Mi identidad; lo que soy.

Cuando estamos atentos aparecen las señales.

Nada puede ser forzado ni tampoco sirven las experiencias prestadas.

Yo soy lo que soy, esa es mi identidad. Me reconozco desde el silencio.

La relación que mantengo conmigo misma es mi entidad. Unidad del Ser..

Enormemente sola y enormemente libre. Des-identificada del personaje.

En paz con la existencia. Me acepto. Mi Conciencia es mi guía y luz.

Enraizada en la tierra, unida al sol del día y a las estrellas de la noche.

Soy la luna en todas sus fases. Con ella brillo o me escondo (recojo).

«¿Cómo sentirme serena en situaciones inciertas?», me pregunté.

Y apareció el mensaje cuando ya me había rendido y dejé de pedir:

Apareció de la nada una garza sobrevolando muy bajo mi casa. La miré muy sorprendida y mi corazón se llenó de certeza «sigue adelante, atenta a las oportunidades para aprovecharlas rápidamente. Tu espíritu te guía».

Cada acción que emprendo es un paso más para desplegar mi propósito. Me siento agradecida.

Conviértete en el dueño de tu existencia y tu vida será guiada fácilmente por tu Ser.

Alimentando el espíritu.

La magia y luz de lo extraordinario.

Nuestro sistema energético es como una batería recargable. En nuestro cuerpo tenemos varias entradas de energía: la boca, los oídos, los ojos, los genitales … pero la puerta principal es el centro de la coronilla que se abre para conectarnos con las energías del Universo.

Si nos cuidamos de atender las necesidades de nuestro cuerpo físico comiendo solo lo que nos proporciona una energía sana y superior, estaremos alimentando también nuestra Alma.

Si nos responsabilizamos para que entre por nuestros oídos y nuestros ojos únicamente lo que enriquezca a nuestro espíritu, ganaremos en salud mental y emocional.

Si el acto sexual lo transformamos en algo sagrado también fortaleceremos nuestra dignidad e impecabilidad en nosotros mismos. Tocaremos el séptimo cielo.

Todo ello favorecerá nuestro alineamiento con la Naturaleza y nos permitiremos fluir en una frecuencia y vibración mayor donde la vida es gestionada por el Plan divino.

Problemas mentales

Desde el primer llanto como necesidad afectiva, hasta el último, probablemente reprimido, nuestra vida transcurre con muchos momentos vividos en el desamor y con el sentimiento de incomprensión de los demás.

La falta de Amor nos crea inseguridad y la inseguridad nos crea ansiedad y miedo. Tortura mental.

Alguien dijo «Si vamos a morir con la totalidad de nosotros mismos, por qué no vivir con esa totalidad«.

1 de cada 7 adolescentes hoy tiene alguna enfermedad mental diagnosticada. Siendo el suicidio un escape a tal inmenso sufrimiento al que no encuentran salida.

Se hace urgente una dedicación y entrenamiento para fortalecer el sistema nervioso, la confianza en sí mismo, la auto-valoración y el desapego a creencias y relaciones tóxicas.

La disciplina fortalecerá la voluntad de salir de hábitos e ideaciones nocivas.

Un terapeuta, amigo o familiar en el que confiemos debe ser el acompañante que insufle ánimo y renueve cada día el aliento y la energía para seguir adelante.

Ver la situación como un desafío a superar, es lo suyo. «Yo no soy mi mente«.

Existen tres diferentes actitudes ante la vida: (1) VICTIMISMO. Resistencia al cambio con energía negativa y de queja. (2) PERFECCIONISTA. Querer tener siempre la razón y ganar a toda costa. (3) EQUILIBRIO. Estar en paz con uno mismo. Equilibrio emocional.

Todos tenemos deseos, preocupaciones, desilusiones, pérdidas, miedos … el cómo reaccionamos ante estas situaciones y cómo nos enfrentamos a ellas y las solucionamos, es lo que hace la diferencia.

El Amor es el remedio para conocerse a sí mismo, sanar toda herida emocional y prevenir cualquier desequilibrio interior, físico y mental.

El AMOR es un estado del Ser, tiene que ver con uno mismo. Y cuando estamos bien con nosotros mismos, estamos bien con el exterior. Pase lo que pase, confiamos.

El entrenamiento para una Conciencia despierta y firme pasa primero por amarnos a nosotros mismos, sentirnos merecedores de recibir amor y desear compartir el Amor que somos.

La Luz del Amor

El perdón no cambia el pasado pero cambia el futuro.

La sustancia de Luz Universal que habita en nosotros pugna por expandirse, por irradiar más allá hasta el infinito. Creedlo.

Y esa Luz es amor puro. Esta Luz te da claridad para pensar, hasta que te das cuenta de que no hace falta pensar demasiado; que ya está en ti el Saber… y esa certeza en tu corazón te llena de tranquilidad.

Esta certeza te ayuda a centrarte y ser tu mismo. Y el yo personal que hasta ahora te dominaba comienza a transformarse, a diluirse, deshaciéndote de todo lo circunstancial y relativo.

Una actitud positiva de amor comienza a emanar de la Fuente que está en el corazón espiritual. Y es así como elevamos nuestra vibración y frecuencia.

Toda sanación, física, mental y emocional requiere de una limpieza de pensamientos, hábitos, actitudes, ampliación de miras, flexibilidad mental, … una descarga de lo dañino e inútil.

Actuemos en prevención, seamos genuinos, liberémonos de las dependencias y apegos.

Proceso de transformación

El proceso pasa por un estado de sentirse perdido-incomprendido al estado de aceptación y plena consciencia de ser. Como Humanidad nos abrimos a compartir.

El proceso pasa por decirme «tengo miedo a fracasar» a sentir confianza en mi mismo.

De sentirme no amado y abandonado a estar contento de mi mismo y experimentar satisfacción y libertad de ser quien soy.

Es un proceso, en el que cada pequeño avance es una gran victoria para la Conciencia en expansión y conexión con el Todo… y esto no tiene final…

Somos Naturaleza. Nada en ella perece, sólo se transforma. Y en este proceso pasamos de estar centrados en nosotros mismos a compartir y sentirnos EN los demás.

Se acaba la dualidad de tu/yo, bueno/malo, mejor/peor …

Ahora nos abrimos a ser solidarios con todos los otros que vemos y sentimos como parte de nosotros mismos.

Cooperar, colaborar, participar, todas éstas son actitudes que están ahora presentes en nuestro hacer de cada día, por el bien común de todos los seres vivos y de la Madre Tierra. Y esto se llama Amor Incondicional.

¿Quién eres tú?

No te olvides de ti mismo.

Te pregunto. Porque andas indagando allá afuera, siempre pensando en la próxima pregunta, pero esa necesidad de preguntar que tienes nunca se llega a satisfacer porque ni siquiera sabes quién eres tu mismo así que, todas las respuestas que te llegan sobre esto y aquello caen en saco roto.

¿Queda tu hambre satisfecha con sólo ver comer a los demás o con sólo leer el menú…?

Haz que tu mente vaya al interior. Céntrate en ti mismo desde la respiración consciente. No sirve de nada que la mente vague errante y no consigas pararte sobre ti mismo para preguntarte quién eres, qué quieres hacer contigo … si ya tienes o qué te falta para sentirte bien contigo mismo.

Enfoca la curiosidad de saber en ti mismo.

«Para un Alma eterna cada piedra sirve para construir un altar»

Perdonar

El puente que nos lleva de la Mente al Corazón es el Perdón.

Nos aferramos a emociones no resueltas, que nos hicieron daño. Muchas veces esas situaciones pasadas crean sentimientos de culpa, odio, deseos de venganza o rabia y cargamos con ello toda la vida, limitando nuestra capacidad de ser felices.

Perpetuar el daño, al no sentirse uno capaz de perdonar, nos ata al infractor. Y ese dolor que debía disolverse con el tiempo lo mantenemos vivo y cargamos con él, teniendo consecuencias limitadoras en nuestro presente.

¿El perdón se resuelve desde la toma de una decisión? ¿Se lleva a cabo el perdón desde la voluntad de perdonar?

La intención de perdonar es una acción pensada en primer lugar, por lo tanto resulta incompleta si no se hace también desde el corazón. La mente te engañará una y otra vez, mientras escondes el agravio y el dolor causado.

Muchas veces queremos perdonar, quisiéramos perdonar, pero la rabia o el resentimiento es mucho más fuerte. Queremos convencernos de que hemos perdonado pero el corazón sigue sufriendo en silencio, dolido.

No es fácil perdonar, para eso hay que sanar primero el corazón.

Un discípulo le preguntó a Jesús: «Maestro, cuántas veces tenemos que perdonar«, y él respondió: «70 veces 7«. Perdonar significa liberar a la otras persona y sanar el daño causado.

Entender nuestro dolor desde una perspectiva mayor nos ayudará a reconocer también al otro. Sin juzgar ni condenar, entender las circunstancias del otro se hace necesario. Y es la compasión la que puede convertir el dolor sufrido en piedad, que surge por si sola cuando somos capaces de comprender las imperfecciones y los defectos nuestros y de los demás.

No recurramos a la dureza que supone mantenerse a la defensiva o a la ofensiva. Primero perdonarnos a nosotros mismos para poder liberarnos de toda la carga emocional de dolor y rabia.

Vivir plenamente en el momento presente, ir dejando atrás los sentimientos de culpa. Porque el acto de perdonar no ocurre enteramente, por muy sincero que parezca, sino se hace desde un corazón que ha sanado la herida.

Desdoblamiento de la Conciencia.

Perseveramos en el entrenamiento para la Nueva Conciencia.

Cuando somos capaces de ver nuestro propio cuerpo físico como un simple observador externo, se amplía por si sola nuestra visión sobre quiénes somos realmente y se abre la perspectiva sobre todo lo demás.

El desdoblamiento de la Conciencia nos permite experimentar que tenemos una parte física y otra que es la Conciencia que es la que nos permite vivenciar nuestra realidad multidimensional.

Para todas las personas que ya llevan conmigo tiempo con estas prácticas quisiera hacer una pequeña reflexión en agradecimiento a esta oportunidad de compartir lo que ha sido dictado por el Universo y que nos permite así estar preparadas para dejarnos fluir en la Red de Luz de Amor Incondicional que envuelve la Madre Tierra y a todos los seres vivos. Y así avanzar en nuestro propósito de evolución personal y colectiva.

En este proceso que llevamos tiempo transitando, hemos sido observadoras de nuestras cualidades a desarrollar más allá de lo que creíamos éramos capaces de hacer. Hemos aprendido a permanecer centradas en nuestro corazón espiritual, haciéndonos conscientes cada vez más, de nuestra esencia y espíritu.

Ahora tenemos la experiencia y la certeza de que, la única Fuente de plenitud y Verdad, reside en nuestro interior y a ella nos dirigimos para saciar nuestras necesidades y deshacernos de todo lo que nos condiciona y limita.

El Perdón, la Compasión, el sentimiento de solidaridad, son partículas de nuestra esencia que es el Amor Puro.

Gracias al Universo, a la Gracia divina que nos asiste y a tod@s los que me acompañan …

Me pasó una vez

Me pasó una vez, haciendo poco que había llegado a España como «emigrante retornada», recién cumplidos 14 años y con un fuerte acento cubano, cuando me fui a una entrevista de trabajo, en Barcelona.

Era para ocupar el puesto de telefonista en el periódico El Correo Catalán. Yo nunca había hablado catalán, pero me era familiar porque mi madre, siendo catalana, muchas veces nos hablaba y nos cantaba canciones catalanas.

Total que me entrevista el director, hablándome en catalán, y yo me atreví a contestarle en su idioma. De pronto su comportamiento me pareció muy extraño porque le veo agacharse como buscando algo en un cajón del escritorio. Me daba la impresión de que metía literalmente la cabeza dentro del cajón, haciendo unos ruidos muy raros.

Como cada vez que yo le hablaba -en catalán con mi acento cubano- él metía la cabeza en el cajón, yo estaba muy curiosa de saber qué le pasaba.

Sus ojos estaban llorosos y parecía que le costaba hablar. Finalmente me confesó que hacía mucho tiempo que no se reía tanto y tan a gusto. Me contrató, … algo vería en mi. Osadía dijo.

Mirar y ver

Cuando miras conscientemente entonces ves.

La mayoría de las veces solo miramos. Dirigimos la mirada en una acción física. Nuestros ojos captan sólo lo concreto.

Pero si al mirar además nos damos cuenta de lo que estamos viendo, ahí añadimos una percepción mayor que envuelve los cinco sentidos.

VER implica hacerte consciente de lo que miras.

Al ver me adentro en lo que miro. Soy parte de ello. Soy, me incluyo.

Miro las montañas pero para admirar su belleza y sentirlas tengo que verlas, desde mi corazón. Al verlas las siento vivas. Percibo su grandiosidad, su majestuosidad.

Al VER, mi Conciencia está activa.

Al mirar, mi vista se fija en algo concreto. Normalmente pasamos por alto lo que vemos porque se ha hecho tan evidente y habitual que ya no le prestamos atención…. dejamos de ver.

El VER nos permite descubrir, distinguir, Ver es el sentido de la vista desarrollado que nos llevará a vislumbrar e intuir lo que hay más allá de lo aparente.

Abramos los ojos del corazón.