Las auto-imposiciones

Las auto-imposiciones en cuanto cubren el cupo de capacidad de aguante del cuerpo físico, mental y emocional, se desbordan, explosionan o en el peor de los casos se pudren dentro creando tumores …

La necesidad, por miedo a no ser querido o aceptado, de querer aparentar quien no se es por una idea engañosa de mostrarse más simpático, más bondadoso, más inteligente, más servicial…

La auto-imposición de ser BUENO que muchos niños «captan» como condición para ser querido y aceptado … y cómo «eso» es entendido creando unas auto-exigencias y obligaciones excesivas, desmesuradas …

Desmontar estas creencias se hace difícil y doloroso. Se hace imprescindible cuestionarnos, hacer una recapitulación, enfrentarnos a nuestra memoria y sanar al niño interior.

El corazón se resiente ante la decepción. Sufre cuando pone sus expectativas en algo fuera de si mismo. Pierde las esperanzas y la ilusión por la vida cuando se da cuenta de que sus ideales y creencias no estaban a la altura en que él las había colocado.

Por todo ello, debemos revisar nuestros pensamientos y creencias; pulimentarlas. Sólo contar con lo que nosotros mismos somos capaces de hacer. Darnos cuenta de que son los convencimientos ficticios, creados desde suposiciones y miedos carenciales los que nos han llevado a una vida de insatisfacción con nosotros mismos. Por lo tanto, se hace necesario una limpieza de los mismos.

Renovarse constantemente nos trae aire fresco, ideas nuevas y nuevas esperanzas. No tener miedo de preguntarnos «¿cuál es mi realidad?» y a partir de ahí reafirmarnos en quien verdaderamente somos.

Darnos permiso de ser nosotros mismos nos liberará de todo sufrimiento y responsabilidad que no nos pertenece.

La Rabia

mujer-angel-rojosExiste  una rabia penetrante, muy sutil y  corrosiva contra nosotros mismos. Quizás porque nos hemos sentido injustamente tratados y al no haber sabido defendernos -el haber callado- nos hace sentir cobardes y rabiosos.

Reconozcamos que existe en nosotros una rabia dirigida contra nosotros mismos. Y ocurre cuando nos decepcionamos de nuestra actuación que consideramos no ha estado a la altura de nuestras expectativas. «¡Debía de haber …!»

Cuando nuestro YO ha idealizado algo por lo que luego se siente defraudado entonces nace la rabia.  Una esperanza volátil se esfuma  y nos deja en el aire con un sentimiento de fraude y frustración. Le echamos la culpa a otros o a la mala fortuna y en el fondo nos hierve la sangre. Nuestro cerebro comienza a idear razones; porque no hemos estado a la altura, porque hemos sido torpes, porque hemos sido cobardes, poco avispados, …  y nos castigamos sin piedad, no queriendo volver a intentarlo, no queriendo saber nada de más de retos … no queriendo ilusionarnos más … nos desvalorizamos …. otra vez …

Proyectamos nuestros miedos y nuestra rabia en otros. Porque la rabia que no se canaliza correctamente,  engendra violencia, y nos desahogamos enfadándonos  con los demás, con alguien más débil.

La rabia.si no sabemos digerir las emociones o canalizarlas adecuadamente,  nos sale como llamaradas de fuego por los ojos o como bocanadas de fuego por la boca.  Y si la reprimimos nos quema por dentro creando ardores de estómago, tumores, infecciones, inflamaciones …

Si soltamos la rabia de forma abrupta y de forma visceral, estamos creando un carácter irascible y violento, creando conflictos continuamente inclusive con las personas que más queremos, no sabiendo cómo evitarlo.

¿Qué hacer para transformar la rabia?

Primero, recuperar la soberanía de nuestro Ser.  Yo Soy quien soy y me acepto. Y a partir de ahí hago reformas.

Contemplar la RABIA y no apartar la mirada. ¿Qué la crea? ¿En qué momento de mi vida comencé a sentirme mal conmigo mismo? ¿Cuándo, cómo y qué me hizo ceder y dejar de lado mis ideales?

La vida está en continuo movimiento. Cada obstáculo tiene el aliciente de un nuevo desafío para seguir creciendo. No nos quedemos atorados en la rabia, el despecho o el resentimiento.

Tres claves para comenzar una nueva etapa:

  1. Dejar de FINGIR.
  2. RECUPERAR la fuerza y la pasión de SER.
  3. RECONQUISTAR la alegría de SER.