Las guerras por la paz no existen.

No hay guerra buena o aceptable, no hay guerra válida, justa, razonable, deseable.

Cuidado con los ególatras, los narcisistas, los malvados, que las promueven, que incitan al odio, a la revancha o a alimentar fanatismos.

¿Qué hacer con los dirigentes ególatras que se sienten con derecho a invadir a otros países?

Estar dispuesto a entrar en guerra, supone la posibilidad de perder y morir. Hay que contar con las consecuencias. Dejando a un lado la parte emocional e ideologías idealista, qué acción es más inteligente y sabia. ¿Qué resolución causaría menos daños, menos muertos?

Al final de una guerra, todos los pueblos reconocen que las pérdidas son mayores que las ganancias. Que el horror vivido deja huella para siempre.

¿Cuándo recuperaremos la estabilidad y la razón? ¿Cuándo superaremos de una vez por todas la Era del egoísmo y la codicia?

Cuando el entendimiento y la moderación se hagan eco en los corazones de todos. Cuando no haya más rivalidad y desencuentro en la Tierra y haya Paz y Amor bajo el Cielo,

¡Que brille nuevamente la Luz del entendimiento! Que avancemos como seres humanos.

Somos Unidad.

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