Proceso de transformación

El proceso pasa por un estado de sentirse perdido-incomprendido al estado de aceptación y plena consciencia de ser. Como Humanidad nos abrimos a compartir.

El proceso pasa por decirme «tengo miedo a fracasar» a sentir confianza en mi mismo.

De sentirme no amado y abandonado a estar contento de mi mismo y experimentar satisfacción y libertad de ser quien soy.

Es un proceso, en el que cada pequeño avance es una gran victoria para la Conciencia en expansión y conexión con el Todo… y esto no tiene final…

Somos Naturaleza. Nada en ella perece, sólo se transforma. Y en este proceso pasamos de estar centrados en nosotros mismos a compartir y sentirnos EN los demás.

Se acaba la dualidad de tu/yo, bueno/malo, mejor/peor …

Ahora nos abrimos a ser solidarios con todos los otros que vemos y sentimos como parte de nosotros mismos.

Cooperar, colaborar, participar, todas éstas son actitudes que están ahora presentes en nuestro hacer de cada día, por el bien común de todos los seres vivos y de la Madre Tierra. Y esto se llama Amor Incondicional.

Mentes y emociones enjauladas

Parece que vivimos un retroceso a todos los niveles pero es solo una sacudida de lo inútil y caduco.

La rigidez mental es como una jaula de pájaros. Las hay muy elaboradas y costosas pero siguen enjaulando la capacidad para pensar y discernir.

La rigidez emocional crea un problema parecido; imposición, exigencia y tensión, a falta de flexibilidad y lucidez.

Abramos puertas. Este momento es de transformación. Retirada y contemplación, para poder seguir avanzando. Tomar nueva perspectiva, de nosotros mismos.

Muchos no admiten cambios, de ningún tipo. Seamos tolerantes pero firmes. Seamos pacientes pero íntegros y fuertes.

La transformación está en marcha de manera individual y colectiva.

Todos somos necesarios pero que nadie se crea imprescindible.

Sólo la Unión, desde la solidaridad, hace la Fuerza.

Reparar conflictos

No se nos está pidiendo ir a la guerra sino que nos quedemos en casa. Y ni esa responsabilidad que tenemos para con todos parece que muchos no son capaces, desde su egoísmo, de entender y cumplir.

Parece que a algunos les cuesta tomar conciencia de que los CAMBIOS sociales que todos queremos y vemos que son necesarios, comienzan por hacer una transformación de forma individual, en nosotros, en todos los niveles de nuestro ser.

Sentirnos encarcelados en nuestra propia casa es un síntoma de conflicto con uno mismo que ha llegado la hora de resolver. Hemos evitado enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestras frustraciones, decepciones, infelicidad, mal humor y rabia reprimida, …

Si es así, es hora de aceptar que somos prisioneros pero de nuestros condicionamientos, de nuestros apegos y nuestros miedos.

Las víctimas de la vida son las que están padeciendo esta crisis global de forma traumática, por el desconocimiento de sí mismos y su debilidad mental y emocional.

Estar en paz con uno mismo, bajo cualquier circunstancia exterior, es posible cuando uno se ha trabajado el equilibrio entre la mente y el corazón. Cuando se ha aprendido a trascender y relativizar los problemas sin permitir que se conviertan en sufrimiento. La confianza en uno mismo y la claridad mental se hacen necesarias.

La solidaridad, la gratitud, la templanza y la compasión son valores necesarios de desarrollar en estos momentos.

Buen momento para comenzar a hacer limpieza en casa.

Mis experiencias de vida

De siempre me sentí fascinada y curiosa por conocer el mundo dentro de las cárceles. No sé la razón pero me gustaba leer o ver películas con este tema. Cuando por fin pude entrar como voluntaria en una cárcel sentí que me era un sitio familiar. Pero se necesita tener templanza y autoridad para comunicarte y relacionarte con personas forzosamente tan endurecidas para poder sobrevivir en ese ambiente tan poco humano por un lado y tan sobrecogedor y sensible por otro.

Me formé en La Cruz Roja en «Primeros Auxilios Psicológicos» y «Atención a Mayores» y realicé un voluntariado en la Cárcel de Mujeres de Albolote, donde inicié en REIKI a algunas mujeres y las enseñé algunas herramientas para sobrellevar la vida tan llena de ansiedad que se vive allí dentro.

Fue una experiencia increíble, triste y gratificante a la vez. Frustrante pero de mucho aprendizaje. Imprescindible moverse allí dentro sin juicio y desde la compasión, viendo las miserias humanas y lo que la ignorancia y las bajas pasiones pueden hacer del ser humano.

Frustrante porque el ambiente allí dentro es tan denso .a parte de las drogas que circulan- que resulta muy difícil motivar a esas mujeres más allá de lo más inmediato como puede ser , por ejemplo, conseguir puntos de buena conducta para tener acceso a una llamada telefónica.

Experimenté cómo todo ser es capaz de mostrar su lado más tierno e inocente cuando se le brinda Amor. Pero para ello, en muchas de ellas, tienes que traspasar bastantes capas impermeables de desconfianza y miedo.

Conocí a mujeres fuertemente condicionadas por el entorno de la droga y la marginación en el que han crecido. Mujeres pertenecientes a una misma familia: hija, madre y abuela … como no conocen otra cosa, les parece normal, no hay en ellas deseo o voluntad de superación, porque la sociedad les niega también la integración. Entran y salen de la cárcel varias veces. Ni siquiera hay un sentimiento de resignación sino de acomodamiento en un submundo donde se lucha por cubrir las necesidades y placeres básicos y aceptan de antemano que así será toda su vida.

Aunque dí charlas y formé un grupo donde hacíamos ejercicios de relajación y visualizaciones guiadas, asistí principalmente a cuatro mujeres con las que conecté desde el primer momento y se iniciaron en REIKI. Tenían en común haber sido engañadas para transportar droga y fueron pilladas. Una de ellas, rusa, estaba terminando la carrera de abogacía.

Muchas mujeres estaban allí haciendo un voluntariado, y esta era la parte más conmovedora y esperanzadora; ver que existe la solidaridad y que la humanidad avanza desde el Amor desinteresado e incondicional.

Todos tenemos miedos

mujer-inspiracionTodos tenemos miedos porque los miedos razonables son necesarios: Nos previenen de los peligros y de extralimitarnos. Los miedos ajustan nuestras ansias de riesgo y fantasía.

Pero también puede ocurrir que los miedos invadan nuestra mente de forma obsesiva y dispersen nuestras energías, paralizando o limitando nuestros deseos de avanzar y de conocer nuevas posibilidades.

Existen los miedos infundados que son como fantasmas que dificultan nuestra claridad mental. Miedos creados por una mente débil, por una personalidad insegura, de baja autoestima. Éstos son los ingredientes que sobrealimentan a los miedos de manera tortuosa.

El mundo está lleno de sufrimiento y dolor, y es real. Pero ahora mismo, los medios de comunicación nos están bombardeando con noticias catastróficas que minan nuestra seguridad y claridad mental.  Tenemos que concentrar todas nuestras energías en nosotros mismos de forma positiva y no permitir que nos invadan con ideas e imágenes que limitan nuestra acción y capacidad de cambio.

Es al dispersar nuestra mente cuando nos debilitamos. Las Fuerzas del Mal -que existen y acampan a sus anchas- trabajan para coaccionar nuestra mente desde el miedo: creando inseguridad, haciéndonos creer que «más vale lo viejo conocido que lo nuevo por conocer».

También existen las Fuerzas del Bien ¡sí!. Y son justamente las del AMOR. La SOLIDARIDAD. La COMPASIÓN. La UNIDAD. La CONFIANZA ABSOLUTA EN LA DIVINIDAD.

A esas nos unimos.