, hay síntomas físicos y emocionales, que pueden ser diagnosticados por la medicina oficial como DEPRESIÓN y que al ser tratados con fármacos, falsean la verdad de lo que ocurre y reprimen, de forma antinatural, lo que en realidad buscaba ser un canal de expresión de descontento profundo y vacío interior.